Opción: Revista de Ciencias Humanas y Sociales.
Año 39 N° 102 (septiembre - diciembre 2023), pp. 75-91
Universidad del Zulia. Facultad Experimental de Ciencias
ISSN 1012-1587 / ISSNe: 2477-9385
Recibido: 10/05/2023 Aceptado: 10/06/2023
* Lcda. en Educación, mención Historia, Magister Scientiarum en Historia de Venezuela Universidad
del Zulia-LUZ). Candidata a Doctora en Educación de la Universidad Nacional Experimental “Ra-
fael María Baralt” (UNERMB), donde actualmente se desempeña como Profesora Ordinaria Agre-
gada en el área de Ciencias Sociales desde 2008. Ha recibido múltiples reconocimientos, inclu-
yendo la Orden Lago de Maracaibo en su Primera Clase (2023). Miembro de número de Academia
de Historia del estado Zulia Correo electrónico: angelicaa.aseinc@gmail.com. https://orcid.
org/0000-0003-3848-6651
El proceso independentista
venezolano: ¿Proyecto de la elite
criolla caraqueña o revolución
social contra el viejo orden
colonial?
Angélica Marielena Arámbulo Arámbulo*
RESUMEN
El artículo examina las visiones tradicionales de la guerra de independencia venezolana,
proponiendo que este proceso no fue un proyecto uniforme, sino que estuvo impulsado
por una élite criolla caraqueña que buscaba el poder político. Se analiza la independen-
cia como proceso de clases más que un deseo colectivo, mediante la revisión de fuentes
historiográficas y el contraste de diferentes interpretaciones sobre el conflicto. Se con-
cluye que las diversas clases sociales, incluidos pardos, negros y aborígenes, se unieron al
conflicto de manera gradual, lo que transformó la lucha en una guerra civil en lugar de
una simple guerra entre colonos y España. Las particularidades regionales y los intereses
locales llevaron a que algunas provincias, como Maracaibo y Guayana, apoyaran a los
realistas, reflejando las complejidades del proceso independentista.
Palabras clave: Independencia venezolana, Guerra civil, Elite criolla, Clases sociales,
Historiografía.
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The Venezuelan independence process: A
project of the Caracas Creole elite or a social
revolution against the old colonial order?
ABSTRACT
The article examines traditional views of the Venezuelan War of Independence, pro-
posing that this process was not a uniform project but was driven by a Caracas Creole
elite seeking political power. It analyzes independence as a class process rather than a
collective desire, through the review of historiographical sources and contrasting dif-
ferent interpretations of the conflict. It concludes that various social classes, including
pardos, blacks, and indigenous people, gradually joined the conflict, transforming the
struggle into a civil war instead of a simple war between colonists and Spain. Regional
particularities and local interests led some provinces, such as Maracaibo and Guayana,
to support the royalists, reflecting the complexities of the independence process.
Keywords: Venezuelan independence, civil war, Creole elite, social classes, historiography.
INTRODUCCIÓN
La crisis de la ruptura con el viejo orden iniciada en Europa y las revoluciones
que en ese continente se llevaron a cabo para dar paso a lo que se ha denomi-
nado como la modernidad sembraron la semilla que luego se esparciría por los
territorios de las colonias americanas generando una reacción ordenada como
en efecto dominó hacia el cambio del viejo orden colonial. El germen de esa
semilla en América hispana fue sin duda alguna la elite criolla caraqueña, la cual
enterada de la inestabilidad política en la Metrópoli, producto de la invasión
napoleónica y de la abdicación del Rey Fernando VII, se erigió en defensora de
sus derechos copiando las Juntas Supremas creadas en la península, aunque en
sí ese movimiento de cierto carácter autonómico en lo político, no se planteó
el romper con la corona sino desconocer un gobierno francés que para ellos era
considerado ilegítimo, pero en cambio sí representó la coyuntura ideal que la eli-
te quiso aprovechar para reflejar su descontento hacia la política centralizadora
del poder que mantenía España desde el último cuarto del siglo XVIII con la
aplicación de las reformas borbónicas en estos territorios.
En la medida que se profundizaba y vigorizaba la política colonial borbó-
nica en Venezuela, se asistía a un inevitable replanteamiento del papel que
debía jugar la élite caraqueña en el conjunto de la sociedad, pues, a través
de las actuaciones de los distintos funcionarios coloniales tales como:
acrecentamiento de los impuestos, intervención en las esferas del comer-
cio colonial, reducción de las autonomías de los Cabildos, quebranto de
la altivez de los criollos, etc., se atacaron los elementos sobre los cuales la
élite criolla fundamentaba y sustentaba su poder, razón por la cual protes-
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taban y se producían inevitablemente los conflictos que conllevaron a la
pérdida parcial de antiguos privilegios y autoridad local, comprendiendo
esta élite criolla finalmente que la única manera de mantenerlos era pro-
moviendo la independencia (Meza, 1991: 131).
El problema del estudio del proceso independentista en Venezuela, es que se
ha dado una versión muy nacionalista por parte de la historiografía tradicional
oficial, la cual ha insistido en explicar la independencia como un proceso unifor-
me y un proyecto compartido por toda la masa societaria de la colonia, cuando
es bien sabido que fue un proyecto concreto de los criollos del centro y no una
revolución de la población toda en la que participaron los blancos, los pardos,
los negros y los nativos sin distinciones de ningún tipo y sin ningún conflicto
entre ellos.
El proyecto independentista nació con un fin muy específico: la intención de
hacerse del control político y económico por parte de la elite criolla mantuana y
no como un proyecto para instaurar la igualdad social; es desde esta perspectiva
que lo debemos estudiar para poder explicarnos por qué adquirió distintos rit-
mos y desencadenó distintas reacciones tanto a favor como en contra en el seno
de los diversos sectores coloniales a nivel regional y local
Las revoluciones independentistas hispanoamericanas en sí adquirieron ca-
racteres propios en función de la realidad que envolvía a cada una de las colonias,
pero todas fueron impulsadas por la crisis que la corona española atravesaba en
cuanto al ejercicio de su propia soberanía en los territorios peninsulares, aunado
al hecho de variables bien puntuales relacionadas a la política borbónica aplica-
da en los territorios coloniales que crearon descontento en el sector terratenien-
te representado por los criollos y acentuaron los conflictos de clases entre los
blancos peninsulares, los blancos criollos y los pardos, principalmente.
Conflicto de clases que se avivó con la política metropolitana que asignaba
los altos cargos gubernamentales a los blancos peninsulares en detrimento de los
criollos a quienes sólo se les otorgó una pequeña cuota de poder con sus parti-
cipaciones en los cabildos o ayuntamientos, lo que creó una gran rivalidad entre
estos sectores y resquemores que se afianzaron en el criollo que ya establecía las
diferencias entre los americanos y los peninsulares y se creía en derecho de ejer-
cer el poder político en sus tierras.
Durante la primera mitad del siglo XVIII a los criollos se les permitió com-
prar cargos, y en la década de 1760 la mayoría de los jueces de las audien-
cias de Lima, Santiago y México eran criollos, vinculados a la élite local por
el parentesco o los intereses. Se produjo entonces una reacción española: la
metrópoli empezó a reafirmar su autoridad, a reducir la participación crio-
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lla en el gobierno y a romper los vínculos entre los burócratas y las familias
locales. Los nombramientos para cargos superiores en la Iglesia, la admi-
nistración y el ejército volvieron a ser para los europeos en un esfuerzo por
desamericanizar el gobierno de América (Lynch, 2001: 23 – 24).
En este sentido. este artículo busca reexaminar las narrativas tradicionales sobre
la independencia venezolana, cuestionando la visión historiográfica oficial que la
presenta como un proceso uniforme y consensuado. ¿Fue el proceso independen-
tista venezolano una revolución social o un proyecto elitista? En un intento por
responder a esta interrogante, el objetivo principal es argumentar que la indepen-
dencia fue, en realidad, un proyecto específico impulsado por la élite criolla cara-
queña en respuesta a las políticas borbónicas restrictivas, más que un movimiento
revolucionario inclusivo. A través del análisis de las dinámicas de clase y las tensio-
nes regionales, el estudio pretende reflexionar sobre cómo el proceso independen-
tista se transformó gradualmente en una guerra civil compleja, donde diferentes
grupos sociales y regiones asumieron posturas diversas, algunas incluso favorables
al realismo, como en los casos de Maracaibo y Guayana.
1. EN TORNO A AL REVISIONISMO HISTORIOGRÁFICO
El estudio del proceso independentista venezolano ha sido abordado desde
perspectivas historiográficas divergentes, lo que ha generado un debate signifi-
cativo entre narrativas nacionalistas y enfoques críticos. La visión tradicional, in-
fluenciada por el discurso nacionalista, presenta la independencia como una gesta
heroica y homogénea liderada por un pueblo unido contra la opresión colonial.
Este discurso nacionalista, en el caso venezolano, se conjuga y combina con el
denominado “bolivarianismo”, que es la exaltación de la figura de Simón Bolívar
como el Libertador y “Padre de la patria”, en donde el resto de los republicanos, de-
nominados “patriotas”, forman una suerte de panteón de héroes que propiciaron la
sociogénesis de la nación venezolana. Obras como Venezuela Heroica1, de Eduardo
Blanco (1983), marcarían el estilo epopéyico de la narrativa independentista que
sería una norma, particularmente en la enseñanza de la historia de Venezuela.
Los trabajos historiográficos posteriores, ya con un carácter más marcada-
mente científico, como el de Vallenilla Lanz2 (1919) marcan un alejamiento de
1 Venezuela Heroica, publicada por Eduardo Blanco en 1881, retrata las batallas cruciales de la inde-
pendencia venezolana. La primera edición incluye cinco relatos sobre las batallas de La Victoria,
San Mateo, Las Queseras del Medio, Boyacá y Carabobo. En la segunda edición se añaden seis
más. Este texto destaca por su estilo romántico, donde el autor exalta las hazañas de los héroes y
su lucha por la libertad, utilizando recursos líricos que intensifican la épica de los eventos narra-
dos. Para efectos de este artículo, se utilizó la edición de la Biblioteca Cecilio Acosta, de 1944.
2 Cesarismo Democrático, escrito por Laureano Vallenilla Lanz en 1919, analiza la guerra de indepen-
dencia de Venezuela como una guerra civil impulsada por diferencias de clase y raza. Lanz propone la
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esa visión epopéyica de la lucha entre patriotas y realistas. El autor señala que la
guerra de independencia fue de carácter civil, en tanto que la gran mayoría de
beligerantes eran nacidos en territorio venezolano, en una lucha de clases por
el dominio de la sociedad, particularmente entre los blancos criollos y pardos,
estos últimos en resistencia hacia el dominio mantuano, por lo que prefirieron
—por un buen período de tiempo— mantenerse leales a la corona española.
Guerra (1999) cuestiona esta narrativa nacionalista al destacar que la inde-
pendencia fue, en gran medida, un resultado de la crisis de la Monarquía Hispá-
nica, caracterizada por tensiones internas y conflictos regionales que desdibujan
la idea de una nación unificada luchando por su libertad. Según el autor, las re-
voluciones hispanoamericanas deben entenderse como procesos multifacéticos
impulsados por dinámicas locales y regionales, más que como movimientos na-
cionales cohesivos.
Lynch (2001) complementa este análisis al señalar que el conflicto venezola-
no no fue únicamente una guerra contra España, sino una guerra civil comple-
ja en la que la fragmentación social y las diferencias de clase jugaron un papel
crucial. Lynch subraya cómo las políticas borbónicas exacerbaron las tensiones
entre criollos, peninsulares y sectores populares, como pardos y negros. Estas
tensiones llevaron a que algunos grupos apoyaran la causa realista, no por lealtad
a la corona, sino como una forma de resistencia al dominio criollo. Este enfoque
destaca cómo las élites regionales y locales moldearon el proceso de indepen-
dencia en función de sus intereses específicos, desafiando la narrativa oficial que
idealiza la lucha como un esfuerzo colectivo.
El contraste entre las perspectivas nacionalistas y críticas es evidente al ana-
lizar el papel de la élite criolla en el liderazgo del movimiento independentista.
Mientras que la narrativa oficial idealiza a los líderes patriotas como defensores
de la igualdad y la libertad, Guerra (1999) sostiene que la independencia no fue
una revolución social inclusiva, sino un proceso político liderado por las élites
caraqueñas para recuperar privilegios perdidos debido a las reformas borbóni-
cas. Este análisis explica cómo las provincias leales a la corona, como Maracaibo
y Guayana, actuaron en función de sus intereses económicos y políticos, refle-
jando la diversidad de posturas en el conflicto.
El análisis historiográfico también revela cómo la construcción de una narrati-
va nacionalista fue utilizada como herramienta política. Guerra (1999) argumenta
que las historias patrias escritas en el siglo XIX buscaron homogeneizar el relato
teoría del “gendarme necesario”, sugiriendo que una autoridad caudillista es esencial para controlar
una sociedad anárquica y mestiza. Su obra justifica dictaduras, influyendo en regímenes como el de
Gómez y Pérez Jiménez, y refleja el contexto de crisis y búsqueda de orden en la Venezuela del siglo XX.
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de la independencia para legitimar los proyectos políticos de las élites dominantes.
Este uso político de la historia contrasta con la evidencia documental, que muestra
que la lucha por la independencia estuvo marcada por una fragmentación territo-
rial y social. Retomar estas perspectivas críticas permite desmitificar la narrativa
oficial y comprender la independencia venezolana como un proceso complejo, di-
námico y profundamente influenciado por las estructuras coloniales.
2. REFORMAS BORBÓNICAS: DE REFORMA TERRITORIAL A
GERMEN A PARTIR DE NUEVAS DINÁMICA SOCIALES
Ese esfuerzo hecho por la metrópoli para retomar las riendas de sus territorios
americanos, representó para los criollos una amenaza a sus intereses y un despla-
zamiento de las esferas de poder a las cuales ya se le había permitido acceder y
que nuevamente se le negaban, en un intento de volver a conquistar a América
La segunda conquista de América se vio reforzada por las continuas olea-
das de inmigración procedentes de la península, cuando burócratas y
comerciantes llegaron en tropel en busca de un nuevo mundo, digno de
los españoles, donde continuaban siendo preferidos en la alta administra-
ción, y donde el comercio libre favorecía a los monopolistas peninsula-
res. El decreto de 1778 fue la señal de una inmigración renovada y de un
nuevo proceso de control…Durante el período de 1780 – 1790 el nivel
de inmigración desde España a América fue cinco veces más alto que en
1710 – 1730” (Lynch, 2001: 22 – 23).
Las nuevas oleadas de españoles promovidas con la política borbónica crea-
ron un conflicto de clases por la competencia que el peninsular y el criollo esta-
blecieron para acceder a los cargos administrativos equivalentes al ejercicio del
poder político en las colonias, tan ambicionado por los criollos que veían en los
peninsulares a los usurpadores de sus derechos como americanos. Además, la
disminución de la participación criolla en los cabildos y ayuntamientos, su prin-
cipal palestra política, desde la cual ejercía control de la ciudad y la instauración
de las gracias al sacar por medio de las cuales los pardos podían gozar de los pri-
vilegios que tradicionalmente habían sido de exclusividad para los peninsulares
y los criollos terminaron por detonar la estabilidad del orden colonial.
La emanación de la Real Cédula de Gracias al Sacar3 significó para los crio-
llos la pérdida de su estatus social al permitir el ascenso a los pardos conside-
3 Según Lynch (2001: 26), “Se permitió a los pardos ingresar en la milicia, lo que les dio acceso a fueros,
prestigio y riqueza en una medida de la que muchos blancos no gozaban. También podían comprar
la blancura legal mediante la adquisición de cédulas de gracias al sacar. Por una ley del 10 de febrero
de 1795 se ofreció dispensa de la condición social de pardo previo pago de la suma de 1500 reales de
vellón, que en 1801 fue rebajada a 700 reales. A los solicitantes afortunados se les autorizaba a recibir
educación, casarse con personas de raza blanca, ocupar cargos públicos y ordenarse sacerdote”
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rados por ellos gente de color descendiente de esclavos con un origen no muy
claro ni prestigioso, y por otro lado se constituyó en una amenaza para seguir
manteniendo el statu quo en las colonias4, lo que generó en el caso de Venezue-
la reacciones fervorosas en su contra y que se dejaron sentir desde los cabildos
El cabildo de Caracas se opuso fuertemente a dar el pase a la real cédula,
alegando los grandes daños que originaría su sola publicación, y en varias
representaciones expuso ante el Rey las razones que tenía para impetrar
su modificación.
Igual cosa hizo el Cabildo de Maracaibo, negándose a publicar por ban-
do el Real Arancel, por considerar que produciría hondos trastornos
en el orden social y un peligro inminente para la paz pública (vallenilla
Lanz,1983:184).
Sin duda alguna los conflictos derivados de las diferencias marcadas que en
cuanto a origen racial se establecieron en la sociedad colonial, junto a la crisis
política española de 1808, a la implantación por los reyes Borbones de un severo
control en las colonias y a las influencias de ideas y movimientos revoluciona-
rios externos, resquebrajaron las bases del ordenamiento colonial dando curso a
la emancipación de Hispanoamérica pero a un alto costo derivado de cruentas
guerras civiles, como es el caso de la guerra de independencia venezolana.
El carácter de guerra civil que adquirió el proceso de independencia se expli-
ca en que fue principalmente un enfrentamiento entre bandos que compartían
una misma territorialidad y una misma identidad, aunque existieran diferencias
sociales entre ellos.
Las revoluciones hispanoamericanas no perseguían en sus principios la bús-
queda de una emancipación nacional ni mucho menos fueron un acto de na-
cionalismo, como han querido connotar las historias patrias, escritas bajo los
lineamientos del poder y utilizadas como un instrumento de homogenización y
afianzamiento de los distintos proyectos políticos, surgidos a la par del proceso
independentista. No puede plantearse la existencia de unas hipotéticas nacio-
nalidades cuando no eran una realidad dentro del imaginario colectivo, que se
sentía parte de España. Para el americano, por ejemplo, tan sólo lo diferenciaba
del peninsular el haber nacido en América, por lo que es evidente que lo que sí
existía era una nacionalidad hispánica
4 Lynch (2001: 28) refiere que “…los criollos perdieron confianza en el gobierno borbónico y empe-
zaron a dudar de que España quisiera defenderlos. Su dilema era real. Estaban atrapados entre el
gobierno imperial y las masas populares. El gobierno les consentía privilegios pero no el poder de
defenderse; las masas que se resentían ante los privilegios podían intentar destruirlos…Entonces
tuvieron que aprovechar la oportunidad de obtener la independencia, no sólo para arrebatarle el
poder a España, sino, sobre todo, para impedir que los pardos se hicieran con él”
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Es en la óptica de la implosión de un conjunto político multicomunitario
– del que el XX nos ofrece otros ejemplos – que hay que considerar la
Independencia de la América Hispánica. Hay pues que tener en cuenta
primero la estructura política de la antigua Monarquía hispánica y las mo-
dificaciones que experimentó bajo los Borbones, analizar los diferentes
tipos de identidades políticas que existían en ella a finales del siglo XVIII;
estudiar después, sin prejuicios teleológicos, esa crisis política inédita que
comienza en 1808, y que va a desquiciar las relaciones entre los dos lados
del Atlántico” (Guerra, 1999:47).
La historiografía oficial venezolana ha querido hacer del proceso de inde-
pendencia la gesta en la que homogéneamente un pueblo se levantó contra su
opresora, España, siguiendo los ideales de la libertad, la igualdad y fraternidad,
cuando la documentación escrita en la época deja bien claro que en el proceso
de independencia participaron diversos sectores a ritmos muy disímiles deter-
minados por sus propios intereses, con posiciones a favor o en contra según las
circunstancias dadas.
Partiendo del 19 de abril de 1810 como la fecha en la que se reveló Caracas
a favor de la independencia se ha creado todo un discurso nacionalista que con-
tradice la realidad de la época, ya que en la sociedad colonial no existía una con-
ciencia de nación o patria que no estuviera vinculada a sus espacios más propios,
las regiones y localidades, o en su defecto a la metrópoli española. Situación que
se explica si se toma en cuenta que los territorios que conformaron la Capitanía
General de Venezuela en 1777 mantenían pocas relaciones entre sí debido a las
dificultades geográficas y fueron formándose con rasgos autonómicos muy dis-
tintivos debido a la poca autoridad que las leyes otorgaron al capitán general y
a los gobernadores provinciales; lo que de alguna manera determinó la posición
que cada espacio asumió frente al proyecto propuesto por la elite caraqueña.
Un proyecto que en principio no fue más que un movimiento en defensa de
la propia hispanidad que se vio amenazada en la metrópoli por la invasión fran-
cesa y las abdicaciones de Bayona en contra de la soberanía española pero que
al compás de las circunstancias dadas se transformó en la coyuntura que la elite
criolla esperaba para hacerse del ejercicio de poder aprovechando la desestabili-
dad política que reinaba en la provincia, derivando en una guerra civil motivada
por los esfuerzos metropolitanos de recuperar el control en los territorios vene-
zolanos sumados al proyecto caraqueño. Guayana, Maracaibo y Coro sirvieron
como bases de operación para la arremetida en contra de los alzados, recordemos
que estas se negaron a reconocer la autoridad caraqueña
Guayana, escasamente poblada y sin más que unas comunicaciones muy
tenues con Caracas, optó por reconocer la regencia de Cádiz. Maracaibo,
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cuyos mercaderes llevaban mucho tiempo compitiendo con Caracas por
el comercio del chocolate con México y por otras ventajas comerciales,
y cuyos líderes veían pocos motivos para secundar a sus adversarios ca-
raqueños, se opusieron firmemente a la junta y persistieron en su lealtad
incondicional a España. Coro, sede del primer gobierno español en Ve-
nezuela en el siglo XVI, se opuso de modo especial a las pretensiones de
Caracas, alegando que si era necesaria una junta coordinadora para Ve-
nezuela, la lógica exigía que estuviese en la más antigua de sus ciudades
administrativas, es decir, en Coro (Lombardi, 1985: 139).
3. JOSÉ DOMINGO DÍAZ O EL TEMOR AL CAOS ANTE INTERESES
DESENFRENADOS
En el seno de la propia elite criolla caraqueña existían posiciones encontradas en
cuanto al desconocimiento o no de la autoridad peninsular, lo que contribuyó a que
los enfrentamientos armados adquirieran la connotación de guerra civil5: Entre los
criollos que se mantuvieron firmes a la causa metropolitana figuró José Domingo
Díaz, médico, cronista e historiador nacido en Caracas el 3 de agosto de 1772
Entre 1810 y 1811 redactó junto con Miguel José Sanz, el Semanario de
Caracas, el periódico político-literario más importante de aquella época.
Tras el triunfo de Domingo de Monteverde ante las fuerzas patriotas en
1812, fue nombrado por éste como inspector de los hospitales de Caracas y
director de la Gaceta de Caracas. Con la llegada de Simón Bolívar (1813),
tuvo que abandonar el país y refugiarse en Curazao, donde escribió varios
artículos contra la causa republicana. En 1814 regresó a Venezuela, y al
año siguiente se encargó de nuevo de la redacción de la Gaceta de Caracas.
Durante el período que estuvo al frente de la dirección de dicho periódi-
co (1815-1821), manifestó sus ideas contrarias a la causa independentista.
En 1814 fue nombrado secretario de Gobierno y en 1816 recibió la orden
Caballero de Isabel la Católica por sus servicios a la causa relista. También
fue secretario particular del general Pablo Morillo en Venezuela; durante
el ejercicio de esta función, le fueron encomendados papeles y documen-
tos provenientes del Libertador, decomisados por los realistas en algunas
acciones; estos documentos fueron quemados al huir Díaz a Puerto Rico,
ante la aproximación de José Francisco Bermúdez en 1821. Encontrándose
en dicha isla, desempeñó algunos cargos políticos del Gobierno español:
intendente de la Real Hacienda y protector de la Sociedad Amigos del País.
Luego se trasladó a España, coincidiendo su llegada con el reconocimiento
5 “Se designa con este nombre el rompimiento de paz entre dos grupos de ciudadanos de un mismo
país, conflicto que sólo puede resolverse por medio de las armas. En las guerras civiles no se apli-
can las normas de carácter internacional que protegen a los beligerantes, y cada uno de los grupos
combatientes trata al otro como rebelde. Al haber dos poderes, cada uno de los cuales titúlase legal,
éstos chocan no sólo en el campo de batalla, sino en las retaguardias” (Cabanellas, 1974, 275)
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de la independencia de Venezuela por parte de la nación ibérica. En Cádiz
fue acusado por la prensa de “enemigo público de la constitución (Rodrí-
guez, 2002 en www.venezuelatuya.com, 21/09/05; 10: 24 am).
Este personaje de la elite criolla caraqueña analizó de forma muy crítica el
panorama político de Venezuela y las posiciones asumidas por los bandos en
conflicto, que no fueron dos únicamente (peninsulares y criollos) sino la so-
ciedad en su totalidad; los sectores que siempre habían sido oprimidos por las
elites blancas se sumaron al conflicto dependiendo de los beneficios ofrecidos a
su favor por los blancos. Refiere al respecto en una comunicación enviada a Su
Majestad el rey Borbón Fernando VII, en Madrid el 28 de enero de 1821, luego
que ya la cusa independentista está prácticamente ganada en Venezuela
El populacho de Venezuela compuesto de algunos blancos viciosos y des-
preciables y de la mayor parte de los pardos, indios, sambos y negros, ni
tiene opinión alguna, ni sigue decididamente un partido por inclinación,
convencimiento ó virtud. Toma aquel que le proporciona mas licencia y
medios del pillage y de la satisfacción de sus mas vergonzosas pasiones, y
le abandona tan pronto como desaparecen sus esperanzas. Los mismos
que en 1813, y 14,, fueron valientes españoles en la Puerta, Urica y Ma-
turín bajo las banderas de Boves, fueron tambien después los que forma-
ron la célebre caballeria del disidente Paez (Archivo General de Indias, en
adelante A.G.I.; Año: 1820; Folio: 8)
El conflicto civil en Venezuela estuvo determinado por las grandes diferen-
cias sociales establecidas durante la colonia que de alguna manera implosiona-
ron a raíz de la ruptura con la autoridad española, lo que generó un alto nivel de
violencia entre las masas y conllevó a desencadenar los distintos escenarios del
proceso independentista.
La vida de la primera república criolla derivada de la formación de la Junta
Conservadora de los derechos de Fernando VII y confirmada con la declaración
de la independencia el 5 de julio de 1811 fue corta como también lo fue la de su
constitución de corte federal, la cual agudizó el descontento de los pardos y el
resto de las masas desposeídas hacia los criollos, ya que a pesar de establecer los
principios de la igualdad y la libertad en la práctica siguió manteniendo el or-
den ya establecido al excluir de los derechos como votantes a los que no poseían
ninguna propiedad y al mantener la institución de la esclavitud, aunque con la
novedad de prohibir la trata de esclavos.
Dicho descontento fue aprovechado por los realistas los cuales al mando del
capitán Domingo Monteverde penetraron desde Coro con refuerzos llegados
de Puerto Rico reconquistando el occidente del país, ni Miranda nombrado co-
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El proceso independentista venezolano
mandante en jefe con poderes dictatoriales por los republicanos pudo frenar la
arremetida española a la cual se unió Boves en los llanos. En mayo Monteverde
llegó a Valencia con sus tropas y a principios del mes de julio Bolívar fue vencido
en Puerto Cabello, finalmente Miranda capituló ante Monteverde el 25 de julio
de 1812 y entró triunfante en Caracas con su ejército conquistador. Miranda fue
arrestado en La Guaira por los mismos patriotas y dejado a merced de las autori-
dades españolas hasta su muerte.
A su llegada a Caracas Monteverde se dedicó a la persecución de todo aquel
que de algún modo estuviera vinculado a la causa republicana o fuera sospechoso
de ello, con lo que agravó mucho más la situación de la guerra. José Domingo Díaz
a pesar de su posición realista en la comunicación ya citada planteó al Rey que
Por desgracia Don Domingo de Monteverde, valiente soldado y buen
español, no era el hombre que podía dar la calma a un pueblo turbado.
Estaba muy distante de llevar al cabo la obra más delicada para grandes
cabezas, por sus ningunos conocimientos del hombre y de los gobiernos:
por su ignorancia en el verdadero cuido y causas de aquella revolución,
y en el carácter y circunstancias de las personas y familias; y en fin por la
misma sinceridad, austeridad y extrañeza de mi conducta y costumbres.
El vió exaltarse el partido de los isleños de Canarias, de donde es natural
y no pudo o no creyó conveniente reprimirlo. Esta exaltación fue propor-
cional a su carácter y maneras, y una grosera prisión universal de cuantos
compatriotas nos habían tomado directa ó indirecta, voluntaria o invo-
luntariamente partido en la época anterior, fue sumida en las bóbedas de
La Guaria y Puertocabello, en donde muchos espiraron después de sufri-
mientos inauditos (A.G.I.; Año: 1820; Folio: 15).
Es menester señalar que no todos los realistas o republicanos llevaron a nive-
les tan radicales el conflicto hubo quienes mantuvieron firmes sus ideas a favor
o en contra de la independencia pero al margen de las medidas que a nivel de
los ejércitos armados, de las guerrilas y revueltas de pardos y negros se tomaron
y que acarrearon un sin fin de muertes civiles atroces que muchas de las veces
fueron el producto de la rapiña y de la necesidad de aprovisionamiento de los
bandos o del exacerbado revanchismo contra los partidiarios del enemigo
En 1813 los republicanos iniciaron sus intentos de recuperar el poder, desde
Oriente los generales Mariño, Bermúdez y Piar actuaron a favor de la causa y
desde Cúcuta en la Nueva Granada, Bolívar avanzó con sus tropas hacia Cara-
cas atravesando los Andes venezolanos en lo que la historiografía tradicional ha
denominado la Campaña Admirable. Durante esta nueva arremetida patriota
se decretó en Trujillo la guerra a muerte a los españoles y canarios, con lo que
Bolívar dio pie a un recrudecimiento de la contienda civil que se tornó mucho
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más violenta y cobró un mayor número de muertes. Como bien lo señaló José
Domingo Díaz a Su Majestad
Este año de sobresaltos, estravios y disgustos fue terminado por la ocupa-
ción de la capital hecha por Simón Bolívar el 5 de agosto de 1813. Queda-
ron con ellas libres muchos centenares de los presos que respirando vengan-
za y siguiendo los impulsos mas activos de su pasiones, hicieron una mas
cruel y violenta aquella reacción, es executando en la campaña la mas horri-
ble y escandalosa guerra a muerte y sacrificando en los pueblos por los mo-
dos más horribles, crueles é inauditos á millares de españoles europeos, aun
aquellos que por muchos años habían sido el honor y la gloria de nuestra
patria. ¡Reacción horrible cuya memoria solo servirá para conocer hasta que
punto pueden llegar la perversidad del corazón humano, la exaltación de las
pasiones injustas, el frenesí revolucionario” (A.G.I.; Año: 1820; Folio: 15)
Los dos bandos aplicaron los mecanismos más violentos en contra de sus
detractores, lo que contraría la posición idealista asumida por la historiografía
tradicional venezolana que nos presenta a los realistas como los crueles, los san-
guinarios explotadores de las masas, cuando los criollos alistados en el ejército
patriota ejecutaron acciones igual o más crueles muchas veces sin hacer distin-
ción entre sus víctimas.
4. EL CONFLICTO DE INTERESES Y EL CAOS
La guerra de independencia no debe seguir siendo estudiada como una guerra
entre dos bandos bien definidos en la cual hubo un opresor (España) y un oprimido
(Venezuela) que se reveló ante él, fue más bien una guerra de guerrillas con diversos
actores que en sí defendían sus propios intereses. España, luchaba con sus ejércitos
por mantener el control en sus colonias, los criollos estaban movidos por su deseo
de perpetuarse en el poder como elite dominante y los pardos, negros, mestizos y
aborígenes perseguían como fin primordial la tan deseada libertad e igualdad social.
Hacia 1814 la república vuelve a caer en manos de los realistas esta vez con-
ducidos por Boves6, quien con su ejército de llaneros descontentos por las “Or-
denanzas de llanos” decretadas en 1811 en las cuales se prohibía violar la pro-
piedad privada y se obligaba a los llaneros libres registrarse y establecerse en las
6 “En la historiografía de la independencia venezolana José Tomás Boves aparece como arquetipo
del <<malo>> monárquico, un caudillo que se distinguía del resto de los combatientes por su escasa
moralidad y por un carácter despiadado que le hacía dar muerte a inocentes y enemigos por igual.
Ciertamente, Boves demostró ser un enemigo implacable, dispuesto a confiscar y saquear cualquier
cosa de valor que encontrara a mano. Pero su reputación de hombre sediento de sangre parece muy
exagerada. Los patriotas utilizaban sus métodos con el mismo entusiasmo con que, a su vez, trataban
de reconquistar Caracas. Todos los participantes de esta destructiva guerra civil creían necesario matar
saquear, robar e incendiar con el fin de sobrevivir y poder luchar un día más. “ (Lombardi, 1985: 155)
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haciendas a merced del patrón (Lynch, 2001:203) hizo huir por miedo a sus
medidas atroces de matanzas y pillaje a los patriotas de Caracas hacia Barcelona
al conocerse de su cercanía a la capital
A finales de ese mismo año la situación política en la península se equilibró
con la vuelta al trono de Fernando VII, el cual tomó las medidas para recon-
quistar a América y reconstruir el imperio español enviando para ello a Pablo
Morillo a la cabeza del ejército expedicionario
En 1816 el panorama parecía estar controlado por los españoles pero el ejér-
cito republicano fue acumulando pequeñas victorias a su favor que le dieron
fuerza moral y Bolívar en el exilio organizó desde Haití una expedición a la costa
central de Venezuela para atacar Caracas y sus periferias, desembarcó en Ocu-
mare pero en su intento fracasó por la poca receptividad de sus pobladores a la
causa y la rápida actuación de los realistas. Pero a pesar de esta derrota, los llanos
y el oriente poco a poco eran controlados por los jefes patriotas. Páez se había
convertido en un foco de desequilibrio en el orden monárquico.
Con la toma de Guayana por parte de Bolívar se terminó de consolidar el
triunfo republicano, se promovió el Congreso de Angostura, se creó el Correo
del Orinoco para promocionar la causa independentista y quedó instaurada la
Tercera República, con esta base de operaciones a los patriotas les fue mucho
más fácil vencer al enemigo en Boyacá y Bogotá y concretar la unión de Venezue-
la, Nueva Granada y Ecuador en la República de Colombia.
Para los realistas como José Domingo Díaz las causas de las derrotas sufridas
por el ejército español radicaban no en su poca fortaleza bélica sino en su falta
de recursos y en su poca aclimatación al medio
Tantas y tan penosas campañas, la insalubridad de los climas, las continuas
privaciones y miserias, las enfermedades y otras causas de igual naturaleza
disminuian asombrosamente un exército, y era preciso reemplazarlo con
americanos, ó por mejor decir con las castas. Esta operacion indispensable
atacaba á la agricultura y á las artes de necesidad, cuyo brazo las quitaba y lo
que es peor no habiendo los medios suficientes para pagar debidamente a
unos hombres que se arrancaban de las respectivas comodidades de sus ca-
sas hacerse desertores y bandoleros en lugar de soldados. Pero no habia otro
medio que elegir entre hacer soldados de las castas o abandonar a Venezue-
la. Asi: ella no podia adquirir incremento alguno á pesar de aquella tranqui-
lidad que nacia de la presencia de la guerra (A.G.I.; Año: 1820; Folio: 18).
Lo cierto es que a pesar de la firma del tratado de regularización de la guerra
en Trujillo por parte de Bolívar y Morillo en 1820, el conflicto civil en Venezuela
no se vió opacado hasta 1821, año en el que la Batalla de Carabobo y la posterior
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caída de Cartagena en manos del ejército patriota sellaron la independencia de
gran parte del territorio de la Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de
Nueva Granada. Al respecto comenta José Domingo Díaz, inmortalizando la
visión del vencido
… la fortuna iba á abandonar en otra parte al partido español de Venezuela.
Ella habia ya escrito en su libro inmortal que la llanura de Carabobo tan
funesta para nosotros en 1813,, y 1814,, habia de serlo tambien en 1821.
nuestro exército esperó allí al enemigo, y el 24,, de junio contra las espe-
ranzas y debidos cálculos de toda la Costafirme española, y aun de los mis-
mos disidentes fué enteramente disuelto á pesar de los esfuerzos del Genela
engefe, que en tan críticos momentos hizo siempre las veces de General,
comandante, capitan y soldado, cargando á la cabeza de los batallones que
entraron en combate, y viendo con desesperación que ochenta caballos ene-
migos hicieron huir en los instantes mas precisos á 1300,, caballos nuestros
á toda aquella célebre caballeria de la vanguardia, tan predilecta, y distingui-
da por todos. Esta fuga incomprensible, inesperada y misteriosa, escusada
por cuerpos tan acreditados y de la cual solo se exceptuaron los pequeños
escuadrones de guías y dragones leales, traxo la pérdida de mi patria que ya
vió abierto por todas partes su acceso al afortunado vencedor.
Los cuerpos de infantería del exército se dispersaron entónces, y el primer
batallon de Valencia emprendió su retirada hácia la ciudad de Valencia y
Puertocabello, burlándose de todo el exército enemigo que le cargó sin
cesar, y causándole una pérdida considerable. El entró en Puertocabello el
25,, y sucesivamente un asombroso número de dispersos, cuya vista exci-
taba un contraste singular comparando aquellos soldados destrozados y
exánimes con los que miramos arribar á nuestras costas en mayo de 1815
(A.G.I.; Año: 1820; Folio: 12).
Bolívar supo aprovechar la posición estratégica de Guayana para consolidar
su éxito en el norte y entrar a Caracas triunfante. Hacia 1823, Maracaibo, último
bastión leal a la corona española en el territorio venezolano queda independi-
zada y con ello se concretó el triunfo de la causa republicana, pero a un enorme
costo de vidas civiles y de pérdidas económicas funestas que dejaron desolados
los campos e inhabilitados grandes sectores del territorio venezolano que antes
habían sido fructuosos productores económicos
La vida republicana a pesar del triunfo independentista tuvo que enfrentar
nuevas contradicciones derivadas de la tradición autonómica de las provincias
sumadas al territorio colombiano, de los conflictos sociales arrastrados del viejo
orden colonial y de las pretensiones de poder de los caudillos independentistas,
lo que poco a poco fue minando la vida de la República y derivó en su fragmen-
tación. Ya para 1826 Venezuela queda en la práctica separada de Colombia y
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en 1830 se instaura como república independiente al mando de José Antonio
Páez, el mismo que había sido el dolor de cabeza para los realistas en los llanos se
convirtió posteriormente en el talón de Aquiles del proyecto Bolivariano y en el
conductor de la vida política venezolana en los lustros posteriores.
Como bien lo predijo José Domingo Díaz en su comunicación enviada al
Rey Fernando VII:
Estoy persuadido de que Bolivar lo esta su ruina, si habiendo llegado ya
el tiempo señalado, no cumple las inconsideradas promesas que le dicta-
ron las circunstancias y su imprevisión. No importa que haya procurado
sacrificar, en lo mas peligroso de los combates á 8000 soldados extranjeros
á quienes llamó a sus banderas con ofrecimientos enormes, en las épocas
de su abatimiento, o que hayan […] den por la desnudes, la miseria, ó la
insalubridad de los climas. Estos harían, existiesen reclamaciones capaces
de hacerse callar por la fuerza del partido americano a quien habían sido
cumplidas las promesas; pero la falta de cumplimiento para con este, o
mas bien para con hombres en quienes no hay mas opinión que su interés
y esperanza, debería traher por si misma la desgracia del gefe que las hizo,
ó la ruina absoluta del país que debe darlo (A.G.I.; Año: 1820; Folio: 25).
CONSIDERACIONES FINALES
La independencia venezolana, tradicionalmente presentada como un proce-
so uniforme, fue en realidad un fenómeno heterogéneo marcado por profundas
divisiones sociales, económicas y regionales. La élite criolla caraqueña, principal
impulsora del movimiento, actuó motivada por el descontento hacia las políti-
cas borbónicas restrictivas que limitaban su poder político y económico. Esta
iniciativa, lejos de ser un proyecto colectivo nacional, respondió inicialmente a
los intereses específicos de un grupo privilegiado que buscaba mantener y expan-
dir su influencia.
La participación de otros sectores sociales, incluyendo pardos, negros y abo-
rígenes, no fue inmediata ni uniforme, sino que se desarrolló gradualmente y res-
pondió a motivaciones diversas. Este aspecto fundamental del proceso ha sido
frecuentemente minimizado por la historiografía tradicional, que ha preferido
construir una narrativa de unidad nacional que no refleja la compleja realidad
del período. La transformación del conflicto en una guerra civil evidencia las
tensiones preexistentes en la sociedad colonial.
El análisis de las dinámicas regionales revela otro aspecto crucial del proceso:
la resistencia de provincias como Maracaibo y Guayana al proyecto indepen-
dentista. Estas divergencias territoriales, junto con la postura de figuras realistas
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como José Domingo Díaz, demuestran que la ruptura con España no fue un de-
seo universal ni homogéneo. Las particularidades locales y los intereses especí-
ficos de cada región jugaron un papel decisivo en la configuración del conflicto.
La revisión crítica del proceso independentista requiere el reconocimiento
de las contribuciones y resistencias de sectores tradicionalmente marginados en
la narrativa oficial. La exaltación de figuras heroicas y el discurso bolivariano han
tendido a simplificar una gesta que estuvo marcada por contradicciones y luchas
internas. Solo al incorporar estas perspectivas diversas se puede construir una
comprensión más completa y matizada del período.
Las reformas borbónicas implementadas en el último cuarto del siglo XVIII
actuaron como catalizador del descontento criollo. El incremento de impues-
tos, la intervención en el comercio colonial y la reducción de las autonomías
de los Cabildos socavaron las bases del poder de la élite local. Esta pérdida de
privilegios y autoridad llevó a la conclusión de que la independencia era el único
camino para mantener su posición dominante.
Es fundamental impulsar investigaciones que profundicen en las dinámicas
de poder y las tensiones de clase que caracterizaron el período independentista. El
estudio de fuentes primarias y secundarias desde una perspectiva crítica permitirá
reconstruir un mapa más preciso de los diversos procesos que convergieron en la in-
dependencia. Solo mediante este análisis inclusivo y multifacético se podrá superar
la visión simplificada que ha predominado en la historiografía tradicional, recono-
ciendo la complejidad inherente a este período crucial de la historia venezolana.
REFERENCIAS
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