Opción: Revista de Ciencias Humanas y Sociales.
Año 39 N° 102 (septiembre - diciembre 2023), pp. 26-40
Universidad del Zulia. Facultad Experimental de Ciencias
ISSN 1012-1587 / ISSNe: 2477-9385
Recibido: 10/04/202. Aceptado: 10/06/2023
* Bachiller en Ciencias. Estudiante de Ciencias Políticas de la Escuela de Ciencias Políticas, Facultad de
Ciencias Políticas, Administrativas y Sociales de la Universidad Rafael Urdaneta. Coordinador General
del Instituto Internacional de Liderazgo e Innovación. Correo-e: ORCID: 0009-0003-7545-4111.
Fronteras digitales líquidas:
tecnologías de información y los
sistemas políticos
Alexander Enrique Bellafiore Rincón*
RESUMEN
Este artículo se centra en analizar los efectos de las TIC en la transformación de las diná-
micas políticas a través del concepto de “frontera digital líquida”, basado en la idea de que
las fronteras son ahora transitorias y difusas y que permiten una dicotomía entre lo real y
lo virtual, para entender las interacciones globales actuales que no dependen únicamente
de fronteras geográficas y cómo la disminución de la importancia de los medios físicos
afecta los límites del Estado y el sistema político. Se emplea un método analítico basa-
do en revisiones documentales y se abordan las demandas colectivas y sus implicaciones
en los sistemas políticos según el modelo de David Easton. Se concluyó que los sistemas
políticos se encuentran bajo tensión constante debido a las TIC y que las mismas están
propiciando una desterritorialización en los límites de los sistemas políticos democráticos.
Palabras clave: TIC, Estado, Transparencia, Tecnodemocracia, Desterritorialización.
Liquid digital borders: information technologies
and political systems
ABSTRACT
This article focuses on analyzing the effects of ICTs on the transformation of political
dynamics through the concept of “liquid digital border”, based on the idea that borders
are now transitory and diffuse and that they allow a dichotomy between what is real
and virtual, in order to understand current global interactions that do not depend sole-
ly on geographical borders and how the decrease in the importance of physical media
affects the boundaries of the State and the political system. An analytical method based
on documentary reviews is used and collective demands and their implications on po-
litical systems are addressed according to David Easton’s model. It was concluded that
political systems are under constant tension due to ICTs and that they are promoting a
deterritorialization of the limits of democratic political systems.
Palabras clave: ICT, State, Transparency, Technodemocracy, Deterritorialization.
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Fronteras digitales líquidas: tecnologías de información y los sistemas políticos
INTRODUCCIÓN
El concepto de frontera como territorio ha sufrido cambios a lo largo de los
últimos años, a consecuencia de la globalización, la flexibilización de controles
fronterizos y la integración nacional de los países, entre otras causas. A pesar de
esta realidad, aún resulta difícil visualizar la desaparición total, conceptual o de
facto, de la frontera en la contemporaneidad, debido principalmente a que las
formas de administración estatal no han evolucionado para permitir una admi-
nistración conjunta de los territorios en la mayoría de los países. El Estado preva-
lece como ente abarcador de las competencias, que impone y exige un orden con
límites territoriales estáticos, claros y definidos (Vásquez, 2022).
Sin embargo, la desaparición del medio físico como requisito indispensable
para el desempeño de actividades productivas, exacerbado por el hacinamiento
causado por la pandemia del Covid-19 del 2020, otorgó un matiz de superior
relevancia a las plataformas digitales de comunicación, incluyendo plataformas
de contenido y redes sociales. Estas aplicaciones ofrecen espacios virtuales que
trascienden las limitaciones físicas y facilitan la interacción entre personas con
diferentes nacionalidades. Los impactos políticos y sociales de estas transforma-
ciones son incuantificables, pero su abordaje teórico permite la apreciación de
ciertos fenómenos de cambio en las estructuras y las dinámicas políticas.
De esta manera, los cambios en las percepciones del espacio y del significado
afectan la manera en la que las teorías políticas permiten la obtención de resulta-
dos a través del análisis. Por esta razón es menester considerar algunas implicacio-
nes en las dinámicas de los sistemas políticos, que permitan el estudio de diversos
fenómenos en la actualidad. El abordaje teórico de fuentes diversas permite diluci-
dar aspectos de la realidad sin la necesidad de recolectar datos empíricos.
En este contexto, surge el concepto de frontera digital líquida, en concor-
dancia con las ideas propuestas por Bauman en Modernidad Líquida (2004). Se
trata de una concepción de cambio, transitoriedad y volatilidad constantes, de
tal manera que lo líquido es aquello que está en constante transformación, que
no posee límites fijos ni distinciones. Una frontera líquida es difusa, genera una
dicotomía entre la realidad política y la virtual, trasciende preferencias e idiomas
y con ello coadyuva a la transformación política. En concordancia, el concepto
de desterritorialización (Deleuze et al., 2004) consiste en un constante proceso
de devenir que puede aplicarse a estructuras preestablecidas o novedosas.
De esta manera, las sociedades del siglo XXI están marcadas por cambios
constantes y por ello, el término frontera ha perdido su matiz estrictamente fí-
sico-geográfico, para pasar a tener una dimensión virtual-metafísica como lími-
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te, a través de la cual explicar las interacciones cotidianas entre las naciones del
mundo que antes solían darse únicamente a través de las fronteras geográficas.
Este concepto es, a su vez, extrapolable a diversos ámbitos de la teoría política y
permite adaptar los diversos marcos teóricos existentes a la realidad de la era de
la información. A este respecto, este artículo desarrolla una revisión de las impli-
caciones de las tecnologías de la información y comunicación en la creación del
concepto de frontera digital líquida y sus efectos en la teoría de sistemas políti-
cos, desde el enfoque sistémico para el análisis político de David Easton (1999).
Para lograr el mencionado objetivo, se hace uso en este trabajo de un método
analítico, a partir de una revisión conceptual de fuentes secundarias y terciarias de
naturaleza internacional, limitada a la técnica de análisis documental. El análisis po-
lítico permite alcanzar mayor profundidad en el tema al utilizar los problemas como
punto de partida para ordenar la información, al mismo tiempo permite extraer con-
clusiones sólidas y generar una prognosis sobre el comportamiento de los actores po-
líticos, los gobiernos y la toma de decisiones (Gamboa, 2010). Por lo tanto, se sigue
una estructura de desarrollo basada en las demandas colectivas y sus implicaciones
para el devenir del sistema político en los términos de Easton (1999).
1. LA DESTERRITORIALIZACIÓN DE LA FRONTERA: SUS
IMPLICACIONES PARA EL ESTADO NACIONAL MODERNO Y EL
SISTEMA POLÍTICO
Lo líquido se concibe como aquello capaz de fluir, mientras los sólidos con-
servan su forma y persisten en el tiempo; ambos son términos acogidos por ana-
logía en la obra de Bauman (2004) titulada Modernidad Líquida, para denotar
rasgos de cambio y prevalencia en el tiempo. “Los fluidos no conservan una
forma durante mucho tiempo y están constantemente dispuestos (y proclives) a
cambiarla; por consiguiente, para ellos lo que cuenta es el flujo del tiempo más
que el espacio que puedan ocupar” (Bauman, 2004, p. 8).
La modernidad ha traído consigo la instantaneidad de diversas actividades
humanas, lo cual ha generado una creciente tendencia a la adaptación en las es-
tructuras y funciones socio-políticas, rozando la desestructuración parcial de las
instituciones que moldean la vida social. Las únicas estructuras que han sobrevi-
vido intactas han sido aquellas que se consideran indispensables en su integrali-
dad para el funcionamiento del Estado (Bauman, 2004).
Asimismo, esta concepción de lo cambiante es similar al término de la deste-
rritorialización introducido por Deleuze y Guattari (2004) en su obra Mil Me-
setas. Adoptado principalmente del ámbito geográfico, este concepto significa
un proceso de cambio en el devenir de estructuras y significados. Esta concep-
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ción viene acompañada por el de reterritorialización que es la resignificación de
lo previamente desterritorializado, es decir, luego de la desterritorialización se
asigna una nueva forma o significado al objeto, que puede diferir parcial o total-
mente de su forma previa. Este no es un proceso instantáneo y puede darse según
las circunstancias propias de cada contexto.
Para Haesbaert (2013) el término desterritorialización está íntimamente li-
gado al de territorio. Entendiendo al territorio como elemento constitutivo del
Estado, una porción de la superficie terrestre que pertenece a una población en
el plano físico, o como un ámbito delimitado que corresponde a una jurisdicción
y que es el espacio donde se debe desarrollar su ejercicio en el plano intangible
(Durán et. al, 2008, definición 2). Según Chalbaud (1983) el territorio puede
ser definido como la parte del globo terráqueo sobre la cual un Estado ejerce
soberanía y dominio exclusivo. Haesbaert (2013) relaciona este concepto direc-
tamente con el poder y el control de procesos sociales mediante el control del
espacio. Cuando se alude al territorio se hace referencia a un objeto delimitado,
enmarcado y reconocible.
El territorio como espacio determinado implica necesariamente límites y
estos límites son reconocidos usualmente como fronteras. Aunque la frontera
existe como “límite que separa dos Estados contiguos” (Real Academia Españo-
la, s.f., definición 3) y posee complejas dinámicas socio-culturales además de co-
merciales. Para Chalbaud (1983) una frontera es un punto de delimitación del
territorio, determinado por el carácter limitado del territorio del Estado y puede
ser de dos tipos: natural, determinada por accidentes geográficos naturales; o
artificial, producto de la actividad del ser humano y puede ser física, geométrica
y astronómica. A esta última categoría corresponden las fronteras intangibles
relacionadas con el ámbito tecnológico.
Por lo tanto, el término frontera es extrapolable a múltiples contextos y di-
mensiones, incluso a aquellos donde lo tangible no es predominante. La frontera
artificial como límite en la modernidad no escapa a la dinámica de lo líquido y la
desterritorialización gracias al contexto tecnológico de la era de la información,
por lo que adquiere un carácter maleable según las circunstancias, lo que dificulta
su estudio y propicia ciertos inconvenientes a la hora de fijarlas (Chalbaud, 1983).
Por otra parte, en el contexto de la era de la información, el factor fundamental
son las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). De acuerdo con
Guzmán (2008), las TIC son una expresión que surge como resultado de la con-
vergencia tecnológica de la electrónica, el software y las infraestructuras de teleco-
municaciones. Estas tecnologías engloban una concepción muy amplia y variable
de servicios, aplicaciones digitales y tecnologías que utilizan diversos tipos de ele-
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mentos electrónicos y programas informáticos (hardware y software) que se usan
para la comunicación a través de redes, especialmente a través de la red de redes,
internet. Lo digital existe en función de las Tic, que posibilitan el intercambio de
información fácilmente a través de dispositivos móviles y táctiles.
Según Ricart (2021) las fronteras líquidas se relacionan estrictamente con
el contexto digital actual y permiten el intercambio de información y la inte-
racción con personas en todas partes del mundo. De este modo, una frontera
líquida es un límite no estático capaz de contraerse y expandirse en el tiempo,
mientras lo digital en su acepción más general es lo referente a los dedos (Durán
et. al, 2008, definición 1), es un dispositivo o sistema que crea, presenta, trans-
porta o almacena información mediante una combinación de bits y en última
instancia, es todo aquello que se realiza o transmite a través de medios digitales
(Real Academia Española, s.f., definición 2). Lo digital compagina con lo virtual
en la medida en la que ambos términos refieren a lo intangible del mundo ci-
bernético, esto incluye interacciones, información, negocios, entre muchas otras
actividades, bienes y procesos.
En esta línea de ideas, las aplicaciones móviles aparecen como la principal
herramienta de comunicación digital, junto a la disponibilidad de hardware y
conexión a internet o infraestructura de red. Una aplicación es un “programa o
conjunto de programas que permiten realizar una tarea determinada” (Real Aca-
demia Española, s.f., definición 1). Como programa informático, se trata de la
connotación intangible de la frontera líquida y por lo tanto, se trata de un factor
que el Estado no puede controlar. Las aplicaciones son instaladas por el usuario
de manera voluntaria en un dispositivo móvil o fijo y en la mayoría de los casos,
las únicas organizaciones con control pleno sobre ellas son las empresas privadas
encargadas de desarrollarlas y distribuirlas a través de internet.
En consecuencia de lo anterior, el concepto de frontera digital líquida se
adapta a la dinámica de constante cambio en los límites de un territorio, pero
además permite el abordaje de la frontera desde el punto de vista intangible, de
los significados y las comprensiones implícitas en las dinámicas digitales actua-
les. Este último aspecto plantea retos para el Estado, porque si bien estas herra-
mientas pueden utilizarse como medios para el ciberactivismo, la transparencia
y la libertad de expresión, también fungen como espacio para actividades ilícitas
de todo tipo, el tráfico de drogas, el terrorismo y la pornografía infantil, entre
otros delitos (Ricart, 2021).
En cuanto al Estado Nacional Moderno, este es un conjunto de instituciones
y mecanismos políticos, administrativos y judiciales, en los que se concentran y
se organiza la dirección y el poder coactivo de la sociedad, es decir, es un conjun-
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to de órganos al servicio de la sociedad (Cuvillier citado por Chalbaud, 1983, p.
68). Para ser más específicos, es un ente social formado cuando, en un territorio
determinado, se organiza jurídicamente un pueblo que se somete a la autoridad
de un gobierno. Este requiere de un elemento material que le permita asentar
su poder y ejercerlo en forma. En consecuencia, no se concibe al Estado como
organización puramente humana por lo que le es imprescindible un espacio geo-
gráfico dentro de cuyos límites pueda ejercer soberanamente sus competencias
(Chalbaud, 1983).
Por lo explicado, existe interés por parte de los Estados en apropiarse de los
espacios intangibles y delimitarlos, lo que, desde la perspectiva sistémica de Eas-
ton (1999), responde a demandas (inputs) particulares de la sociedad, que el sis-
tema político intenta compensar con sus respuestas (outputs). En el caso de las
fronteras digitales líquidas existen demandas en ambos sentidos, desde la pers-
pectiva de quien exige protección y seguridad en los medios virtuales y desde la
de quien exige el derecho a participar de la dinámica socio-política digital, para
lo cual requiere medios, herramientas y recursos que el Estado debe garantizar.
Es esta concepción del proceso político la que se corresponde con la defi-
nición de Easton (1999) del Sistema Político como asignación autoritaria de
valores, acto y efecto de lo político. Se trata de una connotación fuertemente
individualista que destaca la naturaleza jerárquica y piramidal de las líneas de
mando y de gobierno. El elemento colectivo y comunitario para Easton (1999),
se encuentra precisamente en la formulación de demandas al sistema político y
estas son susceptibles a los cambios causados por la fluidez de la modernidad y
los medios digitales que permiten el acceso a otros lugares y personas ubicadas
en lugares distantes del planeta.
Para Easton (1999) el sistema político se entiende como un sistema de con-
ducta que permite la mayor inclusión en una sociedad para la asignación au-
toritaria de valores. Sus límites se definen a partir del grado en el que los roles
y actividades políticas se distinguen de otras, el grado en el que se conformen
grupos aparte en la sociedad en los que converjan individuos con roles políticos,
el grado en que los roles políticos adopten forma de jerarquía y el grado en que
los procesos de reclutamiento para roles políticos difieran de otros procesos de
reclutamiento.
El acercamiento sistémico incluye términos como rol, sin embargo, Easton
(1999) no desarrolla estos términos a profundidad porque su marco analítico
se basa más en las demandas y las respuestas del sistema. Para desarrollar estos
términos es necesario recurrir a Almond y Powell (1966) en su texto Política
Comparada: Un enfoque de desarrollo (Comparative Politics: a developmental
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approach en inglés), para quienes los roles son aquellas partes particulares de la
actividad de los individuos que está relacionada con los procesos políticos. Una
persona puede ejercer múltiples roles en diferentes sistemas sociales y estos pue-
den variar de sistema en sistema.
En una línea similar a la de Easton (1999), Sorauf citado por Chalbaud
(1983) considera que lo político se relaciona directamente con los sistemas de
control social propios de la sociedad y entre los cuales se pueden establecer di-
ferentes jerarquías. Al de jerarquía superior pertenece el sistema político y le
corresponden dos características esenciales: abarca todos los individuos que in-
tegran la sociedad y posee el monopolio del poder coactivo sobre la sociedad.
De ello deviene que el Estado es la herramienta esencial de dirección del sistema
político, a través de la cual logra solidificarse como una estructura con fines y
roles específicos.
2. LOS ORÍGENES DEL ESTADO
El Estado Nacional Moderno, así descrito por Chalbaud (1983), tuvo su gé-
nesis en el siglo XVII y se caracteriza por el proceso de diferenciación política
generado por la individualización del poder. En las sociedades primitivas no
existe la diferenciación política y por ello el Estado con territorio y fronteras no
puede considerarse una forma de organización primitiva, lo que significa que ha
sido el resultado de un largo proceso evolutivo. El Estado pasó de ser clan a ser
Estado en función de la densidad demográfica que lo compone y de la práctica
sedentaria de la población, lo que le permite poseer su elemento territorial de-
marcado y claramente definido.
Las características del grupo que conforma el Estado permiten la diferencia-
ción de este respecto a otros, a partir de su ubicación geográfica, es así como
el territorio propicia la creación de la nación y los países. Esto lo convierte en
un factor de desarrollo pero también de conflicto, al plantear el problema de la
completitud de esta diferenciación se establecen límites físicos que mantengan
la territorialidad de la población. La frontera aparece de esta manera, como el
territorio limítrofe entre naciones, que determina la vigencia de derechos y de-
beres sobre los particulares que se encuentran en los diferentes territorios (Chal-
baud, 1983).
La historia de las fronteras es la historia de las sociedades sedentarias que
parten de la necesidad de apropiarse de un territorio para explotarlo y habitarlo,
por esa razón el Estado no puede existir sin una demarcación de fronteras, sin un
territorio delimitado. Desde la teoría política el Estado es concebido como una
“entidad específica de la vida política, organizada políticamente… soberanía,
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personificación de la nación, régimen” (Chalbaud, 1983, p. 69). Esto equivale
a equiparar la existencia del Estado con la de la nación, por lo que desde hace
siglos, la frontera ha representado motivo de conflicto y guerra entre sociedades
diferentes.
Por todo lo dicho, Vásquez (2022) afirma que las fronteras son como un or-
ganismo vivo, propensas a cambiar y ser modificadas a través de acuerdos, con-
flictos, organismos internacionales, organizaciones de integración y el descono-
cimiento de identidades étnicas y culturales. Sin embargo, la falta de control
por parte del Estado de una región fronteriza no suele ser la norma, porque ello
significaría un peligro para la existencia de la propia nación, en ello radica la
importancia de la frontera y los límites.
Además del territorio, otro de los elementos constitutivos del Estado es el
gobierno, el cual asimismo posee sus propios límites y fronteras en el sentido am-
plio de la palabra. El gobierno es en la práctica el desarrollo de las funciones del
Estado, el conjunto de principales características estatales que pueden adoptar
diferentes formas (Chalbaud, 1983). El gobierno es la parte operativa del Estado
que se encuentra en constante funcionamiento. Resulta importante no confun-
dir al gobierno con el sistema político, el cual abarca un conjunto de procesos de
toma de decisiones a través de tales instituciones y actores que influyen en este.
De esta manera, los procesos políticos pueden enmarcarse en diferentes tipos
de gobierno, lo que quiere decir que ante la ausencia de un tipo de gobierno
determinado, el sistema político prevalece a través del ejercicio de funciones es-
pecíficas de procesamiento de demandas y ejercicio del poder (Almond et al.,
1999). Desde esta perspectiva, los límites del Estado pueden ser territoriales-
físicos, gubernamentales-estructurales y político-funcionales. A continuación
se destacan tres implicaciones relevantes del auge de las TIC y la difusión de
los límites de los sistemas estatales para el aspecto político-funcional, el cual se
corresponde con el papel de los roles y sus respuestas a las demandas desde el
enfoque sistémico de Easton (1999).
3. LAS FRONTERAS DIGITALES LÍQUIDAS Y EL SISTEMA POLÍTICO
La importancia de las fronteras como límites claros de jurisdicción para el Es-
tado es lo suficientemente evidente, sin embargo, este no es el caso para el sistema
político, el cual se compone por estructuras, funciones y roles a través de los cuales
corresponde a las demandas de la sociedad (Almond, 1966). El advenimiento de
las tecnologías de la información y comunicación genera nuevas necesidades que
deben ser cubiertas y que atentan contra la homeóstasis del sistema político al ex-
poner la información interna de los países a la vista de todas las naciones.
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En palabras de Almond y Powell (1966), el sistema político suele expandirse
y contraerse dependiendo de ciertos eventos políticos y sociales, como en los pro-
cesos electorales o durante los estados de excepción, de manera que cubren más o
menos aspectos de la vida de los ciudadanos a lo largo del tiempo. Esto implica que
además de encontrarse sometido a nuevas demandas masivas, el sistema político
como ente holístico se enfrenta a una presión de expansión constante y permanen-
te, es decir, sus propios límites se encuentran en un proceso de desterritorialización
sucedido por un proceso de reterritorialización, por lo que muchas de sus estructu-
ras, funciones y dinámicas se tornan de naturaleza líquida.
3.1. LA DEMANDA DE PARTICIPACIÓN EN LAS PLATAFORMAS DIGITALES
El auge de las TIC ha convertido la conectividad a internet en una necesidad
y esta se ha hecho más imperiosa a medida que se normaliza el proceso de globa-
lización a través de las plataformas digitales. Una clara prueba de ello es la resolu-
ción del 27 de junio de 2016 del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas, en el cual se expresa que el acceso a la información y a internet es una
herramienta importante para el respeto al derecho a la educación, la libertad de
expresión, la privacidad y otros derechos humanos. Asimismo, se afirma que es
imperativo que los Estados propicien la libertad en internet a fin de garantizar la
libertad de expresión fundamentada en el artículo 19 de la Declaración Univer-
sal de los Derechos Humanos.
La resolución del 27 de junio de 2016 también exhorta a los Estados a pro-
mover y facilitar la cooperación en internacional encaminada al desarrollo de los
medios de comunicación y los servicios y tecnologías de la información. Asimis-
mo, alienta a los Estados a acabar con la brecha digital y la promoción del acceso
a internet con un enfoque basado en los derechos humanos. De tal manera que
el acceso a la información a través de plataformas digitales se ha convertido en
herramienta indispensable para el respeto y la protección de los derechos huma-
nos a nivel global.
De lo anterior se deriva que algunos autores como Martínez (2014) consi-
deren que una cuarta generación de derechos humanos sea una posibilidad in-
minente y que esta propenda a ser la generación de los derechos digitales, con-
templando el valor de la persona humana como fin, la subsistencia humana, la
verdad, la propiedad, la transparencia, la eficiencia, la productividad, la compe-
tencia, la objetividad, la honestidad, entre otros valores, como principios que
tienen particular valor en el mundo digital. Martínez (2014) considera que en el
mundo digital deben existir los derechos a la existencia digital, a la reputación
digital, la estima digital, la privacidad virtual, al domicilio digital, la técnica, la
paz cibernética y al testamento digital.
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La concepción de la necesidad de internet y el respectivo acceso a la informa-
ción que implica como un derecho inalienable normalizado en la norma inter-
nacional y nacional no es una iniciativa individual, sino que es la positivación de
unas normas necesarias para la convivencia en las fronteras líquidas digitales. Se
presenta como una demanda que presiona al sistema político a generar políticas
de acceso a internet y a la información, alfabetización tecnológica, construcción
de infraestructura de red y comunicaciones. Esto implica un aumento en el gasto
público a fin de satisfacer una necesidad que en tiempos anteriores a la era de la
información no existía. De esta manera, la práctica política se tecnifica y se deste-
rritorializa según las presiones del entorno, aunque este proceso suele ser mucho
más evidente que los siguientes cambios suscitados a nivel de sistema político.
Las políticas que fortalecen la infraestructura y la alfabetización digital exi-
gen grandes cantidades de recursos y ello representa un desafío para el sistema
político, especialmente para los países subdesarrollados que deben luchar con
problemas más básicos como la pobreza y la desigualdad. Al mismo tiempo, el
activismo político a través de medios digitales puede convertir a las TIC en un
factor de desigualdad que podría causar descontentos generalizados. Si bien las
tecnologías necesarias para la participación activa de la dinámica digital se han
difundido ampliamente, no hay manera de garantizar la participación de todos
sin la correcta disposición de una infraestructura de conmunicaciones adecuada.
3.2. LA DEMANDA DE SEGURIDAD EN LAS PLATAFORMAS DIGITALES
El segundo efecto destacable de las fronteras digitales líquidas sobre el sistema
político es el generado por la necesidad de proteger a los nacionales en los espacios
virtuales. En las resoluciones del 27 de junio de 2016 y el 2 de julio de 2018 del
Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas se destaca la importancia
de la privacidad en línea para materializar el derecho a la libertad de expresión y a la
libertad de reunión, la libertad de asociación, la privacidad y otros derechos huma-
nos en internet. Asimismo, se resalta la importancia de luchar contra la apología de
odio que incite el crimen y la violencia por estos medios.
De igual manera, la privacidad como requisito indispensable para el ejercicio
de los derechos en el mundo virtual, implica el resguardo de los datos y el secreto
de las comunicaciones personales recopilados y almacenados por las diferentes
plataformas digitales, así como el respeto a la autodeterminación informativa.
Consiste en evitar que la información del usuario vaya más allá de lo prudente y
lo legítimamente previsto, aunque esto muchas veces queda de parte del indivi-
duo, quien consciente de que su actividad en la red significa en muchos aspectos
la ausencia de su privacidad, adapta su comportamiento para hacer uso de las
mismas (Martínez, 2014).
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Dado lo anterior, en un mundo en el que la conectividad a internet y el uso
de las TIC permiten el ahorro de tiempo en diferentes actividades, por lo cual
se han convertido en bienes indispensables, la seguridad en internet se ha con-
vertido en una de las necesidades más apremiantes para sus usuarios. El rol del
Estado consiste en imponer la protección a través de un espacio sobre el cual no
posee pleno control, lo que implica la hiperextensión de su jurisdicción a espa-
cios virtuales, el elongamiento y la difusión de sus fronteras y límites de acción,
así como también la formulación de políticas públicas y medios que permitan
hacerlo efectivo por parte del sistema político.
Los sistemas políticos implementan diferentes medidas para cumplir esta
función, pero el alcance de algunos roles es limitado a los propios territorios
físicos del Estado. Un claro ejemplo de esto es la prohibición del uso de redes
sociales por parte de menores de 16 años en Australia en el año 2024, conside-
rando este acceso como dañino para los jóvenes, se tomó la decisión de prohibir
la mayoría de las redes sociales en este país, pero resalta el hecho de que esta
medida es fácil de burlar con el uso de otras herramientas digitales para disfrazar
la ubicación de los usuarios, por lo que el Estado no puede garantizar el pleno
cumplimiento de la norma y el sistema político fracasa en dar una respuesta con-
vencional a una demanda en relacionada con el plano virtual (Ritchie, 2024).
3.3. LA DEMANDA DE GOBIERNO ABIERTO
El auge de las implementaciones de las TIC en las actividades de gobierno para
la mejora de la transparencia, la participación ciudadana y el acceso a la informa-
ción es una respuesta de los sistemas políticos a la creación de plataformas virtuales
en las cuales los ciudadanos gozan de cierta autonomía. A su vez, este tipo de tec-
nologías propician la subversión del orden y el carácter necesarios de ciertos roles
en los aparatos burocráticos estatales. Si la participación y la toma de decisiones
son posibles hoy en día a través de medios de comunicación ampliamente difundi-
dos, la representación de intereses se torna parcial o totalmente innecesaria.
Esto es lo que denotan los conceptos y principios de Transparencia Interna-
cional (2019) al plantear la implantación de facto del Estado abierto, según los
cuales los esfuerzos deben dirigirse hacia la promoción y articulación de polí-
ticas y estrategias en materia de transparencia, acceso a la información y datos
abiertos, rendición de cuentas, participación ciudadana y colaboración e inno-
vación cívica más allá del poder ejecutivo, hacia el poder legislativo y judicial, así
como también hacia los niveles subnacionales y locales de gobierno. Es decir, en
los términos sistémicos de Easton (1999), la promoción de la transparencia con
el cada vez mayor involucramiento de los ciudadanos en las actividades estatales
es la expansión constante del sistema político, o cuando menos, la desterritoria-
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Fronteras digitales líquidas: tecnologías de información y los sistemas políticos
lización constante de sus fronteras y límites que pasan de un estado sólido a uno
líquido, lo cual permite su permeabilidad.
De esta manera, el auge de las TIC a través de los procesos de globalización ha
implicado la adaptación de las estructuras políticas a estos medios y elevan la fac-
tibilidad del autogobierno a un nuevo nivel, en el cual es posible para cualquiera
que lo desee participar de la dinámica política sin ostentar roles hiperespeciali-
zados (Almond et al., 1966). Los límites del sistema político se tornan difusos y
difíciles de distinguir cuando cualquiera puede participar en la formulación de
políticas públicas, la creación de leyes y la administración de justicia. Esta reali-
dad contraviene la concepción de Easton del sistema político como asignación
autoritaria de valores porque las herramientas de información y comunicación
permiten la asignación colectiva de valores.
Transparencia Internacional (2019) afirma que quienes se oponen a la instau-
ración de un gobierno abierto son personas corruptas, que quieren mantener la
gestión pública cerrada y alejada de la opinión pública, que no creen en el papel
fundamental de la sociedad civil en la construcción y seguimiento de la gestión
pública, quienes promueven la impunidad y no creen posible una nueva forma
de hacer gobierno. De tal manera que el Gobierno Abierto se plantea como una
mejora necesaria para los sistemas democráticos con estructuras de separación
de poderes, incompatible con otros tipos de gobierno. El carácter general de la
teoría sistémica de Easton (1999) puede abarcar diferentes tipos de gobierno
para el análisis político, pero indica la desterritorialización de los límites del sis-
tema político en contextos de apertura democrática producidos por las TIC.
De esta manera, en los términos de Easton (1999) el sistema político en un
contexto democrático se encuentra en constante tensión por las demandas de
implementación de las TIC en las actividades políticas para la mejora de los
servicios públicos y la eficiencia gubernamental. La tensión puede provocar la
desaparición o no persistencia de estos sistemas en el largo plazo, al convertirlos
en sistemas más abiertos que remuevan muchos de los roles necesarios actual-
mente y que permita de igual manera la respuesta a las demandas ambientales. La
tensión como variación del margen normal de funcionamiento lleva a modificar
las características esenciales del sistema a causa de una perturbación.
CONCLUSIONES
El enfoque sistémico de David Easton (1999) permite realizar análisis políti-
cos y determinar cómo los procesos políticos se ven afectados por las implemen-
taciones técnicas que causan procesos de desterritorialización de significados
y formas de actuar, producir y trabajar, tanto a nivel personal como en el área
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de lo político. Resulta evidente que el sistema se ve forzado a adoptar medidas
que procuren una homeóstasis duradera en el tiempo. Sin embargo, los plan-
teamientos realizados por los mencionados autores y organizaciones internacio-
nales sobre el acceso a los medios de información y comunicación y el ejercicio
de derechos a través de estos, denotan el carácter fluido que poseen los sistemas
políticos democráticos hoy en día, tanto durante el proceso de asignación de
recursos escasos como en la toma de decisiones y el involucramiento de los ciu-
dadanos activamente en el quehacer político.
Las instituciones del Estado intentan adaptarse a la nueva realidad digital
mientras preservan sus mecanismos ordenadores de la sociedad. Sus roles inten-
tan, además, suplir las demandas de la sociedad mientras se mantiene la estructura
del poder imperante en la sociedad, por lo que los cambios tecnológicos también
implican cambios para otras teorías y enfoques de análisis menos amplios. Resulta
aún incierto si estos órganos conservarán en el futuro la forma estable que han
tenido en los últimos años del siglo XX y principios del XXI, o si por el contrario
se reterritorializarán como estructuras completamente nuevas, pero con funciones
similares marcadas por la reversión del proceso de individualización del poder pro-
pio de la aparición del Estado y el aumento de la diferenciación política.
Por otra parte, lo anterior marca una clara tendencia a la colectivización del
poder en los tipos de gobierno democráticos, razón por la cual se infiere que se
trata de un proceso evolutivo natural de la democracia, cuyo fin podría ser el de
propiciar la máxima atomización del poder posible, haciendo uso de las tecno-
logías de vanguardia para evitar sus abusos y excesos. Se trata de una mejora sis-
témica que permite la perpetuación de las configuraciones del sistema, que para
algunos, es igual a estar más cerca de la utopía de una sociedad realmente justa
e imparcial. Este fenómeno pone de manifiesto la gran importancia de las TIC
para los cambios en los sistemas políticos.
Sobre el último punto emerge el término de tecnodemocracia como el tipo de
gobierno deseado en los sistemas democráticos contemporáneos, fundamentado
en los cálculos lógicos y matemáticos de la computación, en la transparencia de
los medios de comunicación de vanguardia y en la disponibilidad de los datos
para todo aquel que los requiera. Se trata de una visión idealista del compor-
tamiento político, que en la realidad propende a la acumulación y a la defensa
integral y egoísta de los propios intereses. En medio de la contradicción del ser
humano como ser gregario e individual a la vez, cabría preguntarse si las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación permitirán construir socieda-
des preparadas para la realidad humana, que asuman la corrupción como algo no
sólo evitable, sino también erradicable.
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