Revista de Filosofía
Vol. 41, Nº110, 2024-4, (Oct-Dic) pp. 41-60
Universidad del Zulia. Maracaibo-Venezuela
ISSN: 0798-1171 / e-ISSN: 2477-9598
Esta obra se publica bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional
(CC BY-NC-SA 4.0)
https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/
Johan Galtung. Referentes teórico-prácticos para la construcción
de políticas públicas en materia de convivencia socioeducativa y
cultura de paz
Johan Galtung. Theoretical and Practical References for the Construction of
Public Policies on Socio-Educational Coexistence and Culture of Peace
Jesús Alfredo Morales Carrero
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8379-2482
Universidad de Los Andes
Mérida Venezuela
lectoescrituraula@gmail.com
DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.14807300
Resumen
Enfrentar la conflictividad multifactorial por la que atraviesa la institución educativa y la sociedad
en general, supone uno de los propósitos medulares de los programas globales que procuran la
búsqueda de posibilidades de entendimiento entre los seres humanos. Esta investigación como
resultado de una revisión documental con enfoque cualitativo se propuso integrar los referentes
teórico-prácticos derivados de los aportes de Johan Galtung, que sirvan como sustento para
orientar la construcción de políticas públicas en materia de convivencia socioeducativa y cultura de
paz. Los resultados dejan ver como elementos tangenciales para la superación de la incertidumbre
y la inseguridad global resultado de la violencia en todos las dimensiones de la sociedad, la
necesidad de revisar aspectos como las contradicciones históricas que han condicionado el
recrudecimiento de la discriminación, la exclusión y la intolerancia; a esto se suma el proceder
fundamentalista responsable de la deshumanización de la sociedad así como el abandono del
pacifismo como el camino para la unidad si condicionamientos. Esto implica volver la mirada hacia
la paz cultural, idea a la que Galtung dedica especial atención por considerarla la alternativa para
edificar los cimientos de una convivialidad no solo libre de violencia sino sumida en la legitimidad
de una serie de valores universales entre los que se precisan: la praxis de la libertad, el
reconocimiento de las identidades y el alcance del bienestar como resultado de la ausencia de
sufrimiento. En conclusión, la convivencia operativamente funcional requiere la promoción de una
ciudadanía comprometida con el ejercicio de la paz que procure la inclusión y reconozca al otro, su
pertenencia y origen; esto sugiere la supresión de los procesos de alienación y de represión hasta
lograr el fortalecimiento de convicciones pacíficas que modulen actitudes comprometidas con el
diálogo, la gestión de los conflictos desde posiciones críticas de apertura.
Palabras clave: relaciones equitativas-justas, conflictividad, medios pacíficos,
pluralismo, diversidad cultural.
_______________________________
Recibido 22-10-2024 Aceptado 15-12-2024
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Abstract
Facing the multifactorial conflict that the educational institution and society in general are
going through is one of the core purposes of global programs that seek the search for
possibilities of understanding between human beings. This research, as a result of a
documentary review with a qualitative approach, aimed to integrate the theoretical and
practical references derived from the contributions of Johan Galtung, which serve as a
basis for guiding the construction of public policies on socio-educational coexistence and a
culture of peace. The results reveal, as tangential elements for overcoming uncertainty and
global insecurity resulting from violence in all dimensions of society, the need to review
aspects such as historical contradictions that have conditioned the worsening of
discrimination, exclusion and intolerance; added to this is the fundamentalist approach
responsible for the dehumanization of society, as well as the abandonment of pacifism as
the path to unconditional unity. This implies turning our gaze toward cultural peace, an
idea to which Galtung devotes special attention, considering it the alternative to build the
foundations of a conviviality not only free of violence but immersed in the legitimacy of a
series of universal values, among which are: the practice of freedom, the recognition of
identities and the attainment of well-being as a result of the absence of suffering. In
conclusion, operationally functional coexistence requires the promotion of a citizenship
committed to the exercise of peace that seeks inclusion and recognizes the other, his
belonging and origin; this suggests the suppression of the processes of alienation and
repression until achieving the strengthening of peaceful convictions that modulate
attitudes committed to dialogue, the management of conflicts from critical positions of
openness.
Keywords: equitable-just relations, conflict, peaceful means, pluralism, cultural diversity.
Introducción
La recuperación de la paz como valor universalmente reconocido en las agendas
globales asociadas con la búsqueda de la convivencia humana mundial, constituye una
salida esperanzadora para instar a los intereses particulares a asumir posiciones
equilibradas, abiertas al consenso, al diálogo y a la praxis del acuerdo y la negociación, en
un intento por impulsar el encuentro que haga de las posiciones contrapuestas una
posibilidad para justificar la construcción viable de una interacción social profunda que
produzca el entendimiento pleno entre las culturas que conforman el mundo (Diez, 2024;
Galtung, 1984).
En términos de Galtung, el camino hacia la paz duradera sugiere la edificación de
una sociedad cimentada sobre reglas de convivialidad que entretejidas por el respeto y el
reconocimiento recíproco eviten la reproducción histórica, social, ideológica y cultural del
conflicto que destruye, que distancia; al someter a vejaciones y arbitrariedades a los más
vulnerables. Esto deja ver la invitación explicita hacia la rectificación, como un estado de
conciencia que deja a un lado los prejuicios y los odios transmitidos de generación en
generación para transitar hacia el proceder racional que procura no solo reparar el daño
ocasionado al otro, sino mejorar los vínculos de los que depende el manejo de las
diferencias futuras.
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De allí, el especial énfasis que le dedica Galtung a la necesidad de construir vinculos
simétricos que como resultado de la adopción mutua de parámetros de coexistencia
pacífica den lugar a la praxis del respeto activo, al orden en el tratamiento de unos con
respecto a otros que ostentan cosmovisiones diversas, hasta lograr desbloquear los
prejuicios y trascender hacia fines constructivos que eviten la instrumentación de la
violencia que denigra, somete a la humillación y desmorona la integridad humana
(Battistessa, 2018; Morales, 2024).
De este modo, los planteamientos de Galtung como promotor de una convivencia
fundada en los parámetros del pacifismo, deja ver la necesidad de motivar en todas las
dimensiones de la sociedad el sentido profundo de apertura para valorar el conflicto desde
fines constructivos; es decir, desde actitudes enfocadas en la precisión de su raíz
verdadera, su origen y secuelas, como componentes en razón de los cuales desplegar
acciones colectivas que permitan en palabras del autor “trazar un mapa del conflicto, las
partes implicadas, los objetivos , los enfrentamientos/temas de fondo” (Galtung, 1998: 14).
Esto supone el despliegue de la comprensión en sentido amplio, con la finalidad de
precisar los elementos estructurales que requieren tratamiento específico, es decir, la
puesta en diálogo fecundo de las diferencias que le indique a los implicados los efectos
perniciosos y su vinculación directa en la reducción significativa de las posibilidades de
supervivencia, así como del bienestar integral que involucra entre otros aspectos la libertad
para manifestar las propias identidades y cosmovisiones desde el pluralismo.
En otras palabras, el diálogo profundo se deja ver en los planteamientos de Galtung
como el mecanismo que potencia la reconciliación humana entre pertenencias diversas;
proceso que da lugar a la construcción de vínculos horizontales de reconocimiento, a través
de los cuales es posible consolidar posiciones consensuadas que al compatibilizar intereses
se asumen como el camino para delinear formas de convivialidad libres de imposiciones,
de arbitrariedades y en caso extremo de violencia en sus múltiples manifestaciones
(Galtun, 2009).
Este desafío precisa de la humanidad la disposición plena para asumir la vida en
comunidad desde el proceder virtuoso, pacífico y con convicción colectiva (García, 2000);
requerimientos que refieren a su vez a la praxis del civismo que unifica y potencia el
diálogo externo que adjudica a cada sujeto la responsabilidad compartida, en la que se
superponga lo simétrico, los vínculos de la horizontalidad y la adopción de roles en el
marco de la justicia social inclusiva que permita a todos ejercitarse en la reconciliación y la
gestión de los conflictos, procesos que suponen un elevado sentido del compromiso con la
cooperación como elemento catalizador en razón del cual lograr la cohesión social plena
(Galtung, 2003).
Entonces, construir la paz como elemento ampliamente trabajado por Galtung,
requiere la promoción de una consciencia horizontal en la que los miembros del contexto
socioeducativo asuman el rol activo de actuar desde el esfuerzo común, el diálogo fraterno,
la visión de conjunto y la interdependencia; como mecanismos en razón de los cuales
potenciar la revinculación, proceso al que se asume como el resultado de la conjugación de
varios factores, a decir: la disposición para establecer lazos de comunicación, la
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participación sinérgica en experiencias de interacción profunda y en la adopción de
códigos de convivialidad acordados a través de la manifestación de la voluntad de todos.
Esta investigación como resultado de una revisión documental con enfoque
cualitativo se propuso integrar los referentes teórico-prácticos derivados de los aportes de
Johan Galtung, que sirvan como sustento para orientar la construcción de políticas
públicas en materia de convivencia socioeducativa y cultura de paz.
Materiales y método
Esta investigación documental con enfoque cualitativo asumió la revisión de las
obras de Johan Galtung en un intento por precisar aportaciones teóricas, prácticas y
estratégicas asociadas con la convivencia socioeducativa y la cultura de paz. Esto en un
intento por conceptualizar, caracterizar y operativizar cometidos de ambos constructos en
sus textos originales. También se realizó la valoración de fuentes complementarias
(revistas científicas y especializadas) con la finalidad de estimar otras interpretaciones
renovadas en función de las cuales sustanciar posibles acciones de transformación del
contexto educativo. Se utilizó como técnica el análisis de contenido con la finalidad de
precisar referentes implícitos y explícitos asociados con la construcción permanente de
espacios funcionalmente pacíficos, que permitan entre otros aspectos la recuperación del
tejido social y la construcción de un mundo mejor.
Como criterios de análisis se consideraron sus referentes directos o focalizados en
situaciones de inclusión y propuestas indirectas aplicadas a otras realidades, precisando de
este modo patrones comunes entre los autores consultados. Con respecto al criterio
axiológico se procuró diferenciar los valores a los que enfáticamente cada autor le dedica
especial consideración a lo largo de sus obras. El criterio de complementariedad se usó
para precisar conexiones teóricas y conceptuales producto del contraste entre textos
principales y fuentes secundarias, en un intento por establecer un diálogo teórico-
conceptual y epistémico que dejara ver la concreción de acciones vinculadas con la
construcción de espacios para la convivencia, el reconocimiento recíproco y la coexistencia
digna en el futuro.
Esto permitió establecer patrones coincidentes entre autores, en lo que respecta a
las siguientes dimensiones: inclusión efectiva, operativización de acciones, compromiso
institucional y resguardo sinérgico de la dignidad y el ejercicio pleno de la libertad, la
autonomía y la integridad moral; ideas tangenciales a partir de las cuales vertebrar
actuaciones fundadas en el respeto a la pluridiversidad que redunde en la creación de
condiciones asociadas con la justicia social, con el logro de posibilidades equitativas en las
que cada sujeto que asiste a la institución educativa logre expresar sus posiciones, sus
formas de vida sus cosmovisiones y pertenencias socioculturales e históricas sin ningún
tipo de coacción que limite su desempeño pleno.
Análisis de la información
Aprender a vivir y vivir para aprender exige en tiempos convulsos la disposición
plena para entender la existencia de las particularidades sociales, históricas, culturales e
ideológicas que constituyen la pluridiversidad humana. Estos cometidos como ideales que
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han trascendido hasta la actualidad se entienden como la alternativa esperanzadora que
insta a la humanidad a reformular su proceder individualista y, por consiguiente, adoptar
como parte de su repertorio actitudinal la tarea de configurar desde su disposición plena
posibilidades para la coexistencia libre de prejuicios excluyentes e intolerantes.
En tal sentido, abordar la conflictividad como un aspecto que permea la historia de
la humanidad precisa en Galtung uno de los referentes obligatorios en la tarea no solo de
comprender su dinámica sino las posibilidades de abordaje desde la paz que procura
estrechar lazos de encuentro entre culturas con cosmovisiones disímiles. En tal sentido,
identificar los elementos que giran en torno al conflicto supone la revisión de conceptos
asociados con la exclusión y la discriminación social, pero además, la construcción de
esquemas de concientización humana que hagan posible la trascendencia hacia la
concreción de los procesos de reconstrucción, reconciliación y resolución de las
divergencias responsables de la intolerancia que se presenta a escala global (Fisas-
Armengol, 1998).
En estos términos la referencia a la tríada anterior supone un ejercicio fundamental
para la edificación de los cimientos de la paz duradera, la cual inicia con la inserción de los
sujetos en controversia en la necesidad de integrar, precisar y determinar las razones que
sustentan la existencia de conflictividad que conduce a la violencia (Aarón et al, 2017); esto
con la finalidad de impulsar la resignificación desde la operativización de las creatividad
que asume la puesta en marcha de los medios posibles para lograr el alcance de la cohesión
humana, como aspecto que procura la superposición de la convivencia pacífica por encima
de las actitudes hostiles que distancian ocasionando el desencadenamiento de fuerzas
destructivas de la dignidad humana.
En tal sentido, el camino hacia la construcción de una paz duradera debe comenzar
por la puesta en diálogo de los sujetos involucrados, diálogo que insta a la comprensión
profunda de las condiciones que han ocasionado la confrontación y la emergencia del caos,
en un intento por destrabar las actuaciones irracionales que pudieran ocasionar daños
irreversibles entre los sujetos involucrados; visto de este modo, el diálogo se precisa como
el atenuante de la conflictividad, pero además, como una posibilidad para precisar caminos
viables que, aunado a aportar soluciones amistosas también conminen al compromiso de
resguardar la integridad del otro por encima de los intereses individuales.
Visto de este modo, en Galtung la edificación de los cimientos de la paz se debe
entender como una oportunidad esperanzadora para potenciar el encuentro entre culturas
con posiciones y cosmovisiones disímiles, a quienes reiterarles la necesidad de concretar
acuerdos así como procesos de negociación que convengan en el uso enfático de la libertad
para manifestar las identidades particulares en un clima de democracia que posibilite el
reconocimiento mutuo (Rodríguez, 2009).
Lo planteado supone potenciar las virtudes personales en torno a la adopción de las
siguientes actitudes. En primera instancia el manejo flexible de los conflictos, lo cual
implica desplegar esfuerzos que posibiliten la resolución de situaciones controversiales y
potencialmente destructivas, conminando a las partes a precisar las motivaciones, causas y
el origen de la disputa (Barragán et al, 2020). Esta actitud valorativa y crítica constituye
una invitación a la revisión acuciosa de los elementos que han desencadenado
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enfrentamientos y que le aportan sustento al conflicto, en un intento por determinar
posibles actuaciones comunes en pro de mitigar efectos.
Seguidamente, Galtung indica que este proceder asociado con la apertura hacia la
gestión de los conflictos exige el compromiso pleno del sujeto que se forma en el contexto
educativo en torno a la reconstrucción de eventualidades, situaciones emergentes y los
posibles significados que cada sujeto atribuye a su actuación (Galtung, 2003c); esto debe
entenderse como el camino para cumplir cuatro (04) elementos derivados de la
reconstrucción: el primero refiere a rehabilitación, cuya intencionalidad no es más que la
actuación que se despliega para resarcir el daño ocasionado a otro sujeto, proceso que debe
ir acompañado del compromiso por lograr que los efectos y las implicaciones traigan la
recuperación del equilibrio en lo que a bienestar refiere.
El segundo, el avocamiento sinérgico a la reconstrucción que implica la adopción de
una actitud responsable que entraña como objetivo actuar en pro de resolver el daño
material hasta lograr satisfacer las reparaciones oportunas. El tercero, la reestructuración
supone el ajuste que el aparato institucional deberá realizar para mitigar los efectos
reproductivos del conflicto así como las secuelas vejatorias de la dignidad humana. Esto
deja por sentada la necesidad de desplegar mecanismos de prevención e intervención que
redunden en la corrección de los daños ocasionados. Finalmente, la re-culturación como
una respuesta a los daños perpetrados de unos hacia otros, plantea el viraje hacia la
adopción de nuevos esquemas de tolerancia activa, la praxis de mecanismos mediadores y
el sentido de apertura para llegar a concesiones.
En razón de lo planteado, la revisión de las diversas actuaciones que se pueden dar
según la naturaleza del conflicto o de los daños ocasionados, se precisa como
requerimiento sine qua non en la tarea de alcanzar la anhelada reconciliación; etapa que
en modo alguno procura negar la existencia de divergencias, pero si trascender hacia la
erradicación de las causas, del origen destructivo y de la incapacidad para hallar salidas lo
menos dolorosas posibles para todos.
En Galtung, el camino hacia la construcción de una paz sostenible, funcional y
duradera requiere no solo de la voluntad para impulsar actitudes de reconciliación, sino la
disposición plena para llegar a procesos de cooperación, en los que las partes asuman la
necesidad de desplegar sus recursos personales, de reducir los intereses y las posiciones
individualistas para transitar hacia el camino de la no violencia, en el que prime el
acuerdo, la negociación y el sentido de la corresponsabilidad con el vivir en armonía.
Galtung y los principios orientadores de la construcción de la convivencia
humana
Edificar el camino para la convivencia humana funcionalmente operativa supone la
superposición de la paz por encima de cualquier condicionamiento social, cultural,
ideológico o político. En tal sentido, en Galtung se precisan principios mediadores de una
convivencia sana que inician con la convicción sobre la importancia de la no-violencia,
actitud sobre la que subyace la intencionalidad de asumir caminos alternativos en la
gestión de los conflictos que tensionan la existencia y, que deben ser resueltos en el plano
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del civismo que invita a la estimación recíproca de alternativas para vivir bien, para
convivir en armonía.
Del mismo modo, se deja ver con especial énfasis el manejo de la empatía como una
cualidad y habilidad humana que supone no solo la comprensión profunda del otro, de su
cosmovisión, de su posición frente al mundo, frente a la realidad y el conflicto que lo
envuelve, sino la determinación sobre cómo actuar en el supuesto de encontrarse en
condiciones similares. De allí, emerge el sentido de la reciprocidad que procura movilizar
las voluntades humanas en conflicto hacia la praxis de actitudes comunes que garanticen el
equilibrio funcional, así como el alcance de la interacción condicionada por el respeto y por
la búsqueda del equilibrio.
Estos valores sustanciadores de una política pública fundada en la búsqueda del
pacifismo se entienden en su sentido operativo como la forma estratégica de estrechar
lazos de encuentro, vínculos de amistad e inclusión que al sustanciar el camino hacia
relaciones interpersonales de calidad, reducen los efectos distanciadores que han
conducido a la humanidad a la discordia, al desencuentro y la intolerancia. Por esta razón,
la precisión de puntos de coincidencia se deja ver en los aportes de Galtung, como el
elemento tangencial en el proceso de hilvanar nexos de confianza mutua que impulsen a
las partes en controversia hacia la aproximación de su voluntad en torno a un punto de
equilibrio.
Lo expuesto refiere a la construcción de una sociedad capaz de hilvanar sus vínculos
en razón de la coexistencia democrática, en la que todos sus miembros se autoperciban
responsables de cohesionar en función de valores como la solidaridad, la renuncia al
individualismo, la disciplina para cultivar la cooperación recíproca y la unificación de
esfuerzos que haga del trabajo en torno a la paz parte del proceder virtuoso que debe
impulsar a la humanidad hacia nuevos escenarios más incluyentes, pacíficos y permeados
por el entendimiento.
En otras palabras, una política pública enfocada en la convivencia entretejida por la
cultura de paz se precisa como una alternativa para reducir la violencia generalizada que
experimenta la institución escolar en su interior y el contexto en el que esta tiene su
asidero (Arango, 2007). Esto obliga la revisión del concepto de comunidad como el
resultado de la puesta en diálogo no solo de acuerdos de funcionalidad en los que se
definan roles, actitudes y principios rectores de la coexistencia, sino que se configuren las
condiciones positivas para que se comparta una visión flexible que acerca a los sujetos en
lugar de distanciar, que cohesiona en lugar de dividir y que configura patrones de
comportamiento capaces de vehiculizar la existencia hacia la paz.
Para Galtung la praxis de la equidad como mediadora de vínculos humanos
positivos se entiende como la fuerza potenciadora de los procesos de construcción de paz
tanto estructural como cultural, en la que todos sin distinción alguna alcancen a ejercer la
libertad que les permita, desde la responsabilidad y el compromiso suprimir actuaciones
que ocasionen daños a terceros. Este énfasis en la equidad como valor catalizador de
cambios trascendentales supone la apertura a la manifestación plena de los pluralismos, en
el que las posiciones radicales se desdibujan para dar paso a un nuevo esquema de
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convivialidad entretejido por el diálogo simétrico entre las identidades ltiples que
conforman el contexto educativo.
Otro de los principios a los que Galtung dedica espacial importancia refiere al
reforzamiento de las convicciones democráticas, como el camino para eliminar las viejas
imposiciones y la represión, conminando de este modo a la humanidad a asumir con
compromiso profundo el reguardo de las minorías. Esta actitud involucra el
reconocimiento de sus derechos humanos, entre los cuales se mencionan: la libre
manifestación de sus cosmovisiones, prácticas y modos de vida, siempre y cuando estos no
transgredan la integridad moral, cultural y social
Lo anterior deja por sentada la necesidad de promover la cultura de la tolerancia
recíproca y la solidaridad en sentido crítico como elementos consustanciales a la paz que
conducen a la reestructuración del conflicto, así a la edificación de condiciones de
coexistencia armónica. En estos términos el ejercicio de la democracia global como sistema
asociado con la coexistencia de los pluralismos, también se precisa como requerimiento
para estimular tanto el debate como el diálogo libre, en el que todos gozando de
posibilidades justas y equitativas para manifestar su voluntad también alcancen a
enfrentar las situaciones que tensan la coexistencia sana y funcional.
¿Cómo transitar hacia la cultura de paz duradera, funcional y sostenible?
La vida en cualquier contexto del escenario social exige la renovación constante de
la capacidad para gestionar conflictos. Esto supone la orientación actitudinal hacia la
praxis del pacifismo como el patrimonio común de la humanidad, que exige entre otros
aspectos el cuidado mutuo, el resguardo de la integridad moral y la protección a la
diversidad que permea a cada sujeto haciéndolo particular con respecto al otro. En estos
términos transitar hacia una cultura de paz duradera exige la disposición para accionar
permanentemente en razón del diálogo que da lugar a la transformación significativa de las
diferencias en justificativos sensibles que potencien las posibilidades del encuentro
fraterno; proceso que entraña como intencionalidad otorgarle visibilidad al otro, a quien
tratar dentro del marco del reconocimiento racional que le valora, le incluye y estima desde
su condición de ser humano.
En tal sentido, la cultura de paz como instrumento al servicio de la vida en
condiciones dignificantes implica el desarrollo de la conciencia crítica que estima las
consecuencias de la conflictividad no resuelta como el camino hacia la reproducción de la
destructividad que vulnera la integridad humana, al someterla a vejaciones que la sumen
en el riesgo y la amenaza permanente (Calderón, 2009).
De este modo, transitar hacia la configuración de espacios pacíficos en los que prime
el entendimiento se comprende como un ejercicio consciente, en el que sujetos directa e
indirectamente involucrados con el contexto escolar asuman la responsabilidad de
practicar con disposición sinérgica la transformación de los intereses personales en
propósitos colectivos; con la intencionalidad de lograr que cada actor del contexto
educativo le aporte legitimidad a la convivencia armónica, en libertad y equidad,
acarreando con esto posibilidades de interacción positiva que potencien la tolerancia y el
sentido de la solidaridad.
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Este énfasis en la interacción humana como elemento asociado con la construcción
de ambientes socioeducativos funcionales, involucra como tarea la búsqueda de la
comprensión de las cosmovisiones e intereses del otro; esto significa la posibilidad de
reestructurar modos de vida que reiteren la necesidad de trascender hacia la
reconciliación, que considerando la supresión de los enfrentamientos y las diferencias
históricas que ha distanciado a la humanidad, también sensibilice a las partes en disputa
en lo referente a la tarea de intercambiar disculpas, de realizar ajustes actitudinales y la
reformulación de posiciones excluyentes, que discriminan y dan lugar a la intolerancia
destructiva de la dignidad humana.
En tal sentido, transitar hacia la configuración de la cultura de paz requiere
aprender a trabajar los conflictos desde el sentido de apertura y flexibilidad que hagan
posible la operativización del diálogo; mecanismo que no solo amplía la posibilidad de
trascender las controversias hacia la conciliación de soluciones, sino que además,
potenciar la creatividad conjunta a la que Galtung (2009), le adjudica el poder para
estrechar posiciones y cohesionar esfuerzos mediadores de una existencia pacífica y
sostenible.
Esto implica impulsar capacidades individuales hacia un estado dinámico de
interacción respetuosa, que asume la necesidad de entrelazar objetivos comunes que
redundando en la reconciliación, en el encuentro y la negociación hagan de la vida en
comunidad un cometido compartido; proceso que reitera el uso permanente del diálogo
fecundo y simétrico, del cual se desprendan posiciones reflexivas sobre el vivir bien, sobre
el verdadero significado de la reconstrucción de lazos de fraternidad que abonen el camino
para convivialidad esperanzadora en el futuro.
De este modo, la paz duradera se configura a través del acercamiento constante
entre sujetos con pertenencias diversas y ocasiones contrapuestas, en quienes motivar la
comprensión profunda que haga posible la coexistencia con los pluralismos, con el pensar
un mundo de posibilidades para interactuar desde la racionalidad que procura en razón de
las coincidencias justificar la reconciliación que cohesiona voluntades y unifica
fraternalmente.
Según Galtung la búsqueda de la paz involucra como desafío el instar a la
humanidad a pensar en conjunto sobre las bondades del vivir en armonía y en diálogo
permanente, a los que se estiman no solo fuerzas cohesionadoras de una existencia
colectiva funcional, sino como instrumentos legítimos para construir alternativas viables
que precisen posibilidades de entendimiento no concretadas en el pasado, y en cuya
esencia subyace respuestas a las situaciones conflictivas del presente y del futuro.
Esto significa motivar en los seres humanos el desarrollo de convicciones en torno al
sentimiento común de estar juntos, precisando en el encuentro amistoso la verdadera
razón por la que se requiere la praxis de la reconciliación; en la que el despliegue de fuerzas
pacificas encausen la emergencia de una posición compartida, integradora de fines y
medios que operativizados redunden en la reconstrucción conjunta que haga florecer el
civismo que amerita la sociedad para direccionar sus esfuerzos hacia actos de cooperación,
de unidad sostenible e inclusión en sentido amplio (Galtung, 1998).
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Esta disposición para construir lazos funcionales como fundamento de la
convivencia que unifica, supone un componente indispensable en la tarea de trascender
hacia una coexistencia horizontal, en la que cada sujeto que hace vida en el contexto
educativo se integre en el compromiso de alcanzar el diálogo fecundo y la interacción
permanente, como mecanismos a través de los cuales potenciar la autoconfianza, el sentido
de la seguridad plena y la conciencia en torno a la edificación de una organización colectiva
justa, equitativa y medida por el bien común.
Ejes para una política blica en materia de convivencia socioeducativa y
cultura de paz
Los referentes de Galtung en torno a la construcción de espacios funcionalmente
saludables para el alcance de la convivencia socioeducativa y la cultura de paz, se dejan ver
como elementos catalizadores de la configuración no solo de un mundo mejor, más vivible
y sustentado sobre el entendimiento recíproco, sino adherido a la supresión de las viejas
disputas humanas y a la gestión de las diferencias, tarea compleja que insta al aparato
institucional a afrontar los lastres que históricamente han imposibilitado la trascendencia
hacia la concreción de dos aspectos fundamentales de los que depende la coexistencia
plena; por un lado, el respeto a los derechos humanos, dispositivos en los que se precisa la
protección amplia e integral de la minorías y, por el otro, la edificación de una sociedad
democrática, plural e incluyente. En razón de lo expuesto este apartado muestra los ejes en
razón de los cuales construir una política pública en materia de convivencia socioeducativa
y cultura de paz, a decir:
Creatividad en la gestión de conflictos. Impulsar procesos de transformación
con repercusiones efectivas en contextos permeados por el conflicto, supone un ejercicio
creativo de quienes fungen como mediadores pero además, de quienes siendo parte de la
controversia asumen el desafío de precisar las contradicciones, los elementos en disputa y
las fuerzas que los sostienen; con la finalidad de trascender hacia la resolución oportuna,
proceso que insta a la aplicación de una estrategia enfocada en la unificación de aportes
que entretejidos por la cooperación den lugar a la reconstrucción del conflicto y
seguidamente a la transición hacia la paz.
Estos cometidos ampliamente trabajados por Galtung dejan por sentada la
necesidad fortalecer el pensar colectivo como antídoto contra el individualismo, proceso
que invoca la disposición para razonar en torno a los problemas que históricamente han
aquejado a la humanidad y, cuyas repercusiones se ven reflejadas en muchas de las
actitudes asumidas por quienes conforman el contexto socioeducativo. Esto supone la
revisión profunda de los efectos, las consecuencias y secuelas con la finalidad de precisar
traumas colectivos que requieren ser tratados desde la curación (Galtung, 2009).
Capacidad de comprensión del otro. En Galtung la empatía como fuerza
revitalizadora de la cohesión humana no solo constituye un valor fundamental en el
proceso de construir la paz que el mundo requiere para funcionar bien, sino además, el
antídoto para resolver los traumas colectivos; los cuales para ser superados se requiere de
la interacción que rompe con la insensibilidad, pero además, deja espacio para para dirigir
la existencia hacia oportunidades más saludables, dignificantes y altruistas. En tal sentido,
la comprensión empática se precisa como la forma ideal de propiciar el encuentro fraterno
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que procura, entre otros aspectos identificar las secuelas de los tratos indignos, sus
repercusiones mediatas e inmediatas, pero además, los efectos que han ocasionado al
privar al otro de la posibilidad de llevar adelante una existencia plena, libre de exclusión,
intolerancia y discriminación.
Unificación de voluntades. La construcción de lazos de fraternos como
mecanismos asociados con la vida en comunidad, se precisa como el eje modulador de
oportunidades de coexistencia que entretejidas por la disposición plena coadyuve con la
comprensión profunda; valor universal que por ser el sustento de la paz social, se asume
también como el camino para allanar el transitar hacia una vida plena, libre de prejuicios y
adherida al compromiso de orientar la voluntad hacia una visión compartida, común.
Según Galtung (1998), la cohesión de voluntades como elemento catalizador de la
vida en sociedad y, por supuesto en el contexto educativo requiere de amplias dosis de
participación generalizada, en la que todos los sujetos que conforman este espacio de
socialización alcancen a desplegar con sentido activo la toma de decisiones, el cual como
parte de los fundamentos de la paz sostenible involucra esfuerzos conjuntos que garanticen
además de beneficios sociales mayores posibilidades de bienestar para todos.
Por consiguiente, la unificación de voluntades se precisa como el elemento en
función del cual alcanzar la reconstrucción de los conflictos, la adopción acuerdos que
fundados en ideales comunes garantice la transformación de las discrepancias en medios
alternativos de resolución tanto pacíficos como funcionalmente armónicos que dinamicen
las relaciones, que cohesionen esfuerzos y mantengan viva la intencionalidad de reducir las
fronteras que dividen hasta trascender hacia esquemas de convivialidad que allanen el
camino hacia la paz duradera.
La transformación del discurso. El intercambio entre sujetos en situación de
conflicto constituye un modo estratégico de impulsar, fortalecer y hacer universal los
cometidos de la paz. Esto refiere a la operativización de los procesos comunicativos como
mecanismos que puestos al servicio de la vida en comunidad no solo redunden en la
superación de las controversias, sino en la construcción de posibilidades exitosas de
interacción humana entre pertenencias diversas, cuyo distanciamiento por razones
ideológicas no ha logrado ser superado.
Este énfasis en la comunicación en condiciones simétricas se precisa en Galtung
como un modo de esclarecer discrepancias, descubrir posiciones y los fundamentos que
estas han aportado a la reducción de la convivialidad; logrando de esta manera la
exploración de posibles caminos sobre los cuales transitar en la construcción de la paz
futura.
Entonces, la comunicación efectiva se precisa como un modulador de comportamientos así
como el viraje hacia la organización justa, armónica y equitativa de la sociedad; este orden
viene definido por las denominadas mediaciones creadoras de paz que no solo aportan al
enriquecimiento de la vida colectiva, sino la transición hacia esquemas de negociación y
diálogo que sustenten el aprender a gestionar los conflictos tanto con racionalidad como
con profundo sentido de la corresponsabilidad.
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Compatibilizar cosmovisiones. Construir una visión compartida sobre la
coexistencia además de proceso complejo, se entiende como una invitación a la reducción
del individualismo, a la superación de la intransigencia así como a la erradicación de las
imposiciones; esto con el propósito de configurar desde una posición ecuánime las ideas
que aportarán a la terminación del conflicto o, al menos al manejo tolerante de ciertas
manifestaciones, posiciones, prácticas y modos de comprender el mundo. En ocasiones,
esto como parte de la construcción de la paz que procura aportar a la convivencia funcional
y operativa, exige poner en el plano del diálogo valorativo los elementos comunes, en razón
de los cuales justificar posibilidades de encuentro efectivo.
Lo referido deja ver a la interacción humana como un proceso asociado con la
revisión de las particularidades, de las diferencias y de los elementos comunes en razón de
los cuales justificar las posibilidades de encuentro; el cual como ideal con implicaciones
multifactoriales en la edificación de la paz positiva, se precisa como la fuerza revitalizadora
que posibilita la gestión de las contradicciones socio-históricas y culturales, desplegando
para ello la disposición para transformar los conflictos en oportunidades creativas que
garanticen el bien común.
Manejo del acuerdo y la negociación. La edificación de la paz como un estado
ideal al que aspiran las sociedades en su transitar hacia el futuro, no es más que una
invitación reiterativa al uso de medios pacíficos a través de los cuales alcanzar la
construcción de ambientes en los que prime la armonía, por encima de los intereses
particulares que hisricamente solo han conducido a la reproducción de procesos de
dominación ideológica y, en consecuencia, la trascendencia hacia el ejercicio de la violencia
en sus diversas manifestaciones (Galtung, 2003b).
En tal sentido, el manejo del acuerdo y la negociación se precisan en Galtung (2009)
como mecanismos que aportan al establecimiento de condiciones de interacción, relación y
funcionamiento de grupos humanos y de culturas en un mismo contexto; este proceso
entraña la apropiación del diálogo por cada una de las partes involucradas en la
controversia, hasta lograr la emergencia de compromisos comunes que redunden en la
sustanciación del transitar hacia la paz. Esto obliga la referencia a la importancia de
alcanzar la reconciliación, valor que supone el despliegue de la participación activa que
inste no solo a la determinación de la riqueza que entraña el consolidar acuerdos que
eviten la confrontación y, en su defecto minimicen la presencia del accionar violento de los
involucrados.
La praxis recíproca de valores universales. Convivir en sociedad como un
desafío generalizado que permea las obras de Galtung, se deja ver como el reqerimiento
sine qua non en la tarea de construir la paz duradera y sostenible; como el proceso que
involucra la formación de ciudadanos comprometidos con principios vertebradores de una
vida colectiva horizontal, simétrica e igualitaria; de allí, que se precise la potenciación del
contacto humano permanente así como el diálogo respetuoso como principios conductores
de la revinculación que aunado a fortalecer la empatía, también impulse la actuación libre,
el uso de la mediación y la reconstrucción de esquemas de convivialidad que aporten a la
existencia democrática.
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En razón de lo expuesto Galtung, propone la participación justa e inclusiva como el
eje catalizador de cambios trascendentales, que aunado a fortalecer el consenso y la
comunicación profunda entre sujetos con pertenencias diversas, como mínimo vitales en
función de los cuales instaurar un clima pacífico en el que prime la confianza en la
interacción; que unida la tolerancia aporten a la reivindicación de tanto de los procesos de
reconciliación humana como a la edificación de intereses compartidos que redunden en el
desarrollo de convicciones en torno al bien común.
Reconocimiento de los derechos de las minorías. Emprender actuaciones en
pro de resguardar las particularidades sociales, culturales e ideológicas constituye un
desafío complejo en el que se ven involucradas tanto la manifestación de voluntad y
opinión sin restricciones, como la praxis de los pluralismos y la expresión de
cosmovisiones propias de cada grupo; esto como parte de la protección a los elementos
asociados con las pertenencias refiere a su vez a un modo estratégico de reducir las
privaciones, la discriminación y la xenofobia y, en su lugar adoptar como parte del
proceder actitudinal el reconocimiento que valida las garantías y derechos ciudadanos por
encima de cualquier condicionamiento.
El ejercicio de la ciudadanía y el proceder cívico consciente. La formación
de sujetos comprometidos con la convivialidad operativamente funcional, se precisa en
Galtung como requerimiento que logra su materialización en el cumplimiento de deberes
ciudadanos y el goce tanto de derechos como de las garantías necesarias para proteger la
integridad moral de todos. Entonces, la organización de la sociedad en torno al ejercicio de
la ciudadanía plena supone la capacitación permanente de la humanidad en torno a la
praxis de la corresponsabilidad en lo que al proceder enmarcado en límites establecidos
normativos que delineen el camino hacia una convivialidad libre de imposiciones, de
arbitrariedades y vejaciones que transgredan la dignidad.
¿Hacia dónde ir en tiempos de conflictividad multifactorial? Una breve
discusión…
Construir una visión compartida como la salida a los riesgos que impone la violencia
a nivel global constituye no solo el camino para compatibilizar propósitos, creencias e
ideologías, sino además, como la salida esperanzadora que haga de la vida planetaria un
oportunidad para cultivar actitudes asociadas con la no-violencia, con la empatía y el
altruismo; principios a los que se le adjudica la posibilidad para otorgarle a la sociedad un
nuevo esquema organizativo fundado en virtudes que hagan del conflicto una oportunidad
para justificar el desencuentro.
Esto implica para los sistemas educativos insertar dentro de sus programas oficiales
la necesidad de reiterar como camino hacia la construcción de la paz, la praxis de la
democracia, requerimiento que implica fortalecer el aparato institucional para garantizar
que su proceder tenga como horizonte la reducción de los mecanismos de exclusión,
discriminación y xenofobia, hasta lograr que los más vulnerables se vean representados a
través de la manifestación de voluntad (Cely-Fuentes, 2021).
En tal sentido, el camino hacia un futuro alentador exige la unificación de voluntades
en torno a la consolidación de virtudes ciudadanas que redimensionen la necesidad de
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practicar la paz que procura el encuentro, que conduce a la cohesión y al acuerdo; pero que
además, adoptar como parte de su responsabilidad el involucramiento en los asuntos
públicos, en los conflictos cotidianos y en los desencuentros. Garantizando de este modo el
alcance de propósitos comunes asociados con el despliegue de la empatía que aporte a la
ampliación de los niveles de confianza que el mundo requiere.
Lo referido precisa vehiculizar esfuerzos hacia la adopción de la negociación así
como el acuerdo y la mediación, como recursos que por su vinculación directa con el
encuentro fraternal, también se entienden como mecanismos sobre los cuales sustentar la
paz duradera; en la que el cometido de todos gire en torno a la superación de las
diferencias, el manejo del respeto que procura alianzas de vida duraderas y la fijación de
patrones de gestión de conflictos que alcancen a lograr trascendencia en las siguientes
generaciones.
Esta preocupación por la búsqueda de un punto de equilibrio que permita la
coexistencia funcional entre sujetos en conflicto permanente, implica conminar a las partes
hacia la construcción y reforzamiento de mecanismos democráticos que amplíen las
posibilidades para sustituir los denominados círculos viciosos en círculos virtuosos
(Galtung, 1998), en los que todos de común acuerdo decidan enfrentar la reproducción de
los actos de violencia que vejan, excluyen y someten a la destrucción.
Por ende, precisar posibilidades diversas que abonen el camino hacia la construcción
de la paz como un compromiso cívico, requiere del compromiso ciudadano para entender
las situaciones conflictivas con sentido profundo, en un intento por reconducir el proceder
actitudinal hacia una visión compartida que amplíe las oportunidades de transición hacia
un nuevo orden, un nuevo esquema de convivialidad que valore la vida por encima de
cualquier condicionamiento humano, social, cultural, político e ideológico (Galtung,
2009).
Lo planteado obliga la revisión de un concepto importante en los postulados de
Galtung, se trata de la participación en condiciones justas y equitativas como mecanismo a
través del cual permitirle a los sujetos desbloquear la incompatibilidad de intereses que dé
lugar a la emergencia del denominado acuerdo enmarcado en el despliegue de esfuerzos
mutuos que aporten a la sustanciación de la sensación de confianza y seguridad, como
elementos desde los cuales estrechar lazos de encuentro no solo sólidos sino funcionales
para todos.
Este énfasis en la potenciación de la seguridad como principio rector de la vida en
sociedad, remite a la exigencia recíproca de suprimir las amenazas y los factores de riesgo
que pudieran vulnerar la integridad del otro; esto obliga la referencia a configuración de la
confianza mutua como el valor capaz de redimensionar la sensación de plenitud, estado
que permite percibir al otro, al diferente como compañero de viaje (Sandoval, 2023).
Para Galtung, la squeda de una sociedad pacifica inicia con la búsqueda
permanente del diálogo conciliador, que aunado a potenciar la participación en igualdad
de condiciones también se entiende como mecanismo asociado con el ejercicio de la
ciudadanía generalizada (Galtung, 2009), en la que el desafío común gira en torno a la
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construcción conjunta de una vida plena, en la que manifestar la voluntad y las formas de
pensamiento den paso a la paz duradera.
Este énfasis en el diálogo colectivo como elemento catalizador de la vida en
comunidad no solo permite delinear acciones reales que amplíen el horizonte hacia el
pacifismo, sino el desarrollo de competencias para imaginar una sociedad posible, en la
que la escucha activa aporte a la gestión de requerimientos comunes que redunden en la
edificación del consenso. Este diálogo colectivo es también un modo de identificar
prioridades desde las cuales consolidar acuerdos que sustancien el vivir en libertad, en el
marco de la solidaridad que haga de la coexistencia una oportunidad para cultivar tanto el
sentido de la reciprocidad como consustanciar la libertad para actuar, pensar y tomar
decisiones.
Estos cometidos dejan por sentada la vigencia de los aportes de Galtung al proceso de
construir la paz mundial, la cual alcanza eficacia a través del debate constante; del cual
derivar condiciones de vida, parámetros hacia donde orientar la existencia con comunidad
global y pautas democratizadoras que al reestructurar los vínculos humanos reduzcan
tanto la exclusión como la marginación, aportando de este modo a la recuperación del
tejido social.
En tal sentido, para Galtung la fuerza de la educación de una sociedad comprometida
con el pacifismo se alcanza a través de la alfabetización sobre la cultura universal; proceso
al que el autor adjudica el potencial para prevenir la trascendencia de la conflictividad que
padece el mundo; de allí que, la alfabetización tome especial importancia en la tarea de
reducir las brechas de la desigualdad, pero además delinear horizontes para el encuentro,
en el cual las voluntades de los diversos actores sociales gire en torno al despliegue de lazos
de un civismo unificador que module las condiciones para alcanzar la reconciliación.
Este compromiso con la reconciliación como el pulmón de la convivencia en sociedad
democrática, requiere para su consolidación el despliegue de esfuerzos comunes que
mediados por el reconocimiento a los pluralismos y la praxis de la tolerancia, se estimen
como eslabones para vehiculizar el ajuste actitudinal a los parámetros establecidos en los
derechos humanos, como dispositivos que reiteran la dignificación de la existencia, el goce
de una vida plena y el trato justo que integra, incluye y valora al otro desde la equidad
(Barragán et al, 2020).
Lo referido supone un llamado enfático a estrechar lazos de encuentro fraterno que
redunden en el fortalecimiento de condiciones de convivialidad asociadas con la
disposición para escuchar al otro, como medio no solo para dirimir disputas sino como el
camino para lograr el diálogo, el debate abierto y permeado por la libertad (Salinas, 2023);
esto como parte de un esquema funcional de relacionamiento entre pertenencias diversas
constituye una alternativa vinculada con el establecimiento del pacifismo, como el medio a
través el cual es posible el afloramiento de actitudes que dan lugar al compañerismo, al
esfuerzo cívico y a la reflexión madura, principios que al ser operativizados fungen como
atenuantes de la intolerancia.
En Galtung un concepto importante que hace parte de la reconciliación refiere al
ejercicio de la voluntariedad, como la disposición actitudinal plena que invita a la
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transición hacia esquemas de convivialidad que ofrezcan posibilidades de fecundas de paz
social; valor universal que para su instrumentación se requiere de “mucho conocimiento,
destrezas y, sobre todo tacto humano. Y la formación que se obtiene en el terreno”
(Galtung, 1998, p. 83).
Este nivel de sensibilidad humana tiene como intencionalidad la edificación de una
existencia plena, que por estar fundada en la horizontalidad y en la acción comunicativa
amplíen la brecha para la configuración de relaciones democráticas, cívicas y ciudadanas;
en la que el respeto a los derechos fundamentales se entiende como el requerimiento en
función del cual garantizar la protección a la integridad moral, así como a la convivialidad
que dignifica.
Esto exige transitar hacia la adopción de la responsabilidad compartida, como el
elemento dinamizador de la construcción de ambientes armónicos y pacíficos, cuyo
fundamento no es más que la precisión de un futuro prometedor, en el que la esperanza
por un mañana más horizontal haga posible la ruptura con la visión de inquilino y, por
consiguiente, la trascendencia hacia la aceptación del otro como un conciudadano. En
estos términos convivir en el futuro precisa de los actores del contexto educativo la
disposición para fluir en la búsqueda común de la paz, en el que todos los seres humanos
se aseguren de no orientar consciente o inconscientemente su accionar hacia el daño.
Visto lo anterior, la superación de los prejuicios sugiere un modo de superar las
molestias, desafío complejo que insta a la humanidad a asumir la coexistencia sustentada
en la comprensión plena, profunda y crítica; en la que todos aprendan a convivir partiendo
de la reconciliación fraterna que además de aportar al reconocimiento mutuo también
redunde en la recuperación de la visibilidad que deja lugar a la libertad del otro para
actuar, manifestar sus cosmovisiones y la pluridiversidad derivada de su pertenencia.
Esto desde la recuperación de la paz como ideal y valor ampliamente reconocido en
las agendas globales, involucra como propósito central el reforzamiento de la
voluntariedad para aportar a la reparación de las relaciones, al establecimiento de
acuerdos amistosos y al manejo del perdón que coadyuve en el proceso de limar asperezas
y superar ofensas que superponga la permanencia en el plano del diálogo, legado sobre el
que la humanidad debe cifrar las posibilidades de trascender hacia un futuro más
equitativo y justo.
Lo referido en Galtung no es más que el resultado del reforzamiento de actitudes
asociadas con la apertura hacia el encuentro con el otro, hacia su aceptación plena y sin
condicionamientos que discriminan; lo cual exige el despliegue de actitudes compasivas,
tolerantes y sustentadas en la libertad positiva, valores universales desde los que es posible
allanar el transitar hacia la reconciliación que cohesione mutuamente a las partes en
conflicto en torno a la necesidad aprender a convivir y a convivir para aprender en
profundidad sobre las particularidades sociales, culturales, ideológicas e históricas que
permean al otro.
En estas condiciones la convivialidad en el futuro se muestra como un desafío que
intima a la humanidad a asumir con convicciones profundas la puesta en diálogo tanto de
las diferencias como de las controversias, ingrediente tangencial desde el que es posible
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recuperar relaciones pérdidas en todos los planos, es decir, a nivel social en sentido
amplio, pero también en sentido más específico el contexto familiar; y esto refiere
puntualmente a la gestión de situaciones controversiales que han distanciado a sujetos con
rasgos identitarios, ideológicos e históricos comunes que por la superposición de intereses
y particularismos.
Entonces, alcanzar la vida en condiciones pacificas no se precisa en Galtung como la
supresión del conflicto, sino más bien un ir y venir recurrente sobre el origen de las
controversias, en un intento por recuperar desde la praxis de la racionalidad la edificación
de nuevos vínculos que sustentados en la coherencia y el equilibrio actitudinal que estrecha
sentimientos fraternos y de aceptación recíproca.
Lo planteado precisa de la humanidad la apropiación del sentido de comunidad con
enfoque amplio, es decir, desde la disposición para superponer el respeto por las
particularidades, por la diversidad, los pluralismos y las cosmovisiones con la finalidad de
edificar los cimientos de una visión compartida; en la que todos asumiendo el rol de
mediadores desplieguen habilidades asociadas con el pacifismo que le aporten a los
vínculos humanos la solidez que se requiere para coexistir.
En estos términos respetar los sentimientos y las formas propias de comprender el
mundo, supone desde el sentido de la reciprocidad el eslabón en función del cual
sustanciar una convivencia mediada por la convicción de compartir intereses comunes;
esto con la finalidad de reivindicar los requerimientos de dignificación humana, entre los
que se mencionan: proceder en el marco de la libertad positiva, actuar con autonomía y
responsabilidad, hasta lograr que el horizonte compartido sea la construcción conjunta de
la paz que aporta no solo sensación de confianza y seguridad, sino además, el tránsito hacia
la reconciliación sin condicionamientos prejuiciosos.
Esta reconciliación a la que refiere Galtung (2009) supone la búsqueda conjunta de
métodos asociados con la praxis del perdón, en principio, y sucesivamente la edificación de
una visión que recoja posiciones en torno a la verdad que aporten a la restitución del trato
dignificante; en el que todos los seres humanos asumiendo el compromiso externo con la
existencia honrosa posibiliten el acceso a la libertad plena, a posturas razonables.
Esto constituye a su vez una invitación a la adopción de actitudes asociadas con la
paz, con la consolidación de la armonía social que al reflejarse en contexto educativo invite
a las partes en conflicto a estimar desde el sentido crítico el camino de la paz; esta
configuración de un nuevo esquema de coexistencia que haga posible el convivir bien, en
condiciones funcionalmente pacíficas implica promover la disposición para apostar por la
unidad fraterna, por la solidaridad que hace compatible los vínculos, la tolerancia que
procura posturas más ecuánimes orientadas a reducir la discriminación.
En estos términos, la alcanzar la convivialidad positiva que la humanidad requiere
para impulsar una existencia potenciar valores asociados con la cultura de paz, como
dispositivos a través de los cuales edificar principios alternativos que desdibujen las
estructuras verticales y, en su defecto, se transite hacia esquemas horizontales en los que
prime la empatía y el compromiso común de reducir las contradicciones mediante la praxis
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de tres elementos importantes, a decir: la comprensión profunda, el sentido de la
corresponsabilidad y el entendimiento que cohesiona voluntades.
Conclusiones
La construcción de una sociedad democrática en la que impere el reconocimiento al
pluralismo, la libertad de expresión y la manifestación de intercambios entre sujetos con
pertenencias diversas, se precisan en Galtung como mecanismos a través de los cuales
orientar a la humanidad hacia el alcance de la madurez reflexiva, a la que se estima como
la actitud desde la cual es posible suprimir la xenofobia rígida, la intolerancia que destruye
y la discriminación que refuerza la discriminación configurando las condiciones para el
distanciamiento de las posibilidades de encuentro y reconciliación.
Este énfasis en la reconciliación como requerimiento para transitar hacia la paz
duradera, supone la disposición plena para construir un futuro común en el que la
relación con el otro no solo involucra el diálogo fecundo y la interacción profunda, sino la
capacidad para sanar el trauma, superar la culpabilidad y asumir el desafío de construir
desde la reciprocidad mecanismos para gestionar los conflictos; esto implícitamente refiere
a la adopción de la negociación y el acuerdo como prácticas permanentes que permitan
estrechar lazos sólidos de convivialidad.
En estos términos, unificar voluntades en torno a la edificación de los cimientos de la
paz se precisa para la construcción de la convivencia socioeducativa un elemento
catalizador de cambios asociados con la supresión de actitudes hostiles y, en su lugar,
trascender hacia la ampliación de las posibilidades de encuentro estrecho, fraterno, libre
de prejuicios y adherido al compromiso de una existencia en la que todos se dispongan
para alcanzar la reconciliación mutua; es decir, la oportunidad para configurar una visión
compartida, en la que los vínculos se tornen simétricos y se logre la integración de
posiciones en el marco no solo del respeto que reconoce, sino en la praxis de la justicia
social inclusiva que procura por encima de cualquier condicionamiento social, ideológico o
cultural lograr la dignificación humana.
Lo referido como parte de los cometidos de la cultura de paz implica formar
ciudadanos cuyas actitudes hacia el diálogo permanente con las pertenencias diversa que
permean al mundo, se convierta en un ejercicio que desde la convicción y la racionalidad
reitere el compromiso con la convivencia armónica; en la que se desplieguen alianzas por
la vida, por la unidad, por comprensión que da lugar a relaciones confiables y seguras;
como el antídoto para sustanciar raíces profundas que hagan del futuro un momento
prometedor, en el que se deposite la visión esperanzadora que conmine a la humanidad en
el presente a superar las diferencias e intercambiarse el deseo mutuo de restituir el respeto
como instrumento para sustentar tareas asociadas con la reconciliación.
En tal sentido, enfrentar la conflictividad que permea el contexto socioeducativo
supone resolver las contradicciones de manera inteligente y racional, pero además,
reforzar las convicciones en torno a la gestión pacifica del desencuentro que a través de la
aplicación real y efectiva del diálogo; instrumento que hace de la confrontación una
posibilidad para precisar alternativas que integradas por una visión compartida redunden
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en la construcción de lazos de interdependencia que aportan a la cohesión social, al alcance
de una vida plena y fundada en el verdadero significado de ciudadanía.
Finalmente, la edificación de espacios socioeducativos en los que prime la paz
duradera, funcional y sostenible requiere instar a la humanidad hacia la praxis del diálogo
activo, la negociación flexible y la capacidad para establecer acuerdos que permitan la
construcción de una visión compartida; a través de la cual tender puentes de reconciliación
que evoquen no solo sentimientos asociados con el estar juntos, sino con la necesidad de
disponer la voluntad para reconstruir la vida en comunidad desde la cooperación conjunta,
como estrategia íntimamente vinculada con la resolución activa de conflictos.
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