
782
Serhii Ryk, Mykola Ryk, Svitlana Repetiy, Dolores Zavitrenko, Irina Makhnovska y Valentyna Kovalenko
Lineamientos generales para la construcción de una política de salud mental en el marco del
nuevo humanismo del siglo XXI
de investigación en español, con predominio de fuentes iberoamericanas,
responde al propósito de aanzar los vínculos académicos y cientícos que
en la última década se han venido desarrollando entre Europa del este, en
general, y América Latina, región que se caracteriza por poseer excelentes
universidades y revistas de alto impacto (Dymchenko et al., 2022).
Los problemas de las enfermedades mentales son multidimensionales y
difíciles de abordar, por lo tanto, pueden ser interpretados legítimamente
desde la psicología, la psiquiatría, la losofía, la sociología, la lingüística
o incluso la ciencia política. De hecho, en la psiquiatría es común hablar
de trastornos mentales más que de enfermedades propiamente dichas, ya
que el concepto de trastorno hace alusión a un fenómeno, en este caso, de
carácter bio-psico-social cuyo origen denitivo no está completamente
esclarecido (González y Pérez, 2007).
No es el propósito de esta investigación discutir las concepciones actuales
de la psiquiatría de mayor divulgación, sobre el alcance y signicado de las
enfermedades mentales (trastornos), ni avalar posturas antipsiquiatrías.
Basta reconocer el hecho irrefutable de que las personas que padecen:
depresión, ansiedad, estrés, bipolaridad, trastornos obsesivos-compulsivo
o esquizofrenia, entre otros, sufren por partida doble: las consecuencias
propias de su condición neurodiversa que normalmente rebasan lo que una
sociedad determinada considera como “conducta normal” y; por el otro, se
enfrentan a los prejuicios, estigmas y desconocimientos que las personas
comunes despliegan sobre estos temas, sin mucho fundamento.
¿Se puede suponer entonces que las enfermedades mentales son
únicamente una problemática individual sin consecuencias políticas y
económicas? Toda la evidencia disponible apunta a que no, ya que como
explicó en su momento el ilustre Eric Fromm, la misma idea de normalidad
es problemática y ha servido políticamente para adaptar a las personas y
comunidades a un conjunto de procesos económicos y socioculturales que,
en muchos casos, no responden a sus necesidades y aspiraciones como
personas libres. En este sentido, toda práctica, conducta o discurso que
atente contra la idea hegemónica de normalidad que identica, en acto y en
potencia, a un orden de cosas, es asumido acríticamente como patológica
o actividad subversiva (Fromm, 2001), de lo que se puede inferir entonces
que la normalidad misma como estándar general en términos de estilo de
vida es enfermiza, al negar las diversas posibilidades de ser y hacer en el
mundo.
Conviene recordar que, la concepción original de la política desarrollada
por los antiguos griegos supone que es político todo los concerniente a la
vida de la comunidad o la Polis, de modo que, rememorando en lo posible
esta visión de la política y lo político donde, por lo demás, las fronteras
propias de la modernidad entre las esfera pública y privada de la vida social
se torna difusa, los autores de la presente investigación asumen entonces