
Cristalización del Museo Nacional de Venezuela
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el desarrollo local y regional de una práctica sistemática
de coleccionismo y de colectas (“excursiones cientícas”).
A propósito, Ernst invita públicamente, desde la SCFN,
a los miembros corresponsales y amigos a la remisión de
“todos los objetos de historia natural que les parezcan inte-
resantes” o sean de conocimiento local. Además, incluye
las instrucciones a seguir en cuanto a los datos que deben
acompañar los especímenes; el embalaje y la conservación
para el envío de minerales, maderas, plantas (secas) y ani-
males “embalsamados y armados” o “pieles secas”; las ser-
pientes, los peces y mamíferos pequeños -con especial in-
terés en los murciélagos- e invertebrados como moluscos
y escarabajos “se mandarán en aguardiente” (Ernst 1869
[1988]).
Tercero, la naciente diseminación de los resultados de
observaciones y especulaciones cientícas, confrontadas
en publicaciones nacionales e internacionales o bajo el
amparo de una forma de sociabilidad, la SCFN (1866-
1878). Un ámbito de tertulias cientícas (Freites 1996:
84) o “pequeño círculo” según Ernst en la introducción al
primer número de la revista cientíca Vargasia, órgano de
dicha sociedad (Congreso de la República 1983). Promo-
vido por la iniciativa particular y voluntaria de los propios
tertulianos. Asimismo, en otro orden de interés, la publi-
cación de sus actas en la prensa venezolana (El Federalista
y La Opinión Nacional) puede evaluarse como una contri-
bución al registro y la estabilización de la producción local
de conocimientos de la naturaleza; abordada en tiempos
más recientes como tecnologías de papel (Constantino &
Pimentel 2018; Constantino 2018). Y cuarto, la vincula-
ción con la comunidad cientíca internacional y el acceso
a fuentes de información del extrarradio nacional.
Agregaremos como complemento a este conjunto. La
deriva de la sociedad venezolana de ser objeto de estudio
por parte de viajeros, naturalistas y exploradores foráneos,
a su reconocimiento como activo sujeto de conocimiento.
Estimulado en una gran medida por la resolución de los
tertulianos y la propensión al intercambio y la disemina-
ción local y nacional de observaciones, hallazgos y opinio-
nes (Freites 2002).
Sin embargo, este medio de enriquecimiento tanto para
el conocimiento cientíco como, en su momento, para la
materialización y aanzamiento del MN estaría modula-
do por tensas, lábiles y asimétricas interrelaciones entre las
guras tutelares, Guzmán Blanco y Ernst. Ya en la postri-
mería del último y corto mandato, el Bienio, y al disiparse
el impulso inicial se acentuaría el deterioro del artefacto
público (Texera Arnal 1991). Hallando un primer ciclo de
abandono, caracterizado por el escaso e inicuo apoyo o-
cial y una tácita parálisis tras los fallecimientos de ambos
personajes a nales de 1899. Guzmán Blanco en la ciudad
de París, algo alejado de una activa vida política y Ernst en
Caracas, ejerciendo la dirección del museo.
Una fiesta cívica, la Festividad Nacional del 28 de octubre
En un somero arqueo bibliohemerográco, hallaremos
como dato concurrente y fecha apuntada para el “acto in-
augural” del MN el 28 de octubre de 1875 (Bisbal 2013,
Vilera Díaz 2012, Lindorf 2008, Bisbal & Sánchez 1997,
Bigott 1995, Lew & Ochoa 1993, Fundación Museo de
Ciencias 1993, Peruga & Salvador 1988, Roche 1982, en-
tre otros. Tabla 1). Con independencia de la certeza o no
de ésta y su unánime aceptación; ninguna de las referen-
cias citadas presenta alguna fuente que sirviera de arbotan-
te para tal aseveración. Empero, la fecha es plausible y la
inadvertida apertura (González 2007) fue arropada por la
“Festividad Nacional del 28 de octubre”. De mayor fasto
social y en conmemoración del onomástico de Simón Bo-
lívar acorde con el calendario católico tradicional; descrita
en estas notas como una esta cívica (Salvador 2001).
Por otro lado, la fecha es raticada en la Memoria del
Ministerio de Fomento de 1876, encontrando el siguiente
párrafo. “Me congratulo con osotros, …, al haceros saber que
Venezuela tiene ya su Museo, inaugurado como la Biblioteca
el 28 de Octubre del año próximo pasado, en el cual existen
coleccionados i ordenados multitud de objetos de los tres rei-
nos de la Naturaleza, i otros que dicen relacion con la Histo-
ria Patria. Para llevar á cabo esa inauguración, el Gobierno
puso á disposición del Director del Museo la suma de tres-
cientos venezolanos.” (Ministerio de Fomento 1876, CXC).
Por añadidura, registra varias disposiciones indicadoras
del estado de la cuestión: la adquisición por compra al Dr.
Carlos E. Rojas Espaillat de una colección de aves “bien
preparadas y montadas” (Resolución CXCI, 2 de diciem-
bre de 1875). La remuneración del Dr. Ernst “por sus tra-
bajos en la organización del Museo Nacional” (Resolución
CXCII, 7 de enero de 1876) o el sobresueldo por el cargo
de director (Resolución CXCIII, 22 de enero de 1876) y el
nombramiento del portero del MN, el señor José Antonio
Lira y asignación del salario correspondiente (Resolución
CXCIV, 22 de enero de 1876). Empero, resalta la del 22
de diciembre de 1875 (Resolución CXCV), requiriendo,
a la brevedad, el informe y condición actual del museo a
escasos dos meses de la apertura.
En relación a la noción de esta cívica. Ésta va a con-
jugar y explayar un conjunto de elementos constitutivos
(Salvador 2001) que apelan, de manera consecutiva, a
diferentes niveles del intercambio simbólico. Entre otros,
destacaremos, un guion o libreto donde se expone un todo
ordenado o coherente y no tiene cabida la improvisación
o la insubordinación de los espectadores. La alusión a un
tiempo contiguo a lo sacro y la demarcación de un espacio