Moreno
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ANARTIA
Publicación del Museo de Biología de la Universidad del Zulia
ISSN 1315-642X (impresa) / ISSN 2665-0347 (digital)
https://doi.org/10.5281/zenodo.14589308 / Anartia, 39 (diciembre 2024): 28-42
Mostrar e instruir bajo un gobierno ilustrado: la cristalización
del Museo Nacional de Venezuela
To show and instruct under an enlightened government: The cristallization
of the National Museum of Venezuela
Hyram A. Moreno C.
Museo de Ciencias Naturales, Fundación Museos Nacionales, Centro Adolfo Ernst, Caracas.
Correspondencia: janokosebe@gmail.com
(Recibido 12-12-2023 / Aceptado: 11-10-2024 / En línea: 31-12-2024)
Todo es elocuente, no sólo la obra del hombre, sino también su cráneo que nos habla de
las razas del ser pensador, de la misma manera que los fósiles animales y vegetales son
los elocuentes historiadores de las épocas geológicas.
Los platos parlantes de la revolución venezolana, Arístides B. Rojas Espaillat (1940).
RESUMEN
La cristalización del Museo Nacional (MN) de Venezuela, entre 1874 – 1875, es el resultado de una lábil red donde llegan a
imbricarse intereses supeditados a una racionalidad meramente utilitaria: la construcción de una base material y nanciera
para el proyecto político liberal guzmancista, y no como expresión del avance de las ciencias naturales o de un vigoroso
movimiento intelectual o cientíco en el país. Para la base material, la república debería mostrar en exposiciones interna-
cionales la cornucopia de recursos y potencialidades naturales y en forma paralela, modernizar y secularizar los estudios
universitarios en la ciudad de Caracas. El mostrar fue determinado por el decreto de creación del MN (14 de julio de 1874),
así como la labor de facilitar y complementar la enseñanza de la recién establecida cátedra universitaria de Historia Natural.
El Museo de Ciencias Naturales asumirá el fortuito papel de albacea del MN, después de sucesivos capítulos de mudanzas u
otros cambios forzosos y discretos, sobrevenidos tanto en el continente (sede accidental o denitiva) como en el contenido
(fondos).
Palabras clave: Adolf Ernst, Antonio Guzmán Blanco, guzmancismo, museología, positivismo.
ABSTRACT
e crystallization of the National Museum (MN) of Venezuela, between 1874 and 1875, is the result of a weak network
in which the interests subordinated to a purely utilitarian rationality came to interweave: the construction of a material
and nancial base for the liberal political project of Guzman Blanco. And not as an expression of the progress of the natu-
ral sciences or of a vigorous intellectual or scientic movement in the country. For the material base, the republic should
showcase the cornucopia of natural resources and potentialities at international exhibitions and, in parallel, modernize and
secularize university studies in the city of Caracas. e display was determined by the decree of creation of the MN (14
July 1874), as well as the task of facilitating and complementing the teaching of the recently established university Chair
of Natural History. e Museo de Ciencias Naturales took on the fortuitous role of executor of the MN, aer successive
chapters of moves or other forced and discreet changes, both in the continent (accidental or denitive headquarters) and
in the content (collections).
Key words: Adolf Ernst, Antonio Guzmán Blanco, guzmancism, museology, positivism.
Cristalización del Museo Nacional de Venezuela
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INTRODUCCIÓN
Quod bonum, faustum, felix fortunatumque sit. Con esta
fórmula propiciatoria de un feliz resultado y buen augurio
concluye el primer director del Museo Nacional, Gustavo
Adolfo Ernst (1832-1899), el breve discurso de apertura
de tan notabilísima institución pública. No en balde, las
palabras augurales han demandado el efecto invocado muy
a pesar de una azarosa y mutante permanencia, a lo largo
de más de un siglo y cuatro décadas. En las presentes notas,
expondremos algunos aspectos historiográcos vinculados
con la cristalización en Venezuela de un Museo Nacional
(González 2007, Vilera Díaz 2013), soterrado aconteci-
miento ocurrido en la postrimería del siglo XIX, duran-
te el cuarto año de la primera administración o Septenio
(1870-1877) del presidente Antonio Guzmán Blanco
(1829-1899). Época con el mayor peso político y adelanto
material, visto el proyecto civilizador guzmancista in toto;
siendo junto al Quinquenio o la Reivindicación (1879-
1884) y la Aclamación Nacional o Bienio apenas ejercida
entre 1886 y 1887, el cariotipo del férreo y directo ejercicio
de su insoslayable y omnímodo mandato (Pino Iturrieta
1994, Floyd 1988). Para efectos de este ensayo, el guzma-
nato aludirá al régimen instaurado por el Guzmán Blanco,
entre 1870 y 1888, y a su ejercicio directo e indirecto.
La materialización de la idea de un museo, a todas lu-
ces un notorio esfuerzo, sería estimulada, de modo so-
bresaliente, por el propio jefe de Estado para incorporar
a la nación de propósito y de hecho en el concierto de las
exposiciones universales o mundiales (mostrar) y parale-
lamente, avanzar en la modernización y secularización de
los vetustos estudios universitarios en la ciudad de Caracas
(instruir). Reinstaurando algunas cátedras de idiomas y
dotándolos con las novísimas de Historia Universal y de
modo cardinal, la Historia Natural. Apalancada esta últi-
ma con una singular herramienta pedagógica, un museo;
cuya función establecida ex profeso, entre otras, era la de
acopiar y organizar los productos, ejemplares o muestras
para los diferentes proyectos expositivos donde participa-
ría el ilustrado y taumatúrgico gobierno. En consecuencia,
el Museo Nacional (MN) será el tangible e inédito resul-
tado de una frágil red. Donde concurren sin solución de
continuidad el dispositivo de mostrar; es decir, la puesta en
escena para los torneos de la civilización (expresión acuñada
por Vicente Marcano Echenique, 1848–1891). El escena-
rio ecuménico donde se expondrían las ventajas compara-
tivas de la nación y la mirada ilustrada a la feracidad natural
de la comarca. Con el dispositivo de instruir, vale decir el
establecimiento de la Historia Natural como asignatura
formal y obligatoria en diferentes carreras universitarias.
Modulada por una relativa y articiosa proximidad del
presidente Guzmán Blanco con algunos miembros de la
intelectualidad y ante todo, la determinación última de la
razón utilitarista: generar focos de atracción para la inver-
sión extranjera y poner a punto el aparato nanciero para
la dinamización de los procesos económicos (González
Deluca 1991). Un forzoso tributo para el proyecto liberal
guzmancista y la cimentación moral, ideológica y política
de la nación.
En este sentido, proponemos, la genealogía del MN
deberá exteriorizar a fortiori, una condición contingente
y un entorno de discretas y lábiles interrelaciones (Pod-
gorny & Lopes 2013, Podgorny 2010). Muchas de éstas
antecediéndolo y como hecho diacrónico, legitimándolo
con acentuada precariedad. Revelando, por lo menos, dos
enjundiosos y signicativos aspectos, a saber: una relatoría
de tensiones y negociaciones en el surgimiento y ulterior
condensación como artefacto público. Derivada de las ca-
rencias o las aspiraciones de alguna esclarecida voluntad o
desde el entorno político y social, una atemperada disposi-
ción y mimetismo (Podgorny 2010); expresándose estas en
un contorno cuasi simbiótico y con acentuada nitidez en
la díada guzmancismo/intelectuales, una efectiva base de
legitimación del poder (Franco Gil 2017) o articulación
biunívoca (Martín Frechilla 1999) desbordada por imáge-
nes sobre la autoridad y su acreditación moral.
Y el segundo aspecto, trata del desplazamiento o dispo-
sición de los acervos constitutivos o contenido del MN;
conforme, en gran medida, con la novedad y fragilidad del
propio artefacto público. Su origen puede hallarse en el rol
protagónico del mostrar y a la asunción de ordenamientos
tácitos e intuitivos. Donde prevalecerán las producciones
del país…que sean de importancia en las industrias, artes y
ciencias en contraposición a los objetos históricos y a los
especímenes u objetos de las ciencias naturales. En franca
correspondencia con el discrecional arbitrio, respaldado
por valoraciones sui géneris, de Guzmán Blanco y miem-
bros del gabinete para la selección e ingreso de colecciones.
En este horizonte de ideas y con clara referencia al Guz-
manato, asentamos el siguiente presupuesto: fue el único
mandatario del siglo XIX que alcanza la presidencia con
un coherente propósito de gestión política, administrativa
e ideológica (Carrera Damas 1988). Advirtiendo, además,
sobre la necesidad de no perder de vista al momento de exa-
minar con acierto los logros históricos desde aquel tiempo,
el sombrío escenario en que se hallaba sumida Venezuela
después de transcurridas cinco décadas del proceso inde-
pendista. O desde la perspectiva de la economía política y
en aras del mismo ejercicio visual, aquellos gestos, acciones
o intereses que participarán, con desigual magnitud, en la
producción y reproducción simbólica del régimen y sus
tiempos envolventes.
Moreno
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Fiat lux
De una u otra manera, el MN será una idea diferida y
gravada desde sus pasos genésicos, debido a su apremiada
dependencia a la economía política del Septenio. Veri-
cando, sin mayor rigor, la emergencia de un precario diálo-
go entre la praxis política y la embrionaria actividad cien-
tíca; y en lo sucesivo, a la pretensión por instrumentar el
elusivo adelanto material desde el horizonte gubernativo.
Una situación análoga, en Latinoamérica, para museos de
ciencias naturales en el siglo XIX (Lopes 2000, Moreno
2015). Los primordios pueden hallarse en el abanico de
opiniones anteriores al proyecto guzmancista. Muchas de
éstas o una gran parte de ellas, presentadas desde el exhorto
civilizador por distintas voluntades del estamento político
nisecular. Esfumándose a la postre y sin mayores conse-
cuencias en todos los casos tras concluir la declamación.
En efecto, el Secretario de Interior y Justicia de 1848
y avezado tribuno liberal Antonio Leocadio Guzmán,
una gura crepuscular pero con notable peso ideológico
y para mayor seña progenitor de A. Guzmán Blanco, es-
grimirá una propuesta de reedicación de la instrucción
pública, sustentada por ocho líneas estratégicas. En la sép-
tima, apunta la necesidad de establecer museos y jardines
botánicos. En tanto, pueden considerarse como “síntomas
de cultura” y ámbitos de estudios prácticos o “semillero de
adquisiciones y descubrimientos” (Fernández Heres 1985).
Presentaremos el bienio 1874-1875 como el trayecto
inicial del Museo Nacional. Ya iniciada la marcha civiliza-
dora del guzmanato y la promulgación de distintas medi-
das que estimularían el conocimiento cientíco y técnico
o el desarrollo de algunos proyectos para la explotación de
los recursos naturales. Estos acontecimientos pueden cir-
cunscribirse, en nuestro país, a la ciencia en la segunda mo-
dernización del siglo XIX (1870-1908) (Freites 1996). En
denitiva, el año de 1874 corresponde a la publicación del
decreto de creación en la Gaceta Ocial N° 299 (martes
14 de julio) de los Estados Unidos de Venezuela (OCEI
1972). Y el de 1875, a la apertura pública y solemne en el
marco de la denominada “Festividad Nacional del 28 de
octubre”. Acompañada con el discurso de Gustavo Adolfo
Ernst, fungiendo de manera ociosa como novel director y
dado a la estampa en La Opinión Nacional el 28 de octubre
de 1875 (Ernst 1875 [1988]). Un vocero fundamental de
la época y en singular del guzmancismo. A la sazón, encon-
traremos en ese texto una elocuente exhortación, transcu-
rridos unos quince meses del decreto citado.
“Permitidme empero observar, que ninguno de los dos es-
tablecimientos [se reere a la Biblioteca y al MN] se halla
ya en el estado de perfección que corresponde á la civiliza-
ción venezolana y á las exigencias modernas de la ciencia.
Ambos necesitan la protección duradera del patriotismo para
llegar á ser fuentes abundantes é inagotables que fertilicen
los oridos campos de las letras patrias. (Negrillas fuera del
texto).
En el lapso comprendido entre el mes de julio de 1874
y la apertura en octubre de 1875, Ernst trabajó, entre otros
encargos ociales, en la preparación, organización y cla-
sicación de los fondos primigenios (contenido). Encon-
traremos en la introducción de la Memoria (Ministerio de
Fomento 1875), correspondiente al ejercicio del año pre-
cedente, el siguiente texto.
“Como complemento de los cursos de Historia Natural
que se han hecho obligatorio para ciertos grados académi-
cos, el Gobierno creyó conveniente el establecimiento de un
Museo en la Ilustre universidad Central, en que pudieran los
alumnos adquirir los conocimientos prácticos que son indis-
pensables para alcanzar utos provechosos en este importante
ramo cientíco. Y no solo jo su atención en punto tan espe-
cial interés, sino que se prometió hacer servir el instituto [el
MN] á otros varios y cónsonos objetos de pública convenien-
cia y de lustre y gloria para la patria, señalando una sección
Figura 1. Anteportada del libro de notas de prensa sobre Adolfo
Ernst. Archivos Museo de Ciencias Naturales de Caracas.
Cristalización del Museo Nacional de Venezuela
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en él para coleccionar nuestros recuerdos históricos y darle así
mayor ensanche é importancia. (Ministerio de Fomento
1875).
Aparte, en dos informes de Ernst (anexos a la memo-
ria citada) se hallan los avances del museo. Reparemos en
algunos de los detalles. El primero, con data del 15 de no-
viembre de 1874 (Ministerio de Fomento 1875: 94-96),
enumera las actividades realizadas hasta la fecha: el trasla-
dado de la colección mineralógica y geológica del Dr. José
Vargas a un salón asignado en la edicación universitaria
(actual Palacio de las Academias); junto al aprovechamien-
to y mantenimiento del mobiliario y estantería sobrante
de la instalación de la Biblioteca. Acerca de la colección
Vargas, la describe como “muy rica y bien conservada en 14
mesas con sus respectivas gavetas. Señalando la necesidad
de limpiarla y cambiar los rótulos con los nombres de las
muestras. En otro asunto, propone la formación de un fon-
do de numismática venezolana. También, indica cuales son
los fondos primigenios de historia natural: una diversidad
de objetos que se encuentran en el Ministerio de Obras Pú-
blicas y en la caraqueña Sociedad de Ciencias Físicas y Na-
turales (SCFN) más su colección particular. Agregando,
su conanza en que todo ello estimularía al público a ceder
otros objetos o colecciones, teniendo a la vista un recinto
donde serán conservados.
Más adelante, aludirá al requerimiento de algunos re-
cursos en metálico para continuar con las actividades em-
prendidas y discrimina en un presupuesto preliminar las
diferentes erogaciones (cuyo monto total asciende a dos-
cientos venezolanos). A saber, la contratación de personal
temporal (un peón por seis días y un asistente por una se-
mana); la adquisición de vidrios para las ventanas, clavos,
martillos, cabuya o cuerda, arreglo de cerraduras, trans-
porte de objetos o escobas y cepillos para la limpieza. Así
como materiales para la conservación y el mantenimiento,
básicamente, de ejemplares biológicos preservados en al-
cohol: frascos bocones y otros envases de diferente tama-
ño, aguardiente (alcohol etílico), glicerina, corchos, yeso
o para la constitución del corpus documental de coleccio-
nes: libro de catálogo, papel para las etiquetas, goma y por
último, una partida de gastos imprevistos. Apuntando la
posibilidad de inaugurarlo en fecha muy cercana, “el sábado
próximo, cuando más tarde(seis días a lo sumo) en tanto
obtuviera los recursos solicitados. Sin omitir una prudente
observación, aún estaban por jar los salarios del director y
un asistente. (Ministerio de Fomento 1875).
El segundo tiene por título “Informe sobre el estado ac-
tual del Museo Nacional, é indicacion de los trabajos que
son aun necesarios para ponerlo á la disposición reglamen-
tada del público.Y corresponde al 20 de febrero de 1875
(Ministerio de Fomento 1875: 97-98) a escasos dos meses
del primero. Son incrementadas las colecciones, pero con
una mayor heterogeneidad tipológica: ingresa un diverso
conjunto de ofrendas presentadas por diferentes personas
y corporaciones el día de la inauguración de la estatua del
Libertador (7 de noviembre de 1874). Así como “retratos
de hombres eminentes y recuerdos preciosos del Libertador”.
Proponiendo Ernst, con asaz anticipación, es de esperar
que esta colección llegue á ser el núcleo de un Museo espe-
cial, que reunirá todos los recuerdos que ha dejado el Héroe
Sur-americano (negrillas fuera del texto). En torno a ello,
hubo una larga expectación que culminaría el 24 de junio
de 1911, al inaugurarse en Caracas el Museo Boliviano o
Bolivariano.
En la sección de historia natural, ingresan las donacio-
nes de los herbarios del Dr. Vargas y la Sociedad Botánica
de París. Esto es, una colección de “seiscientas plantas secas
y seis folletos de Botánica depositados hasta ese momento
en la SCFN (Ministerio de Fomento 1874). Remitidos en
1873 por el presidente de dicha corporación, a través del
cónsul de Venezuela en aquella ciudad. En otro párrafo,
Figura 2. Artículo original en La Opinión Nacional del día 28
de octubre de 1875, discurso de apertura del Museo Nacional.
Moreno
32
describe muy sucintamente las colecciones señaladas en el
antecedente: una compilación de objetos de los tres reinos
de la naturaleza formada por la SCFN y diversos especí-
menes de minerales y maderas venezolanas enviados por
el Ministerio de Obras Públicas; prescindiendo de alguna
referencia acerca de su propia donación. En relación a las
plantas donadas por Vargas, dice Ernst en 1877; “…en di-
ciembre de 1873, empezamos a registrar lo que de ella aún
existía en uno de los salones de la Universidad, hallamos la
mayor parte de las plantas totalmente destruidas e inutiliza-
das, y casi todas sin nombres u otras notas correspondientes…
Los restos del herbario los conservamos hoy en el Museo Na-
cional, y los hemos arreglado tanto como lo ha permitido el
estado de las plantas(Ernst 1877 [1988, IX: 482]).
En otro orden de ideas y de manera coetánea, a escasos
días del decreto de creación del MN Ernst es designado
catedrático (interino) de Historia Natural de la Universi-
dad Central de Venezuela (Ramos Guerrero 2016: 85) y
con ello, la primicia de un curso universitario de ciencias
naturales (Lindorf 2008, Texera Arnal 1994). Dejando en-
trever, allende de una incauta coincidencia cronológica, la
constreñida relación entre los motivos implícitos volcados
en la redacción del decreto, para uno u otro de los actores
principales y las funciones establecidas para el novísimo
artefacto público. El museo, como una sentida y persona-
lísima aspiración de Ernst, venía fraguándose desde por lo
menos un año antes. En benecio de lo dicho, se constata
en su solicitud al presidente Guzmán Blanco fechada el 18
de febrero de 1873 (Martín Frechilla 1999, Pérez Marche-
lli 1983); allí muestra su disposición a franquear la moro-
sidad administrativa, sin escatimar en alguna prevenida
zalema.
“Espero que usted no encuentre inoportuno si me permite
recordarle el decreto sobre establecimiento del Museo Públi-
co y Nacional de Caracas. Hace muchas semanas que se han
presentado al Ministerio de Fomento, entonces aún encarga-
do de ese asunto, las Memorias detalladas sobre la organiza-
ción de los diferentes ramos, y sería en mi humilde concepto
muy conveniente que usted a quien pertenece enteramente el
hermoso pensamiento de fundar tal instituto, diera el decreto
desde luego, pues hay de temer que el Congreso diera la cues-
tión de un día a otro, de modo que tal vez ni siquiera llegará
resolverse en este período legislativo.
Creo que un Decreto general, como el borrador que me
permito incluir, bastaría por ahora; la reglamentación y
demás pormenores administrativos pueden venir más tarde.
Importa por ahora que usted diga la palabra creadora, el at
lux del Museo, para que esta creación se una inmediatamente
a otras obras tantas de utilidad general, que constituyen el
carácter esencial de la feliz época que hoy atraviesa este her-
moso país.
De acuerdo a las fuentes primarias revisadas hasta el
presente, la designación ocial de Ernst como director del
museo fue el 27 de julio de 1876 (Ramos Guerrero 2016:
91). No obstante, una temprana e incuestionable labor
como propulsor, curador de las colecciones e inadvertido
trabajo en la puesta en escena del muestrario vernáculo
para distintas exposiciones mundiales. A guisa de ejem-
plos, la Exposición Nacional de Agricultura en Santiago
de Chile (1875). Asumiendo el catedrático y “director”, la
selección y clasicación de los productos y materias primas
nacionales. Así como, la redacción y edición del catálogo
que acompañaría la muestra expositiva (Ernst 1875). O en
años anteriores, el acopio y selección de las muestras de di-
versos productos del país y su remisión para la Exposición
Internacional de Viena (Ministerio de Fomento 1873:
86-87) y un fondo de más de “600 objetos de agricultura y
otros ramos de producción de Venezuela” y elaboración del
catálogo para la Exhibición Internacional de Producciones
Agrícolas en Bremen (Ministerio de Fomento 1875).
Nueve años más tarde, en un documento fechado el 16
de octubre de 1883 (Ramos Guerrero 2016: 96), encon-
traremos un segundo nombramiento como catedrático
de Historia Natural. Presumimos que correspondería a
su raticación o a la titularidad de la cátedra. Recibiendo,
además, con idéntica data (1874 y 1883) la enseñanza del
idioma alemán en la Universidad Central (Ramos Guerre-
ro 2016).
Ahora bien, la ponderación del locus cultural alcanza-
do, por el MN, en la década inicial arroja unas contribu-
ciones elementales: primero, desde el ámbito museológi-
co, implantará de manera intuitiva algunos primordios de
la actividad museal en el último cuarto del siglo XIX. Al
plantear prácticas de exhibición o expográcas y narrati-
vas museológicas congruentes con la emergente demanda
política y social de la centuria. Segundo, el museo será un
factor coadyuvante o complementario en el surgimiento
de unas bases o condiciones mínimas para el progreso de
las ciencias naturales (Texera Arnal 2003; 1995 y 1994);
y tercero, tendrá algún desempeño en la emergencia local
del ethos de la ciencia. Es decir, en la conguración de unas
pautas tácitas que guían y regulan el quehacer cientíco,
embrionario en nuestro caso, de un grupo de amigos de las
ciencias físicas y naturales.
Conforme a la segunda contribución, ampliaremos la
caracterización de esas bases (Texera Arnal 2003; 1995 y
1994), sancionadas de manera implícita por el ideario po-
lítico e ideológico del Guzmanato. En primer lugar, el giro
copernicano en los estudios profesionales de Farmacia, In-
geniería y Medicina; al incorporar como curso trienal el
estudio obligatorio de las ciencias naturales. Segundo, la
conformación de acervos vinculados a tales ciencias, con
Cristalización del Museo Nacional de Venezuela
33
el desarrollo local y regional de una práctica sistetica
de coleccionismo y de colectas (“excursiones cientícas).
A propósito, Ernst invita públicamente, desde la SCFN,
a los miembros corresponsales y amigos a la remisión de
“todos los objetos de historia natural que les parezcan inte-
resantes o sean de conocimiento local. Además, incluye
las instrucciones a seguir en cuanto a los datos que deben
acompañar los especímenes; el embalaje y la conservación
para el envío de minerales, maderas, plantas (secas) y ani-
males “embalsamados y armados o “pieles secas; las ser-
pientes, los peces y mamíferos pequeños -con especial in-
terés en los murciélagos- e invertebrados como moluscos
y escarabajos “se mandarán en aguardiente (Ernst 1869
[1988]).
Tercero, la naciente diseminación de los resultados de
observaciones y especulaciones cientícas, confrontadas
en publicaciones nacionales e internacionales o bajo el
amparo de una forma de sociabilidad, la SCFN (1866-
1878). Un ámbito de tertulias cientícas (Freites 1996:
84) o “pequeño círculosegún Ernst en la introducción al
primer número de la revista cientíca Vargasia, órgano de
dicha sociedad (Congreso de la República 1983). Promo-
vido por la iniciativa particular y voluntaria de los propios
tertulianos. Asimismo, en otro orden de interés, la publi-
cación de sus actas en la prensa venezolana (El Federalista
y La Opinión Nacional) puede evaluarse como una contri-
bución al registro y la estabilización de la producción local
de conocimientos de la naturaleza; abordada en tiempos
más recientes como tecnologías de papel (Constantino &
Pimentel 2018; Constantino 2018). Y cuarto, la vincula-
ción con la comunidad cientíca internacional y el acceso
a fuentes de información del extrarradio nacional.
Agregaremos como complemento a este conjunto. La
deriva de la sociedad venezolana de ser objeto de estudio
por parte de viajeros, naturalistas y exploradores foráneos,
a su reconocimiento como activo sujeto de conocimiento.
Estimulado en una gran medida por la resolución de los
tertulianos y la propensión al intercambio y la disemina-
ción local y nacional de observaciones, hallazgos y opinio-
nes (Freites 2002).
Sin embargo, este medio de enriquecimiento tanto para
el conocimiento cientíco como, en su momento, para la
materialización y aanzamiento del MN estaría modula-
do por tensas, lábiles y asimétricas interrelaciones entre las
guras tutelares, Guzmán Blanco y Ernst. Ya en la postri-
mería del último y corto mandato, el Bienio, y al disiparse
el impulso inicial se acentuaría el deterioro del artefacto
público (Texera Arnal 1991). Hallando un primer ciclo de
abandono, caracterizado por el escaso e inicuo apoyo o-
cial y una tácita parálisis tras los fallecimientos de ambos
personajes a nales de 1899. Guzmán Blanco en la ciudad
de París, algo alejado de una activa vida política y Ernst en
Caracas, ejerciendo la dirección del museo.
Una fiesta cívica, la Festividad Nacional del 28 de octubre
En un somero arqueo bibliohemerográco, hallaremos
como dato concurrente y fecha apuntada para el “acto in-
augural” del MN el 28 de octubre de 1875 (Bisbal 2013,
Vilera Díaz 2012, Lindorf 2008, Bisbal & Sánchez 1997,
Bigott 1995, Lew & Ochoa 1993, Fundación Museo de
Ciencias 1993, Peruga & Salvador 1988, Roche 1982, en-
tre otros. Tabla 1). Con independencia de la certeza o no
de ésta y su unánime aceptación; ninguna de las referen-
cias citadas presenta alguna fuente que sirviera de arbotan-
te para tal aseveración. Empero, la fecha es plausible y la
inadvertida apertura (González 2007) fue arropada por la
“Festividad Nacional del 28 de octubre”. De mayor fasto
social y en conmemoración del onomástico de Simón Bo-
lívar acorde con el calendario católico tradicional; descrita
en estas notas como una esta cívica (Salvador 2001).
Por otro lado, la fecha es raticada en la Memoria del
Ministerio de Fomento de 1876, encontrando el siguiente
párrafo. Me congratulo con osotros, …, al haceros saber que
Venezuela tiene ya su Museo, inaugurado como la Biblioteca
el 28 de Octubre del año próximo pasado, en el cual existen
coleccionados i ordenados multitud de objetos de los tres rei-
nos de la Naturaleza, i otros que dicen relacion con la Histo-
ria Patria. Para llevar á cabo esa inauguración, el Gobierno
puso á disposición del Director del Museo la suma de tres-
cientos venezolanos. (Ministerio de Fomento 1876, CXC).
Por añadidura, registra varias disposiciones indicadoras
del estado de la cuestión: la adquisición por compra al Dr.
Carlos E. Rojas Espaillat de una colección de aves bien
preparadas y montadas(Resolución CXCI, 2 de diciem-
bre de 1875). La remuneración del Dr. Ernst por sus tra-
bajos en la organización del Museo Nacional” (Resolución
CXCII, 7 de enero de 1876) o el sobresueldo por el cargo
de director (Resolución CXCIII, 22 de enero de 1876) y el
nombramiento del portero del MN, el señor José Antonio
Lira y asignación del salario correspondiente (Resolución
CXCIV, 22 de enero de 1876). Empero, resalta la del 22
de diciembre de 1875 (Resolución CXCV), requiriendo,
a la brevedad, el informe y condición actual del museo a
escasos dos meses de la apertura.
En relación a la noción de esta cívica. Ésta va a con-
jugar y explayar un conjunto de elementos constitutivos
(Salvador 2001) que apelan, de manera consecutiva, a
diferentes niveles del intercambio simbólico. Entre otros,
destacaremos, un guion o libreto donde se expone un todo
ordenado o coherente y no tiene cabida la improvisación
o la insubordinación de los espectadores. La alusión a un
tiempo contiguo a lo sacro y la demarcación de un espacio
Moreno
34
ritual sustentado por una escenografía urbana, episódica y
solemne. Asumiendo estos elementos y en concordancia
con la efeméride, fueron inaugurados el 28 de octubre de
1875 la estatua ecuestre del presidente Antonio Guzmán
Blanco, “El Saludante” como llegaría a ser conocida de ma-
nera coloquial, en el paseo homónimo (localizado entre el
actual Palacio de las Academias y la fachada sur del Palacio
Federal Legislativo); el Panteón Nacional y otras obras de
interés público: la Universidad; la Biblioteca; el Museo y
un observatorio astronómico (Anónimo 1875b).
Conozcamos otros detalles de la esta de marras. Se ini-
ció en la víspera, con una salva de 21 cañonazos y el izado
del pabellón nacional a las 12:00 m. En la tarde, la ilumi-
nación general de Caracas; la plaza Bolívar y todo el sector
norte de la Plaza Guzmán Blanco (asiento del monumen-
to); junto al rutilar de juegos pirotécnicos. El día 28 a las
7:00 a.m., tras una salva de 21 cañonazos que retumbó dos
horas antes; la comisión encargada por el Congreso Fede-
ral, presidida por Jacinto Gutiérrez, procedió, con el acom-
pañamiento de ministros, empleados, distintos gremios y
otros estamentos de la sociedad capitalina, a inaugurar y
entregar las obras que atañen a la institución universitaria.
Es decir, a modo de ritornelo, la Universidad; la Biblioteca;
el Museo y un observatorio astronómico y una hora más
tarde, la inauguración de “El Saludante”. Concluyendo la
solemnidad cívica, a las 5:00 p.m., con la inauguración del
Panteón Nacional (Anónimo 1875a).
Apenas a un año del patriótico fasto; el testimonio del
médico alemán Carl Sachs (1853-1878) durante su visita
a Venezuela entre los meses de octubre de 1876 y julio de
1877 (Sachs [1987]), da pie a lo dicho en cuanto al estu-
co ornamental. Apuntando lo siguiente. “La prolongación
del ente de la Universidad forma una angosta fachada,
provista de una torre, y que me fué señalada como el museo.
Curioso por ver de este museo algo más que la fachada, me
dirigí a donde yo creía que debía estar la pared lateral del
edicio. Francamente, tuve que reírme cuando me convencí
de que todo el museo, a la manera de un bastidor de teatro,
consistía solamente en aquella pared de la fachada.(Sachs
[1987]: 31).
El médico había mantenido una relación epistolar
con Ernst, mucho antes de su viaje. Desprendiéndose de
su testimonio, la amistad y el reconocimiento del trabajo
botánico de Ernst; agregando.Tiene el mérito de haber
Tabla 1.
Fecha de inauguración del
Museo Nacional, MN Autor (es) Año de la referencia
bibliohemerográfica
1 28 de octubre de 1875 Francisco Bisbal 2013
2 28 de octubre de 1875 Diana Vilera Díaz 2012
3 1874 Helga Lindorf 2008
4 28 de octubre de 1875 Lionel Muñoz 1999
5 1879, Instituto Nacional de Venezuela Francisco Bisbal y Javier Sánchez 1997
6 1875 Luis Antonio Bigott 1995
71879, Instituto Nacional de Venezuela
/1873, decreto de creación Daniel Lew y José Ochoa 1993
8 28 de octubre de 1875 Fundación Museo de Ciencias (FMC) 1993
9 28 de octubre de 1875 Domingo Miliani 1989-1990
10 28 de octubre de 1875/
1874, decreto de creación Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) 1989
11 28 de octubre de 1875 Iris Peruga y José María Salvador 1988
12 28 de octubre de 1875 Marcel Roche 1982
13 28 de octubre de 1875 Abdem Ramón Lancini Villalaz 1981
14 28 de octubre de 1875 Blas Bruni Celli 1968
15 1874, decreto de creación Instituto Nacional de Cultura
y Bellas Artes (Inciba) 1966
16 11 de julio de 1874 Mario Briceño-Iragorry 1946
17 28 de octubre de 1875 Rafael A. Rondón Márquez 1944
18 1875 Anónimo 1940
Cristalización del Museo Nacional de Venezuela
35
despertado en Caracas el interés por el estudio de las ciencias
naturales y es alma de todos los esfuerzos que en este sentido se
hacen en el país. (Sachs [1987]: 35). A su vez, Ernst ofrece
en La Opinión Nacional del 3 de noviembre de 1876, una
pública bienvenida y exaltación del propósito cientíco
de Sachs en Venezuela, comisionado por la Academia de
Ciencias de Berlín: el estudio anatómico y siológico del
temblador (Electrophorus electricus), pez gimnotiforme de
los ríos llaneros (Ernst 1876 [1988]). En enero de 1877,
fue admitido en la SCFN como socio corresponsal y de
acuerdo al acta de la sesión 88 de dicha corporación, re-
mitiría al museo un ejemplar de temblador conservado en
alcohol (Bruni Celli 1968).
En 1877, Vicente Marcano Echenique publica “Brechas
en una fachada gótica (Tribuna Liberal, Nº 63 -20 de agos-
to de 1877- citado en Bifano 2003) criticando sin “mode-
ración debida(Gaspar Marcano Echenique dixit) la nueva
fachada de la Universidad y la enseñanza de la Historia Na-
tural. En cuanto al frontis. “Empezó por hacer vestir al edi-
cio la librea del Septenio, fabricándole una fachada gótica en
la que falsicaron los aljofarados y los encajes de piedra… con
groseras imitaciones de barro cocido, y las atrevidas echas
con tabiques de caña amarga y yeso.En el fondo, Marcano
sería un adversario circunstancial del presidente Guzmán
Blanco y crítico riguroso de las ideas y labores de Ernst.
Años más tarde, entre 1878 y 1881, el museo desarrolla-
ba sus actividades en la sede circunstancial. La señorita Jen-
ny de Tallenay, hija del encargado de negocios y cónsul ge-
neral de Francia en Venezuela, llega a Caracas en compañía
de sus padres a nales de agosto de 1878. En los apuntes de
su estancia, describirá al museo en los siguientes términos.
“Parlons dabord du musée. Ou lui a consacré une vaste
salle, située au premier étage du convent [se reere a la sede
de la universidad, un antiguo convento franciscano]. Pour
le moment, elle contient un assemblage confus dobjets de
curiosité plutôt qu’nne série de collections sérienses. Son
conservateur [Ernst], dailleurs trés capable, na ni les loisirs,
ni les fonds nécessaires pour les classer et le compléter.(Ne-
grillas fuera del texto) (Tallenay 1884). En otras líneas,
maniesta su asombro por la exhibición de una tsantsa
o cabeza reducida. Un “objeto casi fantástico o trofeo de
la vida salvaje en las propias palabras de Jenny de Talle-
nay. Tratándose, sin lugar a dudas, de la pieza descrita por
Ernst en la Gaceta Ocial de Venezuela del 12 de diciembre
(1879 [1988]); actualmente en el Museo de Ciencias Na-
turales. El trabajo es “Descripción de una cabeza desecada
de india, regalada al Museo Nacional” y reseña el objeto de
historia natural” enviado el 2 de diciembre al MN por la
Dirección de Instrucción Superior (adscrita al Ministerio
de Fomento). El Dr. Pedro Arnal, en calidad de ministro,
gira instrucciones al director del museo para hacer la cla-
sicación correspondiente e informar al despacho sobre el
objeto. Días más tarde, Ernst conversa con Guzmán Blan-
co y el 17 del corriente le remite copia de la descripción
junto a una misiva, donde comenta. Como supiese esta ma-
ñana por sus palabras que aún no había visto el informe que
en días pasados presenté al ministro de Fomento acerca de
la cabeza desecada donada por Ud. al Museo, me permito
eniarle incluso una copia de este trabajo (…) aprovechando
la oportunidad de repetir a Ud. las veces de mi perfecta ad-
miración con las que me suscribo de Ud. muy atento y seguro
servidor y amigo… (Negrillas fuera del texto) (Citado en
González 2007).
Continuando con el testimonio de Tallenay. En otro
párrafo, reitera su desconcierto por la abigarrada exposi-
ción de las colecciones: objetos históricos o reliquias (por
ejemplo, el estandarte o pendón de Pizarro y el ataúd don-
de transportaron los restos de Simón Bolívar desde Santa
Marta, Colombia) junto a especímenes zoológicos: aves
taxidermizadas, mariposas, coleópteros, arañas y escorpio-
nes; botánicos y mineralógicos (Tallenay 1884).
Un informe consignado por Ernst, con fecha del 31 de
diciembre de 1876 (Ministerio de Fomento 1877), permite
apreciar el crecimiento del contenido; algunos problemas
del continente y como dato de interés, el total de visitantes
que ha recibido el MN: alcanza á más de 5.000”. Veamos
los otros asuntos. Entre los diversos ingresos de la sección
histórica menciona: el papel moneda emitido a principios
de la guerra de independencia (cinco billetes enmarcados
del valor de un peso cada uno), donados por el presiden-
te Guzmán Blanco; las charreteras del general M. Gil y las
ofrendas de los diferentes gremios el día de la apoteosis del
Libertador. Es decir, el traslado de los restos mortales de Si-
món Bolívar al Panteón Nacional (28 de octubre de 1876).
En la de Historia Natural ingresaron “reptiles y batracianos
[sic] y un gran número de muestras botánicas y productos
vegetales, rocas y minerales del país. Muchos de éstos son
donaciones de particulares y empleados como el señor F.
Montolieu, o adquiridos por compra. Acerca del continen-
te, señala la insuciencia del salón debido al incremento de
los fondos y tres urgentes requerimientos: lugar, luz y re-
cursos. Al parecer, el presidente Guzmán ya había decidido
separar las dos grandes secciones del MN en sendos salones
y en cuanto a los recursos, Ernst requería la asignación de
un monto mensual para los gastos del museo.
Para nalizar, expone “…tengo la íntima convicción de
que así el Museo nacional en muy corto tiempo llegará á ser
lo que debe ser segun los miramientos de su Ilustre Fundador:
un tesoro de recuerdos históricos, una exhibición perma-
nente de los ricos productos de nuestra naturaleza, un Ins-
tituto de instrucción cientíca y popular. (Negrillas fuera
del texto) (Ministerio de Fomento 1877: 576).
Moreno
36
Mostrar e instruir
Entre las funciones dispuestas por el decreto genésico
de 1874 (CONAC 1989: 29-30, anexo 3); está trazada
con nitidez la orientación pedagógica del MN desde el ám-
bito universitario. Al facilitar y complementar la enseñan-
za de la Historia Natural (Art. 1º) y ejercer, por fuerza del
mismo acto administrativo, la dirección del museo desde la
regencia de la cátedra (Art 3º). Sin desatender los cánones
de toda institución museística, abierta a los visitantes (Art.
8º) y a los modos de transferencia y difusión: uso (inves-
tigación, educación) y disfrute (esparcimiento). Incluyen-
do, además, las dos secciones iniciales que conguraron al
museo decimonónico: una de Etnográca Histórica y la de
“Historia Natural (Art. 1º).
Sin embargo, se ha diferido la ponderación de otra de
las funciones incorporada en el decreto citado. Reparemos
en el artículo 7º. “El Director del Museo Nacional tendrá el
encargo de recoger las colecciones de productos nacionales, con
que el Poder Ejecutivo resolviere tomar parte en las Exposi-
ciones universales o industriales de otros países(CONAC
1989). A todas luces de trascendente valor e importan-
cia para la arrobada retórica guzmancista (Texera Arnal
1994). Pero, incompleto o poco explícito dadas las diver-
sas tareas que involucraba la realización de cada muestra-
rio. Una ingente tarea que venía adelantando Ernst para los
diferentes proyectos expositivos -“torneos de la civilización
Marcano dixit o “del progreso por Guzmán Blanco- donde
la república llegó a participar “modesta, pero decorosamen-
te” (Mensaje del general Guzmán Blanco al cuerpo legis-
lativo en 1877, Floyd 1988). Al n y al cabo, el propósito
primordial del dispositivo de mostrar era visibilizar la cer-
tidumbre de las potencialidades o ventajas comparativas
(esencialmente, productos nacionales y recursos naturales)
en las vitrinas internacionales o locales.
En efecto, para la postrimería del septenio la nación ha-
bía participado en cuatro certámenes “de la producción y de
la industria universales: la “Exposición Universal de Vie-
na” en 1873, con 294 objetos y la obtención de 23 premios
(Ernst 1873 [1988]). La “Internacional de Agricultura de
Bremen” en 1874, enviando cerca de 400 objetos y entre
otros logros, presentaron los resultados del primer Censo
General de la Nación (1873). Como expositor consigue
la gran medalla de oro y una de plata para el comisiona-
do (Ernst 1873 [1988]). Al año siguiente, 1875, participa
con 600 objetos en la “Exposición Internacional de Chile”,
obtendrá 50 premios y en 1876, la “Exposición Interna-
cional de Filadela”; participó con igual cantidad que la
precedente y mereció 27 premios (Floyd 1988). Y adelan-
tado al menos, los nombramientos de los comisionados y
del encargado del acopio de los objetos para participar en
la de París. Para todas, se realizarían recopilaciones y selec-
ciones previas y elaborarían inventarios; catálogos o listas
con información sobre su proveniencia o en algunos casos
describiendo sus bondades (Texera Arnal 1994, Bruni Ce-
lli 1964). Y los objetos propiamente, mercancías naciona-
les, plantas, animales o minerales, serían ordenados y ex-
puestos con evidente apego a la racionalidad y sensibilidad
epocal. Recurriendo, en lo sucesivo, a la misma práctica de
exhibición en otras vitrinas internacionales como la “Ex-
posición de Boston” (1883) (Ernst 1883 [1988]) o en la
ciudad de Caracas la excepcional “Exposición Nacional”
(1883) (Ernst [1988]); levantada con exclusivo tesón e
inmensos recursos a propósito del primer centenario del
nacimiento del Libertador (Calzadilla et al. 2009, Texera
Arnal 1995). Seguida en 1894 por la “Centenaria del Al-
godón” de Nueva Orleans (Ernst 1884 [1988]) y más tar-
díamente, la “Exhibición Colombina” en Chicago (1893)
(Ernst 1891 [1988], 1894 [1988]). Tratándose éstas de la
secuela utilitaria del dispositivo, tras la irreversible desace-
leración de la empresa civilizadora. De acuerdo a un corto
repertorio elaborado por Ernst (1886); el país habría con-
quistado ciento ochenta y tres premios en ocho exposi-
ciones internacionales, entre los años de 1862 (Londres)
hasta la de Buenos Aires (1881).
Abolengo y mutismo
La entidad ancestral más próxima al Museo Nacional es
la SCFN y el coleccionismo ilustrado experimentado, tem-
pranamente, por dicha tertulia cientíca en poco más de
una década de actividad (1867-1878). Sin embargo, halla-
mos un dato paradójico en sus actas: la ausente recepción
(pasiva o activa) de dos signicativos temas. Por un lado, la
propuesta de un museo y por la otra, alguna exposición de
conceptos, ideas o manifestación sobre la Historia Natu-
ral. Ninguno de éstos fue presentado durante sus frecuen-
tes reuniones de los lunes; una o dos mensual, alcanzando
un número mayor a las doscientas.
En el arqueo de las actas compiladas por Bruni Celli
(1968,) puede vericarse que ningún miembro, residente
o corresponsal, presentó la idea de crear un repositorio for-
mal para los singulares y diversos acervos que venían reu-
niendo. Más allá de la libérrima acumulación de muestras y
ejemplares generada por las donaciones de propios o extra-
ños, a modo de un improvisado gabinete de Historia Na-
tural. O en otro sentido, expuso el valor de un museo como
divulgador del progreso y la civilización o alguna reexión
de la historia natural como campo de conocimientos. De
acuerdo al propio Ernst, la SCFN contaba con alrededor
de 70 miembros ordinarios o residentes, 60 correspon-
dientes y 25 honorarios (1870 [1988]).
Lustros más tarde, Rafael Villavicencio antiguo miem-
bro residente de la ya extinta SCFN y profesor universita-
Cristalización del Museo Nacional de Venezuela
37
rio de Historia Universal, así como propulsor venezolano
del positivismo sui géneris venezolano (de la Vega 1998);
presentará en “Las Ciencias Naturales en Venezuela” una
atildada y ponderada opinión acerca del rol desempeñado
por dicha corporación (Villavicencio 1895 [1974]: 231-
238). La SCFN promovió dos meritorias contribuciones.
La primera, estimuló la práctica de las excursiones cientí-
cas. Cuyos resultados facilitaron que llegaran á ser perfec-
tamente conocidos, bajo el punto de vista de la historia na-
tural, todos los alrededores de Caracas(Villavicencio 1895
[1974: 233-234]).
“El segundo benéco…, fue que sus trabajos llamaron la
atención pública y la del gobierno, y dieron motivo á la
creación de la cátedra de historia natural en la Universi-
dad, y al establecimiento del museo nacional, hechos que
se debieron al general Guzmán Blanco en su primera admi-
nistración. Nombrado profesor de la primera y director del
segundo el Doctor Adolfo Ernst, consagró todas sus facultades
á la difusión de los conocimientos referentes á la naturaleza y
al adelanto y perfeccionamiento del museo. (Negrillas fuera
del texto). Agregando, más adelante, una breve apostilla
sobre el museo “…el rico museo que posee la Universidad de
Caracas, y que es, en su mayor parte, obra suya [en referencia
a Ernst]; pues á las colecciones legadas por el doctor Vargas,
ha reunido gran número de objetos valiosos; y los que es más
importante, ha clasicado y ordenado todos estos objetos de
manera que se facilita notablemente el estudio al investiga-
d o r.” (Villavicencio 1895 [1974: 233-234]).
Sin embargo, teniendo como horizonte de referencia
los hallazgos advertidos, el rol asignado por Villavicencio
admitiría otras lecturas y la posibilidad de barruntar al-
guna explicación para el mutismo. Posiblemente, el mu-
seo como idea sería tratado entre bastidores y bona de.
Debido, especulamos, a un excesivo apego de Ernst y a la
legítima condición de propulsor y portavoz singular del
proyecto. Así como presidente perpetuo del referido ate-
neo. Por otro lado, ese mutismo o ausente recepción pu-
diese evidenciar alguna falta de interés de los tertulianos
por ambos temas; siendo el foco de ilustración la observa-
ción y descripción vehemente de los hechos naturales. En
tanto, el diligenciar un proyecto implicaba, al menos, el
cultivo de nexos de conanza con el statu quo. Al parecer,
una actuación reservada solo para algún interlocutor sus-
tantivo o unos pocos. El MN en Venezuela no se originó
a partir del avance sostenido de las ciencias naturales o del
empuje de un vigoroso movimiento intelectual o cientí-
co (Texera Arnal 1995). En todo caso, el museo proveyó
de estímulo y estabilidad a la SCFN (Bruni Celli 1968:
8) y su proceso de cristalización responderá más bien a las
condiciones puntuales de un medio más pragmático que
axiológico.
Ernst y la Historia Natural
En referencia a este apartado, corresponden un manus-
crito provisional e inconcluso y al parecer inédito y dos
artículos en La Opinión Nacional (1880 y 1884). Aludien-
do el primero a las ciencias en la década de 1870-1880.
Veamos otros detalles, deteniéndonos de manera somera
en los trabajos aludidos. El manuscrito hológrafo no se
encuentra como texto pleno o parcial con mucha posibi-
lidad, en los trabajos compilados por Bruni Celli (Ernst
[1988]). Es fundamentalmente un texto corto sobre Bo-
tánica (morfología descriptiva) pero presenta una intro-
ducción con algunas líneas sobre el concepto de Historia
Natural (Ramos Guerrero 2016: 71). En la primera página
dice. Los cuerpos que vemos alrededor de nosotros son ó na-
turales ó artefactos: la existencia de los primeros no depende
del hombre; en los segundos interviene el trabajo humano.
(Subrayado fuera del texto). Dicho esto, el estudio de
los cuerpos naturales es el objeto de la Historia Natural;
distinguiendo la división canónica y tripartita de reinos:
mineral (propuesto por Carlos Linneo), vegetal y animal
(propuestos por Aristóteles). Y los atributos determinan-
tes de las entidades naturales, los minerales son “cuerpos
brutos, homogeneos en su sustancia y de duración ilimitada
o las plantas y animales en tanto son cuerpos organizados
(organismos) o cuerpos vivoscon órganos para las funcio-
nes de la vida: crecimiento y reproducción. A las cuales se
suman en los animales, las de la sensibilidad y la movilidad
(movimiento espontáneo). La siguiente página alude, con
brevedad, a la morfología descriptiva y luego se extenderá
en el órgano de la raíz. En términos amplios, el borrador
reeja, grosso modo, las resonancias del pensamiento bio-
lógico aristotélico.
El artículo de 1884 tiene por título “Guzmán Blanco
y la Historia Natural de Venezuela” (Ernst 1884 [1988]).
Acerca de la Historia Natural, más bien habla de sus posi-
bilidades. Sobre la base que ella constituye, asienta el lósofo
sus deducciones e inducciones más perfectas; ella abre a las
artes, a la industria y al comercio, los veneros de explotación
y de riqueza, hace brotar para el médico manantiales de sa-
lud, proporciona a todos un caudal de progreso, de felicidad,
o de bienestar, y fundirá con el tiempo, en los mismos crisoles,
campanas y cañones, para fabricar los instrumentos que nos
den la visión de lo invisible y nos faciliten la contemplación de
la inmensidad.Sin desperdicio como justicación del pro-
pósito utilitarista. Registrando, en otro renglón, las medi-
das presidenciales que estimularon el adelanto de las cien-
cias naturales. Esto es: la publicación de “…una innidad
de observaciones y pormenores correspondientes al asunto de
que tratamos…en la serie de los Apuntes Estadísticos. La
enseñanza de dichas ciencias y la creación del MN prin-
cipio y núcleo de cuanto en igual sentido se hiciera en años
Moreno
38
posteriores y con mayor peso especíco, el decreto de la
Exposición del Centenario o Exposición Nacional (1883).
Elogiada por Ernst como uno de los capítulos más signi-
cativos del Quinquenio; debido en gran medida, presumi-
mos, a un avasallante inventario de objetos expuestos y a la
profusión de asuntos y datos presentados en su momento.
“En una palabra: si nos fuere lícito tomar nuestra propia ex-
periencia, deberíamos confesar que más hemos aprendido de
la historia natural del país en la Exposición del Centenario,
que a veces en un año entero de nuestros estudios anteriores.
(Ernst 1884 [1988]).
El artículo del 27 de abril de 1880 (Ernst 1880 [1988])
lleva por título una pregunta retórica ¿Qué inuencia ha
ejercido la revolución de abril, década de 1870 a 1880,
en las ciencias? Cuyo trasfondo es la toma del poder por
el general Guzmán Blanco, con la cruenta ocupación de
Caracas (27 de abril de 1870) y derrota del gobierno pro-
visional de José Ruperto Monagas. En tono morigerado,
exaltará la cruzada de abril como precursora de la paz y el
sosiego (pacicación y estabilización política) y con ello,
un país encaminándose a “tendencias de un orden superior”.
Así pues, literatura, artes y ciencias cobrarán fuerza con el
concurso del presidente Guzmán Blanco. Añadiendo con
solvente humildad. “Podríase escribir un libro sobre esta
materia; pero nos limitaremos sólo a narrar a grandes rasgos
lo que las ciencias deben a este generoso impulso, y esperamos
que nadie tache nuestras palabras de importunas, puesto que
nos han tocado la buena suerte de haber sido, como lo somos
aún, uno de los obreros en el campo referido, y de los más
sinceros y entusiastas, aunque en una esfera modesta y muy
limitada.(Ernst 1880 [1988, IX: 597]).
De hecho, un trabajador puntilloso que tomará nota de
los logros en diferentes ciencias: en la del “derecho patrio
la codicación y recopilación legislativa o en los estudios
históricos, los 14 volúmenes de la historia de la vida públi-
ca del Libertador; las Memorias del General O`Leary y la
creación de una sección de Historia Patria en el Ministerio
de Fomento. En cuanto a las naturales, renglón aparte del
positivo y perfectible rumbo de la Universidad Central
como centro de instrucción cientíca, el establecimiento
del MN “…cuyas colecciones cientícas, aunque no muy ex-
tensas, comprenden ya multitud de objetos interesantes en
los diferentes ramos de la historia natural y otros del saber
humano.(Ernst 1880 [1988, IX: 599]). Ahora bien, Ernst
se inclina a reconocer como mayor logro los 30 tomos pu-
blicados por la Dirección de Estadística. Se trata de la serie
de Apuntes Estadísticos y el Primer Anuario Estadístico
de Venezuela. Un voluminoso y extenso repertorio de es-
tudios generales o especícos que excedía a los datos pro-
porcionados por la operación estadística de 1873 (primer
censo ocial de la población venezolana), incorporando
aspectos extra censales o siográcos de las entidades fede-
rales, a saber: hidrología, meteorología y biota entre otros.
Al parecer y no es en vano que tales apreciaciones es-
tablecen una clara correspondencia con las del presidente
Guzmán Blanco, quien calicaría en grado superlativo al
primer censo como obra inmortal y el mayor monumento
de su administración. De manera análoga, la denominada
Revolución de Abril será el proscenio para una epopeya
apócrifa. En el ideario revolucionario, esos hechos tra-
zan una neta divisoria de aguas o un antes y un después
para Venezuela. Díaz Sánchez (1969) lo describirá en los
siguientes términos. “En realidad lo que quiere [Guzmán
Blanco] es que la República se identique con él de tal for-
ma que nadie pueda diferenciarlos. El pasado no existe. El
presente y el porvenir están en él. Sería el comienzo de la pa-
tria en abril, si parafraseamos al autor citado. En cualquier
caso, solo será el accidente desencadenante del creciente y
envolvente protagonismo de Guzmán Blanco y del guz-
mancismo en el último tercio del siglo XIX.
Según Cappelletti (1994), Ernst era poco propenso a
los asuntos losócos, a las grandes síntesis o partidario de
la especulación. En ese sentido, es antes que nada y bási-
camente un botánico (campo predilecto de sus investiga-
ciones, Alfredo Jahn dixit). En tanto, Bruni Celli (1968)
expone que la SCFN fue de cierta manera y fundamental-
mente una sociedad botánica. Por otro lado, como queda
expuesto a lo largo de estas notas, Ernst cumplió a cabali-
dad el papel de un denodado publicista, apasionado guz-
mancista (González 2007: 30) o verdadero amigo, como
lo declara Ernst en una carta dirigida a Guzmán Blanco
(citado en Martín Frechilla 1999: 196). Lo cual, sirvió de
provecho en varios momentos, para endilgarle más de un
epíteto de grueso calado en los diarios venezolanos, como
el de charlatán u oráculo, por algún antagonista episódico
del guzmancismo. Empero, quedará patente a la postre, su
contribución capital en dos grandes líneas de trabajo inte-
lectual: la observancia y aplicación del método experimen-
tal; una vía de acceso para comprender la complejidad de
los fenómenos naturales o empíricos. Y con mayor especi-
cidad, en la esfera de los estudios biológicos la recepción
y diseminación de la selección natural (mecanismo axial
de la evolución) y el origen de las especies propuestas en
1859 por Charles Darwin (1809-1882). Propagadas por
Ernst desde la cátedra universitaria o la tribuna de la prensa
(Bigott 1995; Barreto 1994).
La deriva del MN
El Museo de Ciencias Naturales tiene una dilatada y mal
ponderada biografía cultural. Troquelada de algún modo
por el fortuito papel de depositario y albacea ab intestato
del MN y a sucesivos capítulos de disgregación: abandono
Cristalización del Museo Nacional de Venezuela
39
o parálisis; mudanzas; utilización de repositorios acciden-
tales; fragmentación y dispersión de fondos u otros (Vile-
ra Díaz 2012; González 2007). En suma, podríamos deli-
nearlo en benecio de un símil como un palimpsesto: una
institución que retiene o acumula evidencias tangibles de
su antecedente inmediato u originario y pervive a contra-
corriente de los cambios, forzosos y discretos, sobreveni-
dos tanto en el continente (sedes accidentales o denitiva)
como en el contenido (fondos). Una constante reescritura
que ha procurado borrar, alterar, conscar, reinterpretar
(o escamotear) con exiguo e insuciente conocimiento
de base la hechura de la institución. Exteriorizaremos una
condición que consideramos medular y plausible, subsu-
mida en su identidad per se: la asunción tácita del paradig-
ma enciclodico, advertido sin mayor rigor en el Direc-
torio de los Museos de Venezuela (CONAC 1989; 2002;
2005). Una condición que ha sido considerada como un
obstáculo, sobre todo, entre el museo y el conglomerado de
disposiciones y propuestas promovidas por funcionarios,
desde la circunstancial prerrogativa y la discreta gestión:
un singular y heteróclito conjunto ad hoc de prácticas e hi-
potéticas racionalizaciones acerca de la museología y expo-
grafía de las ciencias naturales. Emanado, en tiempos más
recientes, desde la extinta Fundación Museo de Ciencias
creada a nales del siglo XX y la Fundación Museos Na-
cionales, en plenas funciones desde el año 2005. Adscrita
al Ministerio del Poder Popular para la Cultura (Vicemi-
nisterio de Identidad y Diversidad Cultural).
Tal asunción no es tutelada por los proyectos expositi-
vos mostrados en el pasado; los del presente o los progra-
mados y en ciernes. Más bien, es sancionada por el tangible
hecho de resguardar o acopiar bajo un solo dosel institu-
cional bienes culturales vinculados con la especie humana
(Biología Humana o Antropología Física) y los procesos
culturales reconocidos por la Arqueología y la Etnografía;
con aquellos que tratan sobre la fauna (Zoología), tanto
de animales vertebrados como invertebrados (exóticos y
autóctonos) y extintos (Paleontología); junto a una diver-
sa muestra de rocas y minerales (Geología y Mineralogía).
Este hecho tiene una antigüedad de más de una centuria;
originándose tácitamente en el MN dirigido, en un lapso
de más de dos décadas, por Gustavo Adolfo Ernst y a una
puntillosa actividad por atesorar objetos de historia natu-
ral, pertenecientes a todos los reinos convencionales de
la naturaleza (res naturalia). Con objetos arqueológicos,
etnográcos e históricos (curiosa articialia). Modelando
al MN como un ecaz artefacto público de constatación.
Propincuo, por su heterogeneidad y disposición, al epí-
tome de totalidad que pretendía alcanzar un fascinante y
heteróclito gabinete de curiosidades o una cámara de ma-
ravillas.
En efecto, la intrahistoria institucional y la conforma-
ción de los acervos tienden a reconocer las modulaciones
de la gura nodal que llegaría a desempeñar. Y en fechas
más tardías, la primera mitad del siglo XX, en el proceso
venezolano de institucionalización y profesionalización
de la Zoología (Texera Arnal 2003) o la Antropología
(Arvelo-Jiménez & Biord 1990). Así como, la creciente
consolidación de campos cognitivos subordinados como
la Taxonomía y Sistemática de los mamíferos (Teriología)
o los reptiles (Herpetología); o en otra vertiente, el estudio
sistemático y cronológico de las poblaciones protocolonia-
les o prehispánicas y los pueblos amerindios; partiendo de
la descripción y elaboración de tipologías tanto arqueoló-
gicas como etnográcas, respectivamente. Sin profundizar
en el aporte sustantivo que ostenta en la percepción de los
visitantes y en una capacidad singular para proyectar desde
el espacio museal, algunos de los problemas vigentes que
afectan a la biosfera y la biota neotropical o propendiendo
a una visibilidad creciente de los pueblos indígenas como
segmentos raigales y diferenciados de la sociodiversidad
venezolana.
Consideraciones finales y perspectivas
Proponemos, el Museo Nacional es el resultado de una
red lábil donde llegan a imbricarse intereses supeditados
a una racionalidad meramente utilitaria: la construcción
de una base material y nanciera para el proyecto político
liberal guzmancista. Para esto, la república debería mostrar
en exposiciones internacionales su faz más afable, la cornu-
copia de recursos y potencialidades naturales. Frente a este
hecho tangible gravitará la modernización y la seculariza-
ción de los estudios universitarios, bajo la égida de nocio-
nes niseculares como progreso y civilización. Ernst supo
consignar y capitalizar tales funciones, sin menoscabo del
valor y locus cultural del MN; estableciendo las mediacio-
nes y subordinaciones congruentes con la personalidad y
el ejercicio omnímodo del poder del presidente Antonio
Guzmán Blanco.
Por otro lado y con idéntico peso especíco, subraya-
mos como fecha de creación del MN el 14 de julio de 1874
(Gaceta Ocial N° 299 de los Estados Unidos de Venezue-
la). A partir de ésta G. A. Ernst desarrollará un conjunto
de actividades que otorgan forma y contenido al decreto y
en consecuencia, la cristalización del Museo Nacional. El
28 de octubre de 1875 corresponde al episodio público y
formal de apertura, subsumido en una esta cívica (la Fes-
tividad Nacional del 28 de octubre).
Solo hemos trazado algunas líneas de desarrollo que
consideramos relevantes, pero no denitivas o denitorias,
en la materialización del MN. Tiene cabida la necesidad
de ajustar, ampliar o repensar los procesos implicados y
Moreno
40
de manera más puntillosa, la conguración y deriva de las
colecciones. Para continuar, en lo que podríamos denomi-
nar el albaceazgo del Museo de Ciencias y en las distintas
facetas de su propia biografía institucional. En cuanto a las
fuentes, es una tarea impostergable la lectura y pondera-
ción de una mayor cantidad de informes, correspondencia
y otros papeles en distintos archivos o repositorios. Tal vez,
frente a estas cuestiones sea necesario apelar a una pretérita
buena práctica … y termino con la sagrada formula de la
clásica Roma: Quod bonum, faustum, felix fortunatumque
sit! He concluido.(Ernst 1875 [1988]).
AGRADECIMIENTOS
Si bien algunas de las ideas expuestas tuvieron el be-
necio de la interlocución con Evelyn Ramos G., Bianca
A. Hernández y Armando Gagliardi, cualesquiera error u
omisión debe imputarse a nuestro punto de vista sobre el
tema. Agradezco a dos revisores anónimos seleccionados
por la ocina editorial de Anartia, por sus lecturas críticas
y ajustes de estilo a este trabajo.
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