ANARTIA, 27 (“2015” 2018): 71 - 74
ISSN: 1315-642X
Recensiones
RamíRez PéRez, Jaime. 2012.
Diccionario entomológico venezolano.
[1ª ed.]. Caracas: Ediciones IVIC, 350 pp. + [ii]
En la compleja tarea de co-
nocer la lengua resulta muy deter-
minante, además del seguimiento
de las voces que pertenecen a los
ámbitos coloquiales, familiares,
populares, jergales y dialectales,
no descuidar el conjunto amplí-
simo de posibilidades léxicas que
tienen su origen en las distintas
disciplinas y actividades cientí-
ficas y profesionales. Estas, a su
vez, se entienden como relato le-
xicográfico paralelo de igual nú-
mero de actividades y disciplinas
que se originan en los terrenos
de la técnica y la ciencia y que
la teoría lexicográfica reúne bajo
el rótulo de lo tecnolectal. Zona intermedia entre la terminología
dura de una especialidad y el desplazamiento de algunas palabras
a la lengua general, señalan la importancia que para una sociedad
tienen los asuntos relacionados con ese universo enorme de ocupa-
ciones que marcan inequívocamente el ascenso humano. En otras
palabras, reviste capital interés el conocimiento de las voces de téc-
nica o ciencia como espejo de los progresos que una comunidad
concreta de hablantes tiene con determinados campos de acción de
la ciencia. La lexicografía moderna como actividad descriptiva del
Pérez
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léxico de una lengua estima sobremanera todos aquellos textos que
se ocupan de materias tan cruciales y de difícil estudio.
Como respuesta a toda esta situación de interés por el lenguaje
de la ciencia son muchos los trabajos que en el campo de las cien-
cias naturales en Venezuela han alcanzado impacto en el estudio
general de la lengua. Me refiero, en primer lugar, no tanto a los
trabajos que exploran una disciplina terminológicamente (el léxico
erudito de una ciencia), sino a aquellos que señalan el impacto que
el léxico técnico de una disciplina ha tenido en la lengua general del
país (el léxico popular de una ciencia). Algunos de estos estudios,
está claro, se mueven en una zona de contacto que reúne con des-
treza encomiable un léxico y otro y cuando eso se logra estamos en
presencia de un saldo de cultura de gran aprovechamiento para la
comprensión del país. Ejemplos más que virtuosos de esto último
podrían estar referenciados en las obras de Henri Pittier (Manual de
las plantas usuales de Venezuela, 1926), Eduardo Röhl (Fauna descripti-
va de Venezuela, 1942) y Francisco Tamayo (Léxico popular venezolano,
1977), por nombrar solo tres cumbres altísimas de entre la extensa
cordillera de nuestras ciencias naturales.
Partícipe de los aportes de la terminología, asunto de léxico
erudito, y de la lengua general, asunto de léxico popular, se pre-
senta hoy el Diccionario entomológico venezolano (Ediciones IVIC,
2012), de Jaime Ramírez Pérez. En el prólogo, escrito por el doc-
tor Ángel L. Viloria, ex director del Instituto, podemos leer, se-
guido de la extensa y significativa bibliografía del autor, que “este
diccionario está llamado a ser el texto modelo de su especialidad
no sólo en Venezuela sino también en el resto de América Latina”.
Y esto es así por la condición de obra singular y por los muchos
méritos que exhibe: sapiencia científica, estructura funcional, des-
cripción técnica y aprovechable también para el lego, acopio de
terminologismos, recuperación de nombres comunes de especies,
bibliografías, apéndices ilustrados. Así enumerados, se impone de-
tallar estos logros.
Su condición de obra singular exhibe un conjunto de cuali-
dades entre las que deberían enumerarse la sapiencia científica so-
bre la que descansa la obra, la estructura funcional que la respalda,
la descripción técnico-general que piensa tanto en el usuario lego
como en el erudito, el acopio notable de terminologismos, cultismos
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y coloquialismos zoonímicos, la recuperación de nombres comunes
de especies y los aparatos referenciales y documentales apropiados;
todas hacen de este trabajo uno de importancia más que capital para
la comprensión de este sector de nuestro léxico natural.
El corpus general da cuenta profusa de voces habituales
para el dominio técnico de esta subdisciplina que constituye par-
cela con títulos propios en el estudio de la fauna invertebrada
en lectura general de la disciplina. Es por ello que nos tropeza-
mos con términos como abscisa (cualquier sección o segmento
diferenciado de una nervadura alar), bigutado (que exhibe dos
puntos en forma de gotas sobre el mesonoto), cóndilo (proceso
articular redondeado de los apéndices de artrópodos), dististipe
(extremidad distal del estipe), monotelia (hembra fertilizada por
varios machos), prosteca (cara ventral del protórax), rostriforme
(que tiene forma de pico), sumación (acumulación de los estímu-
los aplicados a una fibra nerviosa o muscular), zoolito (fósil de un
animal), entre tantísimos que componen buena parte del caudal
léxico explicado en este diccionario. Distanciado de estas vo-
ces se encuentra otro sector igualmente rico referido a palabras
frecuentes en la lengua común del país para designar especies
animales y a otras voces relacionadas. Algunas muy destacadas
dentro del repertorio podrían ser unidades tan prototípicas de lo
que los insectos significan en nuestra representación de la rea-
lidad como la voz bicho (nombre común de cualquier insecto)
y, como se sabe, modo insultante hacia una persona a la que
desprecia por su carencia de buenas cualidades. El repertorio
va ganando en entidad gracias a voces como chiripa (nombre
común de la pequeña cucaracha doméstica Blatella germanica),
dengue (nombre común de una enfermedad aguda febril, de ori-
gen vírico, análoga a la gripe y transmitida por los mosquitos
Aedes aegypti y A. albopictus), jején (diminuto mosquito negro,
común en las costas del litoral), mosquitero (pabellón de cama
hecho de tul o gasa, para impedir el acceso de los mosquitos du-
rante el sueño), nigua (nombre vulgar de Tunga penetrans, cuyas
hembras depositan sus crías debajo de la piel del hombre y de
algunos otros mamíferos, provocando intensa irritación y úlce-
ras graves), zancudo (cualquier especie de mosquito hematófago
de patas largas).
Pérez
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Obra altamente recomendable para el estudio del lenguaje
zoológico venezolano y para el conocimiento del léxico criollo.
Muy necesaria para todo el que quiera entender cuánto y cómo
los insectos y sus nombres resultan significativos en la vida de los
hombres. El segmento venezolano queda, entonces, virtuosamente
esclarecido.
Francisco Javier Pérez*
* Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) Real Academia
Española Calle Felipe IV, No 4, Madrid, España.
Correo electrónico: franciscojavierperezh@gmail.com