
Pérez
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léxico de una lengua estima sobremanera todos aquellos textos que
se ocupan de materias tan cruciales y de difícil estudio.
Como respuesta a toda esta situación de interés por el lenguaje
de la ciencia son muchos los trabajos que en el campo de las cien-
cias naturales en Venezuela han alcanzado impacto en el estudio
general de la lengua. Me refiero, en primer lugar, no tanto a los
trabajos que exploran una disciplina terminológicamente (el léxico
erudito de una ciencia), sino a aquellos que señalan el impacto que
el léxico técnico de una disciplina ha tenido en la lengua general del
país (el léxico popular de una ciencia). Algunos de estos estudios,
está claro, se mueven en una zona de contacto que reúne con des-
treza encomiable un léxico y otro y cuando eso se logra estamos en
presencia de un saldo de cultura de gran aprovechamiento para la
comprensión del país. Ejemplos más que virtuosos de esto último
podrían estar referenciados en las obras de Henri Pittier (Manual de
las plantas usuales de Venezuela, 1926), Eduardo Röhl (Fauna descripti-
va de Venezuela, 1942) y Francisco Tamayo (Léxico popular venezolano,
1977), por nombrar solo tres cumbres altísimas de entre la extensa
cordillera de nuestras ciencias naturales.
Partícipe de los aportes de la terminología, asunto de léxico
erudito, y de la lengua general, asunto de léxico popular, se pre-
senta hoy el Diccionario entomológico venezolano (Ediciones IVIC,
2012), de Jaime Ramírez Pérez. En el prólogo, escrito por el doc-
tor Ángel L. Viloria, ex director del Instituto, podemos leer, se-
guido de la extensa y significativa bibliografía del autor, que “este
diccionario está llamado a ser el texto modelo de su especialidad
no sólo en Venezuela sino también en el resto de América Latina”.
Y esto es así por la condición de obra singular y por los muchos
méritos que exhibe: sapiencia científica, estructura funcional, des-
cripción técnica y aprovechable también para el lego, acopio de
terminologismos, recuperación de nombres comunes de especies,
bibliografías, apéndices ilustrados. Así enumerados, se impone de-
tallar estos logros.
Su condición de obra singular exhibe un conjunto de cuali-
dades entre las que deberían enumerarse la sapiencia científica so-
bre la que descansa la obra, la estructura funcional que la respalda,
la descripción técnico-general que piensa tanto en el usuario lego
como en el erudito, el acopio notable de terminologismos, cultismos